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Sensores ‘contactless’ y controles de temperatura: así será la vuelta a los gimnasios

Segunda entrega de la trilogía sobre la nueva realidad de los centros deportivos, en la que te contamos cuáles serán las medidas de higiene y seguridad que te esperan

Durante los meses de confinamiento, ha habido quien no se ha quitado el pijama ni para bajar la basura, quien no ha dejado de hornear pan y quien ha sudado la camiseta cada día con los vídeos de YouTube. Mientras tanto, el coronavirus ha puesto en jaque a los gimnasios, pero no solo porque muchas personas han llegado a la conclusión de que hacer ejercicio en casa es bueno, bonito y gratuito. Al parecer, el virus se siente más que a gusto en estos espacios, llenos de superficies a las que adherirse y de personas que rezuman fluidos por cada poro de la piel. Por eso, los centros extreman las medidas de higiene con las que evitar rebrotes.

Aunque no lo parezca, los movimientos que se hacen en los gimnasios son pocos y lentos; nada que impida las rutinas de precaución necesarias. El mayor riesgo está en las clases colectivas. La solución: reducir el aforo —y, por ende, la posibilidad de roce—, y acortar las clases para que dé tiempo a desinfectar entre cada una de ellas. Les Mills ya está diseñando coreografías en las que haya que cruzarse menos y se trabaje más sobre el sitio. Los que disponen de solárium o áreas al aire libre (pistas de pádel, golf…), las han habilitado como salas de musculación o ciclismo. La propia evolución de la pandemia determinará si los monitores pueden tocar o no para corregir posturas.

En cuanto a cómo implementar una afluencia escalonada, unos apelan al sentido común para evitar las horas punta y otros, a establecer turnos por apellidos o la reserva previa hasta para usar una cinta de correr. “Tenemos un horario muy amplio, de 7:00 a 23:00. Pero si fuera necesario aumentarlo por demanda de los clientes, o por dar servicio a más personas, lo haríamos”, asegura Rafael Cecilio, director de la cadena Dreamfit.

Limpios, no: limpísimos

En China ya han vuelto a la carga. Con restricciones, claro. En un webinar para IHRSA (la asociación internacional de centros deportivos), Colin Grant, director de Pure Fitness Hong Kong, explicaba cómo lo hacen: “Cada vez que se usa una máquina o instrumento, se limpia. Hay numerosos puestos con gel hidroalcohólico y hemos empleado muchos recursos para concienciar a empleados y clientes del uso de mascarilla y desinfectante de manos”. Una opción para simplificar la limpieza es eliminar las esteras o que, como en las clases de yoga, cada uno se lleve la suya (y la desinfecte después).

Si vas ya calzado de casa, tendrás que liberar tus zapatillas de virus al entrar, vaporizando la suela con alguna solución higiénica. En los centros Brooklyn Fitboxing, además de separar los sacos de boxeo a la distancia reglamentaria y llenar el local de dispensadores de gel hidroalcohólico, han cancelado los ejercicios de suelo (entre round y round se hacen unos minutos de entrenamiento funcional de movilidad y fuerza) y eliminado, por el momento, el uso de gomas, balones y esterillas. Todas, las del centro y las de los usuarios, explica María Luisa Sánchez-Ocaña, directora del centro de la calle Costa Rica, en Madrid.

Los responsables de Netsport, empresa especializada en limpieza de centros deportivos, estiman que el virus SARS-CoV-2 puede vivir hasta dos días en superficies de madera como la sauna; una semana sobre superficies de plástico, como las colchonetas y los asientos de las máquinas de pesas, y más de siete días sobre el acero como el de las mancuernas y las barras. La bayeta y la fregona con lejía son sus archienemigas, pero la tecnología acelera y simplifica el proceso: las máquinas de luz ultravioleta tipo C ya funcionan en los quirófanos, aniquilando la capacidad genética que tienen los microorganismos patógenos para replicarse en menos de 15 minutos. Pero puede ocasionar graves quemaduras en la piel y los ojos, por lo que se usa por control remoto y en salas cerradas, y es difícil que la luz llegue a todos los rincones. Los centros Studio Boutique Veevo ya lo han contratado.

En las zonas de entrenamiento cardiovascular la estrategia para mantener los dos metros de distancia pasa por separar los aparatos, siempre que haya espacio. Si no, alternar su uso. Lo que está prácticamente descartado son las mamparas de metacrilato vistas en Hong Kong. “Es una guarrería llenar un gimnasio o un restaurante de pantallas, ¿quién las va a frotar de forma constante para garantizar que estén limpias y desinfectadas?”, declara rotundo el director de Dreamfit.

Cuanto menos te toques, mejor

Poner el pie en un centro deportivo será como entrar en Matrix. Adiós a los tornos y al reconocimiento por huella digital. Llegan los sensores contactless, puertas que se abren al reconocer un dispositivo… Y nada de entrenar con décimas de fiebre: habrá que franquear controles que confirmen que no hay covid-19. “ThermoHuman usa la termografía por infrarrojos para evaluar el calor corporal de manera fácil y automatizada. Hemos desarrollado un software que detecta si hay una persona con elevada temperatura en un sistema continuo de vídeo”, explica Adrián Carrió, jefe de tecnología de este proyecto, que ya se aplica para identificar posibles afecciones en deportistas de élite. Más complejo es Healthcare Station, una especie de arco diseñado por la española Crambo, que analiza en cuestión de segundos el oxígeno en sangre, la frecuencia cardíaca y la fiebre.

Si estás sano, pasarás. Pero olvídate de ir a tu aire. Los aforos se van a limitar al 30% o el 50%, y habrá que mantener el distanciamiento físico. Sistemas como Soocial Distance, de Nothingbutnet, registran en tiempo real el movimiento y posición de cada usuario (que no la imagen, para preservar la intimidad). En recepción se entregaría a los clientes una especie de tarjeta identificativa, como las de fichar en la oficina, y el software le irá diciendo al gerente del centro si en un determinado momento hay demasiada afluencia en la zona de peso libre o no se respeta la distancia en la de las presas para piernas. Esta tecnología también permite controlar el aforo y gestionar el tiempo de espera para poder acceder a una determinada zona o máquina.

Toda esta información también interesa como cliente para decidir a qué hora ir al gimnasio o si en un momento concreto hay tal cola que es mejor entrenar en casa. Trainingym monitorea el aforo de cada centro en tiempo real en las clases colectivas, la piscina y la sala de fitness. Permite reservar clases y ofrece la alternativa de entrenamientos online, con rutinas personalizadas para cada cliente por si prefiere hacerlo por su cuenta. Se perfila como una alternativa económica para pequeños centros sin capacidad para desarrollar sus propias aplicaciones, grabar entrenamientos y mantener la fidelidad del usuario.

En caso de ir sin reserva, prepárate: puede haber colas. Su gestión va a demandar, en palabras de Paul Foster, director de One Plan, empresa dedicada al control y distribución de personas en grandes aglomeraciones, “tiempo, espacio e información. Ya no va a ser llegar y entrar. Hay que pensar que el acceso se puede demorar”. Que se respeten los dos metros de distancia social en la cola implica contar con espacio alrededor del local, lo que es fácil para gimnasios con aparcamiento o en centros comerciales, pero se convierte en una complicación si los clientes deben permanecer en la vía pública.

“La información será un servicio complementario para hacer la espera más agradable a través de tutoriales, videoconsejos o posts exclusivos para los clientes a través de una app”. Una vez dentro, no te sorprendas si la clase de Sh’baam te la da un profesor virtual. Telegim, hasta ahora especializado en spinning virtual para los centros de wellness en hoteles, ya ofrece walking, abdominales, estiramientos, GAP (glúteos, abdomen y piernas), tono, pilates, yoga, step, combat (lucha sin contacto), aerobic y boxing.

Lee este y otros reportajes en el nuevo número de BUENAVIDA, que puedes descargar, gratis, en este enlace.

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