El Dorado, el aeropuerto del descontento en Colombia

Varias autoridades critican los controles en el terminal por el cual ingresó el 80% de los casos de coronavirus al país andino

Tres pasajeros utilizan cubrebocas en el aeropuerto de El Dorado, este lunes, en Bogotá.
Tres pasajeros utilizan cubrebocas en el aeropuerto de El Dorado, este lunes, en Bogotá.JUAN BARRETO (AFP)

En el aeropuerto El Dorado de Bogotá el ambiente se siente denso, casi nadie quiere respirar. Por esta terminal han ingresado a Colombia al menos el 80% de los casos de coronavirus confirmados en el país y las críticas a los controles relajados circulan por las redes sociales de miles de viajeros. La imagen, como en muchos aeropuertos del mundo, parece la de un libro de ciencia ficción: ojos desconfiados detrás de tapabocas. Máscaras sencillas compradas al paso –y que ya estaban agotadas desde hace al menos un mes– o más sofisticadas que cubren el miedo a la pandemia. Gente arrastrando sus maletas evitando acercarse mucho a los demás.

Un grupo de hondureños, varado en la terminal, va de ventanilla en ventanilla buscando soluciones para volver a su país. Otro de mochileros se reúne afuera de la oficina de Migración. En la sección de cambios de vuelo hay filas. En Colombia, este domingo, el gobierno restringió el ingreso de extranjeros de todos los países y aislamiento obligatorio para los nacionales y residentes recién llegados. En otro lado, un romántico en tiempos de pandemia carga un ramo de flores y observa las llegadas de vuelos. Un camarógrafo lanza un beso a la distancia por debajo de su tapabocas. Y la ministra de transporte, Ángela María Orozco, seguida por un séquito de funcionarios de chaleco, atraviesa el terminal para verificar si han mejorado los controles que son duramente criticados.

Controles insuficientes

“Veníamos diciendo hace dos semanas que debíamos tener un control absoluto a los extranjeros y colombianos que estaban en el exterior en los países de riesgo”, denunció el procurador Fernando Carrillo, cuya entidad investiga a los funcionarios públicos. Y fue aún más fuerte: “No por tratarse de una concesión privada se puede eludir la responsabilidad que tienen los privados en un servicio público como este. Si son incapaces de fortalecer los controles para evitar que la puerta de entrada en el 80 por ciento de los casos que ingresaron por ahí entonces que cierren el aeropuerto El Dorado”. Las mismas críticas de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, que dijo que si al gerente “le queda grande (el aeropuerto), que nos lo devuelva”.

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Hace apenas unos días, cuando se confirmó el primer caso en Colombia, ni funcionarios de aerolíneas ni la empresa que administra el aeropuerto entregaba información a viajeros nacionales. Afirmaban que los controles eran solo para extranjeros. Tampoco se limpiaban las pantallas y otras superficies. Este lunes, sin embargo, ya se veían empleados con tapabocas, se cerraron los bebederos de agua y había más jabón en los baños. Adentro, como contó un viajero argentino que voló desde Cartagena e hizo escala en Bogotá, les hicieron llenar un formulario donde preguntaban si tenían síntomas y llamaban aparte a aquellos que respondían afirmativamente. “Al bajar del avión nos hicieron tomar distancia de uno a dos metros entre todos, había unas cámaras, que creo, miden la temperatura y no más que eso”, contó.

Si bien desde hace semanas el propio presidente Iván Duque se había mostrado verificando los controles a extranjeros en el área de Migración, estos no funcionaron. Después del recorrido, la ministra de transporte tuvo que admitir que había fallas. Duque defendió diciendo que “es casi imposible en un punto de control de aeropuerto detectar de manera inminente un portador” y que su gobierno ha sido unos de los primeros en incluir preguntas de control y tomar temperatura, así como obligar a extranjeros a la cuarentena obligatoria.

La restricción total a los extranjeros comenzó el lunes pero el gobierno aún no ha suspendido los vuelos desde Europa y continúan las operaciones de retorno de todas partes del mundo. Por eso en El Dorado seguían llegando vuelos y había pasajeros confundidos. Al final del lunes, el gobierno ordenó el cierre de fronteras terrestres y fluviales pero se mantuvo en las aéreas. Por ahora, la imagen de los tapabocas, el miedo y la distancia se seguirá viendo en El Dorado.

Sobre la firma

Catalina Oquendo

Corresponsal de EL PAÍS en Colombia. Periodista y librohólica hasta los tuétanos. Comunicadora de la Universidad Pontificia Bolivariana y Magister en Relaciones Internacionales de Flacso. Ha recibido el Premio Gabo 2018, con el trabajo colectivo Venezuela a la fuga, y otros reconocimientos. Coautora del Periodismo para cambiar el Chip de la guerra.

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