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‘Caso Nadia’: la niña ni iba a morir ni necesitaba tratamientos caros

Los forenses descartan ante el juez que la vida de la menor corriera peligro y que pudiera recibir tratamientos genéticos

Fernando Blanco y Margarida Garau, padres de Nadia, este lunes en el juicio.
Fernando Blanco y Margarida Garau, padres de Nadia, este lunes en el juicio.

Nadia Nerea es la protagonista ausente del caso que lleva su nombre. La menor, que ahora tiene 14 años, sufre una de las llamadas enfermedades raras, tricotiodistrofia. Según la investigación, sus padres exageraron esa dolencia para recaudar cientos de miles de euros y vivir a costa de las donaciones. Fernando Blanco, el padre, explicó en programas de televisión que la vida de su hija corría peligro y que necesitaba someterse de forma urgente a carísimos tratamientos. Nada de eso es cierto, según han corroborado este miércoles en la Audiencia de Lleida los forenses que examinaron el caso.

Las conclusiones de los médicos son demoledoras y suponen un nuevo golpe a la estrategia de defensa de Blanco, que afronta una petición de seis años de cárcel y se empeña en mantener su versión. El primer diagnóstico de tricotiodistrofia se perfiló al mes de nacer la niña. Ya entonces se informó a los padres de que no existía tratamiento y que solo se podían combatir los síntomas. Nadia sufrió, de entrada, “alteraciones cutáneas y oftalmológicas”, ha explicado una forense del Instituto de Medicina Legal de Lleida. Para ello se le recetó “vaselina líquida y aceites y algún tipo de pomada”, ha declarado la experta que ha revisado el expediente.

La tricotiodistrofia tiene otras consecuencias, como una “alteración del lenguaje en el contexto de inteligencia límite” y, con el tiempo, “trastorno de hiperactividad”, que le fue detectado a la niña en Navarra en 2010, un año después de que los padres activaran una asociación sin ánimo de lucro para recaudar fondos.

A preguntas del fiscal, la forense ha descartado de forma rotunda que Nadia fuese a morir de inmediato: “Revisada la documentación, no hay ningún riesgo vital inminente para la niña”. La experta ha admitido que Nadia está más predispuesta a sufrir infecciones y que, como en todas las enfermedades de tipo genético, “hay más mortalidad en los primeros años de vida”. En el expediente médico de la menor, sin embargo, no constan ingresos hospitalarios en todos los años en que sus padres recorrían los platós de televisión, salvo atenciones por “temas ambulatorios” como otitis, diarreas o alguna neumonía.

Blanco asegura que viajó con Nadia en diversas ocasiones a Houston (EE UU) para someterle a innovadores tratamientos de tipo genético en clínicas de primer nivel. La realidad de esos viajes ya fue puesta en duda el martes por los Mossos d'Esquadra, porque el acusado ni siquiera tenía pasaporte y porque los nombres de los hospitales que facilitó no existen.

Los forenses han ratificado esas dudas. “Del hospital de Houston yo no tengo nada”, ha explicado la doctora. Tras ella ha declarado Jordi F., que fue responsable del hospital de La Seu d'Urgell, en la comarca a la que los padres se fueron a vivir en 2013. “Llamamos a algunos centros de Houston y no encontramos ninguna evidencia de que estas terapias génicas funcionaran o existieran”.

La acusación ha puesto el dedo en la llaga con la naturaleza de esas supuestas intervenciones. Blanco explicó, en su declaración, que los médicos de París y Houston —entre otros lugares del extranjero— extraían genes de la nuca de la menor, los modificaban y se los volvían a introducir para “mejorar su calidad de vida”. La forense ha descartado esa posibilidad. “La terapia genética es experimental y teórica, en un futuro a lo mejor se puede alterar un gen e introducirlo en un embrión. Pero no en una persona formada donde ya está todo el código genético expresado”.

Jordi F. ha detallado que el pediatra de Nadia en La Seu d'Urgell pidió a Blanco los informes médicos sobre la tricotiodistrofia. El padre se negó a entregarlos. “Nos sorprendió porque no es lo habitual. Lo normal es que los padres vengan y te expliquen los síntomas. Le pidió la información varias veces”.

El responsable del hospital de La Seu d'Urgell hizo retirar una hucha que se había instalado en el centro para recaudar fondos ante la falta de pruebas. “Algunos me decían que por qué hacía eso si la niña estaba muy malita, pero otros me hablaban de que la familia llevaba un ritmo de vida demasiado alto”.

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