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Presupuestos y referéndum entierran el diálogo entre el Gobierno y Generalitat

No está claro si el Ejecutivo va a volver a sentarse y si el independentismo va de farol. La solución, antes del miércoles

Quim Torra, a su salida del centro penitenciario de Soto del Real.
Quim Torra, a su salida del centro penitenciario de Soto del Real.

Autodeterminación y Presupuestos Generales del Estado. En nombre de un vago concepto y del concreto proyecto de ley, el Gobierno central y la Generalitat se han lanzado ultimátums y han dado prácticamente por rotas las negociaciones. Los órdagos continuos del independentismo, que dobla apuestas a mitad de partida, y el miedo escénico del Ejecutivo central, que tendrá hoy en la calle a la derecha y al nacionalpopulismo manifestándose en su contra, han hecho que el Gobierno de Pedro Sánchez se levante de la mesa. No está claro si va a volver a sentarse para acabar la partida, ni si el independentismo va de farol. La solución debe ser antes del próximo miércoles.

La escalada comenzó el pasado lunes, cuando Esquerra Republicana anunció su enmienda a la totalidad a los Presupuestos que se formalizó el martes. Nadie esperaba que el partido de Oriol Junqueras, el paladín del pragmatismo en el campo independentista, fuera el primero en dar el paso para impugnar las cuentas. El portavoz de ERC, Joan Tardà preguntó a la dirección y recibió luz verde del partido. Inesperadamente se anticipó a sus compañeros de viaje soberanistas. En el juego de no quitar ojo al retrovisor para comprobar si el coche de Waterloo se aproxima demasiado, Esquerra decidió apretar el acelerador.

Ante el órdago republicano, los socialistas también movieron ficha. El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, avanzó en la mañana del martes que había luz verde para crear la figura del relator en las negociaciones de la mesa de partidos, lo que fue confirmado por la tarde en el Senado por la vicepresidenta Carmen Calvo.

Había que evitar que el PDeCAT presentara su enmienda a los Presupuestos. El acuerdo parecía cercano entre el Gobierno central y la Generalitat. Pero llegó la tormenta política. La figura del relator llevó a la derecha y al nacionalpopulismo a anunciar una gran movilización para hoy domingo, mientras algunos barones socialistas aireaban públicamente sus discrepancias, lo que ya se ha convertido en tradición crítica en el PSOE bajo el liderazgo de Pedro Sánchez. El pánico escénico se apoderó de los negociadores socialistas y entre las filas independentistas reapareció a media semana la reivindicación de que en la negociación debía abordarse la autodeterminación.

Llegó el viernes y los neoconvergentes del PDeCAT presentaron su anunciada enmienda a la totalidad de los Presupuestos. Todo el mundo sabía que el puigdemontismo no sería menos que Esquerra y exigiría un pequeño derramamiento político de sangre para mantener el honor, como la escenografía pontificia le obligó a hacer al papa Pío IX cuando los garibaldinos asomaban sus cañones por la Porta Pía de Roma.

Con la derecha inflamada de patriotismo y las críticas en el interior del partido, el Gobierno central también optó por honra sin barcos y la vicepresidenta del Ejecutivo, Carmen Calvo lanzó el ultimátum: o ahora se acepta el documento de bases para el diálogo o no hay negociación que valga. “No podemos dar muchas más vueltas sobre un referéndum de autodeterminación que es inaceptable”, subrayó el viernes Carmen Calvo, que durante toda la semana había intentado que ERC retirara su enmienda a totalidad los Presupuestos y que el PDeCAT no presentara la suya. Sorprendido por el fuego cruzado del independentismo vetando sus cuentas y la derecha acusándole de traición, el Gobierno de Pedro Sánchez había dado el puñetazo sobre la mesa.

“Si el documento de bases para el diálogo se hubiera presentado sin ultimátum hubiera habido acuerdo”, subrayan fuentes de la dirección del PDeCAT. Gesticulaciones a parte, el texto hecho público por Calvo es lo suficientemente laxo como para permitir el encaje de las peticiones independentistas. Los integrantes de la mesa pueden ser de los ámbitos territoriales “estatal y catalán”, según el texto. O sea, da cabida a la reivindicación del PSOE (partidos catalanes) o a los soberanistas (partidos estatales). El segundo punto fija el papel del relator para dar fe de los acuerdos. El tercero hace hincapié en la transparencia y la comunicación permanente. El cuarto fija que la fecha para la constitución de la mesa se establecerá antes de fin de mes. “En la mesa de partidos cada uno de los participantes planteará sus propuestas de resolución y proyecto político, con total libertad, sobre el futuro de Cataluña con el fin de consensuar una propuesta política y democrática”, arrancaba el preámbulo de la mesa de partidos: o sea que no se vetaba hablar de autodeterminación, se fijaba un relator y se daba cabida a partidos tanto de ámbito español como catalán.

Que la autodeterminación aparecería y desaparecería como al Guadiana estaba perfectamente asumido por los socialistas. Que los independentistas iban a jugar el órdago de los Presupuestos era absolutamente previsible. Lo que no se valoró suficientemente eran los daños en el fuselaje de la nave gubernamental por el fuego amigo del mismísimo PSOE contra la figura del relator.

Pero para que la negociación desencallase era preciso cometer alguna “traición”, en términos de la derecha española. “Veremos muchas cosas extrañas, pero o se negocia o se aplica el artículo 155 de la Constitución a perpetuidad”, apuntan fuentes soberanistas. “Pensar que dos millones de votantes independentistas van a desaparecer de la noche a la mañana es absurdo; como tampoco lo van a hacer los dos millones de catalanes que no lo son”, aseguran fuentes socialistas. La solución antes del miércoles.

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