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ANÁLISIS i

El gesto de Junqueras que nunca llega

Sánchez da un giro que abre la puerta a las elecciones a la espera de un cambio 'in extremis' del independentismo que salve el espíritu de la moción de censura

FOTO: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, este miércoles, en el Congreso de los Diputados. / VÍDEO: Fragmento de la intervención del presidente.

El Congreso vive la agonía del espíritu de la moción de censura. La petición de la fiscalía de 25 años para Oriol Junqueras y otros presos independentistas abrió el primer gran boquete en la nueva mayoría, y el fracaso del PSOE y Podemos en las elecciones andaluzas parece haber dado la puntilla a esta etapa política inédita en la historia de España.

En teoría, a nadie le interesa acabar con esta mayoría. Lo dijo claro Aitor Esteban, portavoz del PNV, el partido que fue clave para echar a Mariano Rajoy. “Vienen tiempos oscuros”. Ni el PSOE, ni Podemos, ni el PNV, ni PDeCAT ni ERC quieren ir a elecciones anticipadas. Y menos en este ambiente que podría devolver a la derecha al poder si suman PP, Ciudadanos y Vox como en Andalucía.

En los pasillos del Congreso, diputados de todos estos grupos expresaban la tristeza de estar ante el principio del fin de la moción de censura. Por eso en todos los discursos había una última llamada a salvar la mayoría. “Aún estamos a tiempo”, le dijo Joan Tardà a Sánchez. Carles Campuzano pidió volver al espíritu de la moción de censura para “no dar el triunfo a Vox”. Y Esteban pidió un último impulso para sacar adelante los Presupuestos. Todos claman contra la muerte de esta nueva mayoría, pero nadie parece tener capacidad para impedir que se disuelva definitivamente en el camino hacia las elecciones anticipadas.

Si la sesión del Congreso, con el duro discurso de Sánchez contra el independentismo, sirvió para escenificar ese cambio de rumbo, la celebración del Consejo de Ministros el 21 en Barcelona puede ser, según temen miembros del Gobierno, el día de la ruptura definitiva si los independentistas humillan al Ejecutivo con un gran boicot.

En el Gobierno siguen esperando un gesto de Oriol Junqueras, el líder de ERC. Que tome el mando, muestre el pragmatismo que todos le suponen e impida que Quim Torra, al que el Ejecutivo ve ya como el instrumento más útil para ayudar al PP y Ciudadanos, sea el gran protagonista de la escena. Pero ese giro no llega. Y Sánchez, presionado por unos barones y alcaldes socialistas que temen que Cataluña se los lleve a ellos también por delante en mayo, ya no tiene más margen.

Los ministros trasladan en privado un agotamiento total. Lo han intentado todo para apaciguar Cataluña, ha habido 22 reuniones de alto nivel con la Generalitat, pero Torra, Gabriel Rufián y otros protagonistas de las posiciones más duras “le hacen la campaña cada día al PP y a Ciudadanos”, señalan. Y mientras, los independentistas insisten en que nadie puede pretender moderación cuando sus líderes están en la cárcel y algunos en huelga de hambre.

Todos apelan a sus razones, pero el resultado es que la mayoría que dio un giro a la política española y cambió centroderecha por centroizquierda está al borde de la quiebra. Sánchez, que dice que él mismo es una prueba de que hay que resistir hasta el final porque todo puede cambiar en la última curva, busca forzar un giro final de los independentistas. Pero cada vez parece menos factible.

A nadie se le escapaba el momento importante que vivió el Congreso. Sánchez preparó mucho un discurso de fondo en el que comparaba el proceso catalán con el Brexit. Tardà agregó dramatismo con la idea de que el juicio del procés “será uno de los grandes desastres de la historia de España, como el de Annual [derrota militar española el 22 de julio de 1921 cerca de la localidad marroquí de Annual]”. Pero tal vez quien lo tenía más claro era la oposición, que ya se ve en La Moncloa si una enorme movilización de la izquierda no lo impide. Pablo Casado subió a la tribuna sin papeles, crecido después de las andaluzas. Podían haber sido su infierno y van a ser su gran catapulta, a pesar del mal resultado del PP. El líder de la oposición logró un aplauso larguísimo de los suyos tras dar por acabado a Sánchez y acusarle de lograr “ulsterizar Cataluña”. Albert Rivera también lo trató como un cadáver político y pidió el voto a los socialistas molestos, como si la campaña ya hubiera empezado. Y hasta Pablo Iglesias admitió la posibilidad de que vuelva la derecha y dijo que “ojalá el PP sonara más a Ana Pastor y menos a José María Aznar”, anticipando la campaña electoral.

Ya, al final del debate, Iglesias lanzó un último llamamiento a salvar la mayoría y los Presupuestos. “Todos sabemos lo que tenemos que hacer”, dijo enigmático, pidiendo a Sánchez nuevos gestos en Cataluña mientras desde el PSOE le reclaman lo contrario.

La oposición ha logrado su objetivo de colocar el foco en Cataluña, con la ayuda de Torra. En el PSOE y en Podemos saben que si el eje sigue ahí, lo tendrán muy difícil. Sánchez se dedicará ahora, con el salario mínimo y medidas sociales, a intentar cambiarlo. Pero cada vez parece más difícil. La campaña ya empezó, ahora solo falta ponerle fecha a las elecciones.

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