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EDITORIAL
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

El límite de Sánchez

El presidente del Gobierno se plantea dimitir por el acoso a su esposa de las derechas, que han conseguido judicializar el caso

Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso.
Pedro Sánchez, este miércoles en el Congreso.Claudio Álvarez
El País

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, denunció este miércoles una campaña de acoso y derribo de la derecha y la ultraderecha contra él a través de su esposa, Begoña Gómez, basada en mentiras difundidas por algunos medios de comunicación y amplificadas por denuncias falsas en los tribunales de un pseudosindicato ultra, Manos Limpias, habituado a presentar querellas contra el Gobierno o el PSOE que siempre acaban archivadas.

Después de conocer que un juez había admitido a trámite la última denuncia de Manos Limpias y abierto diligencias contra su esposa por un supuesto delito de tráfico de influencias, el presidente dirigió una carta a la ciudadanía que publicó en su cuenta de X anunciando que se toma unos días para reflexionar sobre su futuro y responder a la pregunta de si debe “continuar al frente del Gobierno o renunciar a este alto honor”. Ha cancelado su agenda pública hasta el próximo lunes, 29 de abril.

Por las exhaustivas investigaciones que ha realizado este periódico, no parece que haya una sola prueba de que las actividades de Begoña Gómez incurran en lo que la jurisprudencia del Tribunal Supremo considera un delito de tráfico de influencias. En los dos casos que el Partido Popular viene denunciando desde hace varios meses basándose en informaciones de los citados medios no se aportan indicios de que las actividades de Gómez y sus relaciones profesionales hayan influido de ningún modo en las ayudas concedidas a determinadas empresas privadas.

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La trayectoria política de Pedro Sánchez se ha caracterizado por su capacidad de resistir a los peores contratiempos y por su querencia a los golpes de efecto para superar todas las crisis, desde que accedió por primera vez a la secretaría general del PSOE hasta ayer mismo. Este anuncio parece más motivado por un impulso emocional —el daño a su mujer— que por un movimiento táctico que busque llamar la atención de los progresistas sobre el peligroso lodazal en el que se desarrolla la vida pública y tomar impulso ante el momento de intensidad política que vive España, donde se celebrarán dos elecciones muy importantes antes del verano. Lo único constatado es que ni sus más estrechos colaboradores sabían en la tarde de ayer semejante movimiento del jefe del Ejecutivo, que comunicará el próximo lunes si continúa al frente del Gobierno o dimite.

Su reflexión abre un debate sobre los límites de la lucha partidista por el poder, sobre la existencia de mecanismos suficientes en el poder judicial para evitar las sospechas de lawfare —utilización política de los tribunales— que se ciernen sobre determinados jueces que pretenden ejercer desde sus juzgados el poder legislativo o ejecutivo que no tienen, y sobre los efectos perversos de la desinformación dedicada a la destrucción personal.

La suma de recortes de pseudoprensa que el juez ha admitido a trámite en la denuncia incluye un bulo que atribuía una subvención a la esposa del presidente y que, en realidad, se adjudicó a una empresaria cántabra que también se llama Begoña Gómez. La indefensión que provocan estos libelos, organizaciones como Manos Limpias y jueces que, como mínimo, se precipitan al admitir semejante basura como indicio, afecta a los derechos de todos los ciudadanos españoles. Ese sitio de internet tuvo que aclarar varios días después, cuando el bulo atronaba, que no se trataba de la mujer de Pedro Sánchez.

La lectura de toda la denuncia de Manos Limpias mantiene idéntico nivel. Es un relato cargado de juicios de valor sin fundamento y basado en recortes de informaciones aparecidas en medios digitales con noticias, en muchos casos, inexactas, y en otros, directamente falsas. Con esos mimbres, un juez ha decidido abrir la investigación por tráfico de influencias.

El clima público tóxico que vive España desde que las urnas no arrojaron el pasado 23 de julio el resultado que las encuestas preveían, y Sánchez consiguió su investidura a cambio de la ley de amnistía para los encausados del procés, se ha traducido en ataques desde la derecha y la ultraderecha en los que se le atribuyen delitos graves; acosos a las sedes socialistas y a los domicilios de políticos de este partido y filibusterismo parlamentario que desgasta las instituciones y desvía la atención sobre los retos reales a los que se enfrenta España.

La gota que ha colmado el vaso ha sido la apertura de la investigación judicial a su mujer, objeto de toda clase de difamaciones en las redes sociales desde hace años. El presidente Sánchez se pregunta si merece la pena seguir en esas condiciones al frente del Ejecutivo. Y lo hace en una carta en la que incluye reflexiones personales, un formato inédito en esta democracia y que provocó este miércoles un desconcierto absoluto. Se trata de una especie de moción de confianza personal ante la ciudadanía con un cierto aire plebiscitario.

Estos cuatro días de reflexión anunciados por Sánchez serán días de incertidumbre en un país europeo con una economía robusta y cada vez mayor peso en la escena internacional, pero necesitado también de una regeneración ética del discurso público, de sus órganos de justicia y de sus medios de comunicación.


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