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Betancur y el culto al español

"Lo que quería saber escribir eran novelas. Ya no lo voy a lograr", confesó el expresidente hace tres semanas

Betancur durante una conferencia en 2004.
Betancur durante una conferencia en 2004. AP

Belisario Betancur, fallecido este viernes a los 95 años en Bogotá, tenía una pasión que vertebró su vida hasta el final: el español y los vericuetos del lenguaje. Escuchar al expresidente colombiano no suponía solo iniciar un viaje por el pasado reciente de su país, sino también entrar en un mundo de anécdotas sobre sus vínculos con España y descubrir una memoria llena de mitología griega, literatura y reflexiones sobre las formas de comunicar.

“En busca de un tiempo perdido, no aprendí a escribir lo que quería saber escribir”. Hace tres semanas, en uno de los últimos actos a los que acudió, Betancur confesó una de sus aspiraciones. “Lo que quería saber escribir eran novelas. Eso no he logrado, eso ya no lo voy a lograr”, dijo delante de Héctor Abad Faciolince y Juan Gabriel Vásquez, que fueron condecorados con la Orden de Isabel la Católica en la residencia del embajador español en Colombia, Pablo Gómez de Olea.

El expresidente habló de la roca de Sísifo, de Penélope, que tejía y destejía a la espera de Ulises, y se dirigió a otro de los asistentes a la recepción, Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE). “Maestro Villanueva, me quedé en la desobediencia a los dioses y lo máximo que he conseguido es incidir y reincidir en un culto al idioma, pero no en lo que yo quería saber escribir y nunca alcancé y ya no lo alcanzaré”, continuó.

Para “rendir culto a la lengua española” y sus caminos de ida y vuelta entre las dos orillas del Atlántico, recordó un viaje que, durante la dictadura franquista, hicieron algunos escritores españoles laureados. Panero, Rosales y Foxá, entre otros. "Llegaron a Bogotá y fueron invitados por nuestro poeta Eduardo Carranza para visitar Tunja. Tunja es una ciudad muy bella que tiene templos muy hermosos, pero es un poquito más fría que Bogotá”, relató. “Pues, iban los poetas por el lomo del altiplano y en una población llamada Villapinzón, todavía más fría que Tunja, pararon a tomarse algún brebaje que les devolviera el calor del cuerpo”. Entraron en una funda y ordenaron aguardientes.

“El mesonero, que aquí llamamos cantinero, les servía fuera de las copas, embelesado oyéndolos hablar”, prosiguió Betancur. Rosales o Foxá preguntó entonces si al señor le gustaba la poesía. “Y él contestó: ‘Sí, me encanta la poesía, porque los señores son españoles…”.

- ¿Y usted cómo lo supo?, le inquirieron.

- Pues, por el dialecto que ustedes hablan.

Esa era la pasión cotidiana del expresidente, que solía intercalar anécdotas sobre el español y recuerdos de sus estudios en el seminario. Lo hizo en cantidad de ocasiones. Por ejemplo, cuando el periodista Álex Grijelmo ingresó, el pasado abril, en la Academia Colombiana de la Lengua. Y así vivió hasta el final. “Cultivando ese dulce dialecto, la dulce lengua de Castilla”.

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