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Muere Belisario Betancur, el presidente que abrió el camino para la paz en Colombia

El mandatario que afrontó la toma del Palacio de Justicia ha fallecido en Bogotá a los 95 años. Gobernó entre 1982 y 1986

Muere Belisario Betancur a los 95 años. Reuters

Belisario Betancur, el presidente de Colombia que abrió el camino para las negociaciones con las guerrillas pero debió afrontar uno de los peores episodios en medio siglo de conflicto armado, la trágica toma del Palacio de Justicia en el corazón de Bogotá, ha fallecido este viernes a los 95 años. El exmandantario conservador había ingresado la víspera por complicaciones renales a la Fundación Santa Fe, que confirmó su fallecimiento en un escueto comunicado.

"Su legado en la política, en nuestra historia, en la cultura es ejemplo para todas las generaciones futuras", escribió en Twitter el presidente Iván Duque. "Gran patriota, gran amigo y gran ejemplo de entereza, honestidad y humildad", señaló Juan Manuel Santos, el predecesor del mandatario actual.

La presidencia de Betancur, un hombre de letras —era miembro de las academias colombianas de Historia, de Jurisprudencia y de la Lengua—, quedó marcada por dos hechos trágicos distanciados apenas por días en el fatídico noviembre de 1985: el llamado “holocausto” del Palacio de Justicia —una operación temeraria de la guerrilla del M-19 en el centro de Bogotá, agravada por la respuesta de los militares— y la erupción del volcán Nevado del Ruiz —que provocó una avalancha que sepultó el poblado de Armero, con un saldo de decenas de miles de muertos—. Durante su cuatrenio también afrontó el inició del auge del narcotráfico y rechazó la sede del Mundial de Fútbol de 1986, concedido originalmente a Colombia y trasladada a México.

Nacido en Amagá, un pueblo minero del departamento de Antioquia, Betancur, que era cercano a los sindicatos y la izquierda pese a ser un conservador, derrotó en las elecciones de 1982 al expresidente liberal Alfonso López Michelsen. "No quiero que se derrame ni una sola gota más de sangre colombiana", dijo en su discurso de posesión. Su Gobierno inició el primer proceso de negociación política con las guerrillas: logró una amnistía que permitió a unos 1.500 combatientes salir de las cárceles, así como breves treguas con el M-19 y las FARC. Sin embargo, el M-19 decidió atacar directamente al mandatario en una demencial acción armada. Al mediodía del miércoles 6 de noviembre de 1985, un comando guerrillero asaltó el Palacio de Justicia, a dos cuadras de la Casa de Nariño -la sede de Gobierno-, con el propósito de hacerle un juicio público por el fracaso de la paz. El M-19 mantenía como rehenes a unas 350 personas entre magistrados, empleados y visitantes.

En menos de una hora los militares rodearon el edificio con tanques de guerra y procedieron a disparar sus morteros. Esa reacción imposibilitó cualquier amago de negociación, a pesar del dramático llamado del presidente de la Corte Suprema, Alfonso Reyes Echandía, quien pidió un alto el fuego a través de la radio. Tras 28 horas de combates, el edificio quedó reducido a cenizas. Al día siguiente, el saldo de víctimas se acercó al centenar, con un enorme desorden en la identificación de los restos. Al menos 11 personas que estaban en el palacio pasaron a figurar como desaparecidas, y con el paso de los años las investigaciones han demostrado que, en medio del caos, el ejército sacó rehenes vivos que después desaparecieron. Durante décadas Betancur sostuvo que no iba a contar en vida lo que pasó aquel día, solo en un libro a publicarse después de su muerte.

“Las negociaciones de paz de 1982-1985, al mostrar un gobierno que parecía dispuesto a hacer grandes concesiones y pocas exigencias a la guerrilla, mientras esta aumentaba su capacidad, crearon un ambiente que sirvió a sus enemigos para promover la alianza entre los sectores del ejército opuestos a la negociación de paz y los grupos armados creados al menos desde 1978 por terratenientes y narcotraficantes para enfrentar a la guerrilla”, escribió el reputado historiador Jorge Orlando Melo en su Historia mínima de Colombia. Sin embargo, “el esfuerzo de negociación de Betancur legitimó, en el largo plazo, una vía de solución política del conflicto armado que podía ser la única realista y a la que se apegaron casi todos los gobiernos que siguieron”.

Pese a encontrarse largamente retirado de la política, Betancur respaldó el acuerdo sellado a finales de 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, hoy desarmadas y convertidas en un partido político. “Una paz, cualquier paz en el mundo, decía Erasmo de Rotterdam, y nosotros hacemos parte de ese mundo, cualquier paz en el mundo aunque sea desventajosa, es mejor que una guerra justa”, dijo ese año en el foro Los beneficios de la paz. Cuando felicitó solemnemente al también premio nobel de paz tras la entrega de la totalidad de los fusiles de la guerrilla más antigua de América, en agosto de 2017, Betancur firmó aquella carta como “un buscador de paz”.

El líder conservador fue el único exmandatario con vida que se ausentó el pasado 7 de agosto, por motivos de salud, de la toma de posesión de Duque —cuyo padre, Iván Duque Escobar, fue ministro de agricultura en su mandato—. En la carta en la que se excusó, le auguró de su puño y letra “un gobierno de unidad en la diversidad, y de consolidación de la paz, dentro de los esquemas analíticos que lo llevaron a la más alta investidura”.

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