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Bolsonaro anuncia que quiere nombrar al juez del ‘caso Lava Jato’ ministro de Justicia

El presidente electo de Brasil habla de la oposición, minorías y armas, entre otros asuntos, en sus primeras entrevistas tras ganar las elecciones

Jair Bolsonaro minutos antes de depositar el voto en Rio de Janeiro En vídeo, primeras protestas en Brasil tras la victoria de Bolsonaro. ATLAS

Capitalizar el cada vez más extendido odio de buena parte de los brasileños hacia el Partido de los Trabajadores (PT) fue un ingrediente clave en la victoria electoral de Jair Bolsonaro. El ultraderechista quiere culminar su cruzada contra el partido de Lula con el nombramiento como ministro de Justicia del juez al que el petismo considera su bestia negra, Sérgio Moro, el magistrado del caso Lava Jato que condenó a Lula a siete años de cárcel por corrupción, pena que le descalificó para la carrera electoral. Bolsonaro, que reveló la oferta este lunes por la noche en su primera entrevista desde su rotundo triunfo sobre el PT, sopesa como segunda opción nombrarlo magistrado del Supremo.

Moro es por mucho el juez más famoso de Brasil, héroe para los bolsonaristas, villano para los petistas; admirado por todos los que odian al partido que ha gobernados Brasil durante 13 de los últimos 15 años y denostado por los simpatizantes de la formación que fundó Lula. Lava Jato (lavacoches, porque la investigación empezó en uno) es el descomunal escándalo de corrupción que ha sacudido desde 2014 a toda la clase política brasileña, pero con especial dureza al PT y a Lula. Bolsonaro declaró en la entrevista: “Quiero conversar con él. Si hay interés, con toda certeza será una persona de extrema importancia para un Gobierno como el nuestro”. Moro, que ejerce en Curitiba (la ciudad donde Lula está encarcelado desde abril tras ratificar el Supremo su condena), dio el martes una respuesta cortés y cauta: "Me siento honrado, si la invitacións se hace formalmente, será objeto de ponderada discusión". El nombramiento para el Supremo debería esperar porque la próxima vacante se abrirá en 2020.

El ultraderechista hizo una ronda de entrevistas en televisión en horario estelar que abarcó desde su canal preferido (Record TV, perteneciente a una poderosa Iglesia evangélica) hasta el principal noticiero). Adoptó un tono muy distinto al utilizado en sus arengas diarias a sus seguidores por Facebook pero sí repitió algunos de sus ataques a las minorías y defendió la venta de armas para combatir el crimen. Bolsonaro, como el presidente Trump, deja claro qué prensa le gusta y cuál no. “Agradezco el periodismo libre de Record TV”, dijo el brasileño al inicio de la entrevista con la emisora evangélica para atacar luego a la Folha de S. Paulo y anunciar que su Gobierno no pondrá publicidad institucional “en medios mentirosos”. La Fiscalía investiga a unos empresarios afines a Bolsonaro por una campaña masiva en Whatsapp a favor de este que el diario reveló.

El próximo mandatario se mostró abierto a colaborar con otros partidos, a los que necesitará para obtener mayoría parlamentaria: “La oposición siempre es bienvenida. El país está sumido en la crisis más profunda, un partido o una persona no van a sacar al país de esta situación. Necesitamos ayuda de todos”, afirmó Bolsonaro, que solo ocho días antes proclamó que “a los enemigos rojos solo les queda la cárcel o el exilio”.

El líder del Partido Social Liberal (el último de los muchos en los que ha militado a lo largo de su carretera) sacó su vertiente más nacionalista en economía. “Nadie quiere acabar con Mercosur, pero queremos darle la debida estatura”, dijo. Su principal consejero económico, Paulo Guedes, había explicado la noche electoral –a gritos– ante la prensa argentina que Mercosur no iba a ser una prioridad gubernamental. Guedes argumentó: “Venezuela no debería poder participar de Mercosur”. La organización que integra ahora a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia, suspendió a Venezuela en 2017. Es una muestra del desprecio que tiene su equipo por esta institución, que impide cerrar acuerdos comerciales bilaterales y que fue símbolo de una era del Partido de los Trabajadores que él quiere dejar atrás.

Presidente electo con más de la mitad de los votos, el ultraderechista reiteró algunas de sus frases más sonadas de sus días como estrambótico diputado. Preguntado por su desinterés por las minorías sociales, Bolsonaro lo zanjó así: “Yo querría saber qué es eso de minoría. Nosotros somos iguales, según el artículo quinto de la Constitución. No pensar que ciertas minorías tienen superpoderes. Si conseguimos la igualdad, estarán todos satisfechos”. Bolsonaro va a presidir un país donde, en 2017, fueron asesinadas 445 personas LGBTQI solo por su condición sexual, es decir, uno cada 19 horas (un 30% más que el año anterior, según el Grupo Gay da Bahia). En cuanto a raza: 71 de cada de cada cien víctimas de homicidios (Brasil ostenta el récord mundial con casi 64.000 en 2017), según el Fórum Brasileño de Seguridad Pública. Aun despreciando los incontables estudios que detallan la discriminación cotidiana a minorías en la calle, la familia y el trabajo, están los datos que muestran que en Brasil las minorías existen porque pertenecer a ellas puede ser causa de muerte.

Bolsonaro se esforzó por mostrar cohesión en sus filas, lo que le obligó a hablar detenidamente de su vicepresidente, el general retirado Hamilton Mourão, al cual corrigió repetidamente en campaña. “No es que yo sea capitán y él sargento, somos todos soldados de Brasil. Está extremadamente preparado. Tiene un bagaje cultural muy grande”, dijo. El capitán Bolsonaro ya ha aclarado varias veces que, aunque él defienda valores militares y tenga un vicepresidente que le supera en rango, Mourão no le manda. Pero sí mandará en su Gobierno: “No quiero un vicepresidente decorativo. Más que vicepresidente, será un consejero para cualquier momento”, ahondó. Y añadió, con un guiño: “Tan solo hay que mejorar cómo conversa con la prensa”.

El presidente electo se refiere a la de veces que ha tenido que contradecir al general durante la campaña. Mourão tiende a ser más laxo al soltar opiniones radicales ante la prensa, como que los “héroes matan” en referencia a los crímenes de la dictadura; que “no hace falta consultar al pueblo” para reformar la Constitución; o que cualquier Gobierno puede, si lo cree necesario, ceder su poder a los militares en lo que llamó “autogolpe”.

Preguntado sobre su anuncio de que va a facilitar la venta de armas para combatir el aumento del crimen, ha respondido con un ejemplo: “Un camionero armado que reacciona si alguien le está robando la rueda de repuesto, puede dar ejemplo. Dispara, el elemento es abatido y es legítima defensa. Tendrá que responder pero no será castigado, eso va a reducir la violencia en Brasil con toda certeza”.

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