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China busca una alianza con la UE para contrarrestar el proteccionismo de Trump

Pekín quiere acorralar al presidente estadounidense en materia comercial, pero Europa recela de una China con la que mantiene diferencias abismales

Donald Tusk y Jean-Claude Juncker junto al primer ministro chino, Li Keqiang, en la última cumbre bilateral de 2017 / En vídeo, declaraciones del portavoz de aduanas chino este viernes

China, inmersa en una guerra comercial con Estados Unidos (EE UU), quiere forjar una alianza con la Unión Europea (UE) frente a las políticas proteccionistas de Donald Trump. Consciente de que el presidente estadounidense dispara incluso hacia países aliados, Pekín hace esfuerzos por armar un frente común con el otro gran bloque comercial del planeta. La UE, sin embargo, no quiere verse implicada en ninguna iniciativa formal con China, país con el que comparte la defensa del multilateralismo pero poco más.

Las autoridades chinas propondrán medidas concretas durante la cumbre entre China y la UE que se celebra este lunes en Pekín. La delegación europea está liderada por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Por el lado chino participará el primer ministro, Li Keqiang. En las reuniones preparatorias del encuentro, la mano derecha del presidente Xi Jinping en asuntos económicos, Liu He —también encargado de las negociaciones con Washington— sugirió una acción conjunta ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). A cambio, ofreció abrir más sectores del mercado chino a las empresas europeas y acelerar las negociaciones del tratado de inversión bilateral, encalladas desde hace años, según explicaron diplomáticos europeos a la agencia Reuters.

En los últimos meses, China ha tratado de presentarse como la víctima del conflicto comercial con EE UU. “Esto es una lucha entre el unilateralismo y el multilateralismo, el proteccionismo y el libre comercio, el poder y las reglas”, aseguró la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying, el día después de que Washington redoblara el desafío con el anuncio de otra ronda de aranceles valorada en 200.000 millones de dólares (casi 127.000 millones de euros). El mensaje es que China se ajusta a la perfección a lo que marca la OMC y que las tarifas impuestas por Pekín son “una respuesta necesaria a una agresión inaceptable”, como le sucede a la UE.

China ha mostrado una solidaridad inédita con el bloque europeo. Los medios estatales han suavizado el tono con algunos de los temas espinosos de las relaciones bilaterales, desde disputas comerciales a los derechos humanos. La canciller alemana, Angela Merkel, y Li Keqiang, mostraron buena sintonía en un encuentro la semana pasada en su defensa del papel de la OMC para resolver conflictos comerciales. Un día después, Pekín permitió la salida de China de Liu Xia, la viuda del Nobel de la Paz Liu Xiaobo, algo por lo que la diplomacia alemana luchaba desde hacía meses.

La UE, sin embargo, y pese a no estar de acuerdo con los métodos de Trump, comparte sus preocupaciones sobre las prácticas desleales chinas: el dumping. Europa también denuncia subsidios ilegales a ciertas industrias, transferencias tecnológicas forzadas o la falta de reciprocidad de acceso en los respectivos mercados. Y ha empezado a tomar medidas al respecto, desde un sistema de escrutinio a las inversiones extranjeras en territorio comunitario a denuncias formales contra China ante la OMC sobre protección de la propiedad intelectual o el exceso de capacidad en sectores como el acero y el aluminio.

En esta última iniciativa, la UE va de la mano de Japón y EE UU. Bruselas tampoco olvida el trabajo de hormiga que está realizando China en los países del Este de Europa y en los Balcanes a golpe de inversiones, lo que ya ha provocado roces entre los socios a la hora de, por ejemplo, condenar los abusos de derechos humanos en el país asiático.

“La Unión Europea no está del lado de ninguna parte o país”, aseguró en Pekín hace unas semanas el vicepresidente de la Comisión Europea, Jyrki Katainen. Las últimas medidas de China, basadas en una mayor apertura a las empresas extranjeras en sectores como el financiero o el automovilístico tampoco convencen a los europeos: “Estamos viendo más progresos en el último año y medio en relación con cualquier otro período desde el ingreso de China en la OMC, pero son pocos y llegan demasiado tarde”, explica Mats Harborn, presidente de la Cámara de Comercio de la UE en China. “No olvidemos que hemos llegado aquí porque el liderazgo chino no ha procedido tan rápido a cumplir sus promesas de reforma”.

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