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Hungría detendrá sistemáticamente a todos los migrantes que entren ilegalmente

El Parlamento húngaro aprueba que todos los sin papeles, aunque sean solicitantes de asilo, serán enviados a centros en la frontera

Dos policías patrullan la valla fronteriza entre Hungría y Croacia el 23 de febrero.
Dos policías patrullan la valla fronteriza entre Hungría y Croacia el 23 de febrero. AFP

Más metros de muro, más controles fronterizos y, ahora, detenciones sistemáticas de los migrantes que entren ilegalmente el Hungría. En un paso más de su dura política antiinmigración, el primer ministro Viktor Orbán, ha logrado sacar adelante una ley que prevé que todos los sin papeles que crucen la frontera sean detenidos. Quienes no puedan ser devueltos automáticamente ingresarán en centros de detención en zonas de tránsito. No importa si son solicitantes de asilo que llegan de países en guerra o inmigrantes económicos. La norma, que ha sido aprobada este martes con una amplia mayoría en el Parlamento húngaro, es contraria a la legislación europea. Un punto que el nacionalista Orbán, que ha hecho de su discurso xenófobo y euroescéptico su bandera, no sólo admite sino del que ha llegado a enorgullecerse.

La ONU se ha apresurado a criticar duramente la medida húngara, que también prevé la creación de dos o tres campos o centros de detención a lo largo de su frontera Sur, que comparte mayoritariamente con Serbia, donde ingresarían los migrantes a la espera de que se analicen sus casos. Naciones Unidas ha advertido al Gobierno de Orbán que la iniciativa viola las obligaciones de ese país con las leyes internacionales y europeas.

La normativa comunitaria permite la detención de demandantes de asilo sólo en dos circunstancias: cuando sea absolutamente necesario para completar el proceso de registro, y, hasta 18 meses, para personas con orden de expulsión que se queden irregularmente en suelo europeo. Pero no sistemáticamente, como prevé la nueva ley húngara.

Hasta 2013, Hungría tenía una normativa de detención sistemática similar a la que ha obtenido luz verde este martes. Sin embargo, tuvo que anularla por las presiones de la UE la ONU y el Tribunal Europeo de Derechos del Hombre. Lo hizo en un tiempo en el que la crisis migratoria todavía no había despuntado y antes de que Hungría se convirtiera en uno de los principales focos de entrada de migrantes y refugiados a la UE. 

Entre 2015 y 2016, llegaron a la frontera húngara decenas de miles de migrantes y refugiados. Aunque la inmensa mayoría, de tránsito para seguir su ruta hacia otros países de la UE. Sólo 29.400 personas iniciaron una solicitud de asilo en el país del Este, que tiene algo más de 10 millones de habitantes.

La Comisión Europea no ha hablado aún sobre este enésimo desafío de Víktor Orbán. Los que sí se han pronunciado con críticas han sido los socialistas en la Eurocámara. Los socialdemócratas europeos se dicen “espantados” por la decisión y piden medidas. “Este tipo de detención va contra los derechos fundamentales y los valores de la UE. Las consecuencias perjudicarán la salud física y psíquica de niños, mujeres y hombres que vivan en los campos de la llamada zona de tránsito. No debemos tolerar esto”, ha pedido la eurodiputada Tania Fallon, informa Lucía Abellán.

No es el único conflicto que se abriría con Bruselas, el Gobierno Orbán ha interpuesto un recurso judicial contra la política acordada en la UE para la reubicación de refugiados desde Italia y Grecia. Una medida que, además, no ha cumplido (no ha acogido a ninguno de los 1.200 que le correspondían en el reparto; el 0,02% de sus más de 10 millones de ciudadanos).

Hungría, que ya ha blindado la mayor parte de sus fronteras con una valla de espinos y un amplio dispositivo de vigilancia, ha iniciado la construcción de un segundo muro. Desde el inicio de la crisis migratoria este país ha marcado el paso del rechazo a los refugiados. A su estrategia de doble valla, expulsiones y devoluciones en caliente (que el Gobierno también ha convertido en 'legales', pese a las críticas de la ONU), se suma un discurso agresivamente xenófobo de las autoridades. El pasado octubre el conservador y nacionalista Orbán trató de blindar su rechazo al pacto migratorio con un referéndum contra los refugiados. Fue un fiasco, aunque quienes votaron lo hicieron por abrumadora mayoría para rechazar a los migrantes, la participación fue tan escasa que la consulta no es vinculante.

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