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Cómo un país puede beneficiarse también de la llegada de refugiados

Un estudio del Banco Mundial y ACNUR ofrece ejemplos de impactos socioeconómicos favorables en países de acogida de desplazados

Vista de la ciudad de Kilis (sureste de Turquía), en la frontera con Siria. Ampliar foto
Vista de la ciudad de Kilis (sureste de Turquía), en la frontera con Siria. Reuters

La crisis de refugiados, la peor desde la II Guerra Mundial, alcanza ya a 65 millones de personas a los que la violencia y los conflictos armados obligaron a abandonar sus hogares. Si formaran un país, su población sería comparable a Tailandia, o Reino Unido. Dos tercios de ellos (41 millones) son desplazados internos —24 millones son refugiados o solicitantes de asilo—; y, desde 2001, el 60% escapa de los mismos diez conflictos prolongados en el tiempo: Siria —con casi doce millones de desplazados, entre internos y refugiados—, Colombia —con más de seis millones de desplazados internos—, Afganistán, Sudán del Sur, Somalia... El 89% de los refugiados del mundo son acogidos por países en desarrollo. En Jordania y Líbano, fronterizos con Siria, los refugiados de este país representan ya el 9% y el 18% de la población. Y solo el 27% de los que escapan acaban regresando a sus lugares de origen. Es parte del escenario dibujado por 'Desplazados a la fuerza', un informe del Banco Mundial (BM) y ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados, que hace una fotografía global del fenómeno.

Pero no todas las consecuencias de la migración forzosa son negativas, y no todas las estadísticas son tan oscuras. El estudio proporciona algunos datos que dan una idea de cómo el flujo migratorio, si es acompañado de políticas de desarrollo y acceso al mercado laboral, puede tener aspectos beneficiosos para las regiones a las que llega.

Los refugiados sirios, emprendedores en el sur de Turquía

El shock demográfico producido por la llegada masiva de migrantes puede causar, según el estudio, una demanda excesiva que lleve al incremento de los precios y el desempleo. Pero, en un entorno favorable a los negocios que otorgue derechos económicos a los refugiados, el resultado puede ser otro. Turquía, que acogía a finales de 2015 a 2.503.549 refugiados sirios —el país con mayor número de asilados de este país—, está en el número 55 (de 189) del índice de facilidad para hacer negocios del BM. En los últimos cuatro años han abierto unas 4.000 empresas sirias que han tenido un gran impacto económico en las provincias cercanas a la frontera, empleando sobre todo a trabajadores turcos en sectores que van desde la restauración a la construcción, pasando por el sector textil y la alimentación.

Por ejemplo, Kilis, al sureste, pasó de no tener negocios sirios en 2010 a que lo fueran el 34% de las nuevas empresas en 2014. En Gaziantep, un centro económico del sureste turco, las firmas sirias pasaron de ser solo tres en 2010 a 600 en 2015. Procesos similares han ocurrido en localidades cercanas a la frontera como Hatay o Mersin.

El Producto Interior Bruto (PIB) de Turquía creció un 5,7% en el último trimestre de 2015 y un 4,8% en el primero de 2016. La agencia de calificación Standard & Poor’s considera que parte de este incremento se debe al vertigioso crecimiento de las empresas del país vecino y la contribución del consumo de los sirios a la economía turca, informa Andrés Mourenza.

El mercado IFO1, en el campo de refugiados de Dadaab, Kenia.
El mercado IFO1, en el campo de refugiados de Dadaab, Kenia.

Los campos como dinamizadores regionales

Los campos de refugiados suelen instalarse en zonas marginalizadas o fronterizas, con poca densidad de población y dificultades económicas. Es por eso, según el estudio, que pueden convertirse en los epicentros del desarrollo regional. El campo de refugiados de Dadaab en Kenia, el mayor del mundo con entre 300.000 y 400.000 refugiados —la mayoría somalíes—, ha pasado en dos décadas de ser "un conjunto de refugios rudimentarios a un ajetreado centro regional". Se ha convertido, según el estudio, en "un mercado con un poder adquisitivo relativamente sólido". Los beneficiados son los comerciantes y pastores del condado de Garissa, que producen leche y crían ganado. El comercio establecido con este campo ha incrementado los salarios, que según el Banco Mundial y ACNUR son un 60% mayores en esta región que en otras partes comparables del país.

La mano de obra refugiada da sus frutos

En Karagwe, un distrito del oeste de Tanzania, la abundancia de mano de obra por la presencia de refugiados permitió a los granjeros expandir e incrementar significativamente la producción: entre 1993 y 1996, la superficie de terrenos cultivados se dobló, y lo mismo ocurrió con la cosecha de bananas y judías. En Guinea Conakry la presencia de desplazados liberianos fue vital, según el estudio, para expandir el cultivo de arroz a las tierras bajas pantanosas.

El flujo masivo de refugiados puede desplazar, a veces, a los trabajadores del país de acogida, sobre todo a los poco cualificados y los empleados en la economía sumergida. Por eso, el informe insiste en que las políticas de desarrollo deben ir dirigidas a la comunidades receptoras, en especial a proteger a los grupos más vulnerables con programas de especialización y reeducación profesional, para superar el shock demográfico inicial y establecer un nuevo equilibrio.

Mahmoud Ilayn Abu Laban, tiene 95 años y lleva 67 en el campo Dheisheh. Es el refugiado palestino más longevo.
Mahmoud Ilayn Abu Laban, tiene 95 años y lleva 67 en el campo Dheisheh. Es el refugiado palestino más longevo.

La mitad de los refugiados, menos de cuatro años en el exilio

La duración de un desplazamiento forzoso en el extranjero puede variar entre semanas —como el exilio de los kosovares en 1999— y cerca de 70 años para muchos refugiados palestinos. Todavía hay 2,2 millones de personas en el mundo que llevan forzosamente en el exilio entre 35 y 37 años, la mayoría de ellos afganos. Sin embargo, la mediana actual se sitúa en 4 años; es decir, la mitad de los refugiados del mundo ha pasado ese tiempo o menos en esta situación.

La mayoría, fuera de los campos

Solo un 24% de los refugiados y un 11% de los desplazados internos vive en campos o centros colectivos, según el informe. La mayoría reside en centros urbanos o pueblos donde buscan la seguridad, el anonimato y un mejor acceso a servicios básicos y empleos. Este es el caso de los desplazados en entornos moderadamente desarrollados en Europa, Medio Oriente y América. El estudio afirma que el desplazamiento forzoso es un fenómeno cada vez más urbano, y de único sentido: "El retorno a zonas rurales es raro, especialmente en países en desarrollo". En África, sin embargo, algo más de la mitad de los 4,5 millones de refugiados en el continente aún habita en campos.

Refugiados y terrorismo, sin relación

Itxaro Arteta

“Solo hay un aspecto en el que está probada la relación entre refugiados y terrorismo: los refugiados son frecuentemente las principales víctimas de los grupos terroristas”. Con esta sentencia, el Banco Mundial desmonta el temor a que los grupos extremistas puedan infiltrarse en un país a través de los refugiados o que estos sean particularmente vulnerables a la radicalización.

El informe del Banco Mundial y ACNUR sobre desplazamiento forzoso pone como ejemplo que los atacantes de París en noviembre de 2015 eran parte de un grupo de ciudadanos franceses y belgas. También expone el caso de Estados Unidos: de los 784.000 refugiados acogidos por ese país desde el 11 de septiembre de 2001, solo tres han sido arrestados por cargos de terrorismo, dos de ellos no estaban planeando ningún ataque, y en ningún caso quedó claro si habían sido enviados por grupos radicales o se radicalizaron estando ahí.

La presencia de refugiados es una realidad que llega para quedarse en los países de acogida. El informe señala que a partir de los años 90 se ha propuesto como solución a las crisis migratorias que las personas puedan regresar a su lugar de origen, pero este no había sido el espíritu de la Convención sobre Refugiados de 1951 ni ha ocurrido así en la historia. “Durante la Guerra Fría, con las personas que "escogieron la libertad", sus anfitriones occidentales no esperaban que luego volvieran al bloque dominado por los soviéticos”, recuerda el informe. En los últimos seis años, solo el 27% de refugiados volvió a sus países, un 4% adquirió la nacionalidad del país en el que residía, 6% fue reasentado y el 61% está registrado en las estadísticas de ACNUR como otros, “que presumiblemente refleja una variedad de movimientos posteriores o una integración de facto”.

Por ello, el informe pone énfasis en la necesidad de políticas de integración social para los desplazados. Advierte de que facilitarles una situación legal de residencia y la posibilidad de trabajar hará que más rápido pase el shock inicial de cuando un país recibe una oleada de exiliados. En ese sentido, EE UU lo ha hecho mejor que la Unión Europea: en el primero, a quienes han llegado como refugiados les ha llevado menos de 10 años alcanzar una participación laboral igual a la de los migrantes económicos, mientras que en la UE han sido más de 15 años.