Dimite el jefe del Ejército argentino, criticado por su papel en la dictadura

Kirchner prescinde en plena campaña de César Milani, hombre clave del poder kirchnerista y del espionaje argentino

César Milani durante su toma de posesión en 2013.
César Milani durante su toma de posesión en 2013.EJÉRCITO DE ARGENTINA

La cercanía de las elecciones en Argentina está desbloqueando asuntos que parecían inamovibles. El Ejército argentino anunció por sorpresa que César Milani, el jefe del Ejército y personaje clave del poder kirchnerista, pasa a retiro “por motivos personales”. Esta es la versión oficial pero parece evidente que la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, ha decidido prescindir en plena campaña electoral de uno de sus hombres más fieles pero a la vez más polémicos, ya que distintas organizaciones de derechos humanos y referentes de la izquierda han criticado a Milani por su presunta participación en actos de represión durante la dictadura, en la desaparición de una persona y las torturas a otra. Además está denunciado por supuesto enriquecimiento ilícito.

Las denuncias contra él se han ido consolidando aunque la justicia todavía no ha tomado la decisión de llevarlo a juicio. Esto era lo que argumentaban hasta ahora los kirchneristas, incluso los más vinculados a los derechos humanos, para defender la decisión de la presidenta de mantener a Milani después de que aparecieran las denuncias hace un año y medio.

Milani no es solo un personaje clave como líder del Ejército. En plena batalla interna dentro de los servicios secretos argentinos, que terminó con la destitución de Antonio Stiusso, el hombre fuerte del espionaje argentino durante 20 años y muy cercano a los Kirchner al principio de su mandato, la presidenta encargó a Milani organizar un servicio de espionaje militar alternativo al civil y controlado por ella, que había perdido el poder sobre el otro servicio.

En plena batalla entre estos espías se produjo el 18 de enero la muerte del fiscal Nisman, un hombre cercano a Stiusso, lo que recrudeció la guerra interna. Stiusso acabó fuera del país y sigue en paradero desconocido, mientras Milani en teoría salía reforzado. Los primeros análisis sin embargo destacan que Milani suponía un problema de imagen para el kirchnerismo y para el candidato oficialista, Daniel Scioli, y su vicepresidente, Carlos Zannini, el hombre de máxima confianza de la presidenta. Kirchner estaría así soltando lastre para facilitar la victoria en las elecciones.

De hecho la presidenta ha tomado otras decisiones que de alguna manera tratan de despejar el camino de Scioli hacia la presidencia, siempre eso sí rodeado de kirchneristas y muy controlado para que no se aleje del camino marcado por ella. Kirchner ha sacado de las listas electorales a Amado Boudou, el vicepresidente y exministro de Economía, procesado en varios asuntos de presunta corrupción. Ella nunca lo forzó a dimitir y todavía hoy sigue siendo su vicepresidente, sale en todas las fotos y representa a Argentina en actos en el exterior, pero lo ha sacado de las listas en un gesto claro de distancia. Tampoco está en esas listas otro persona polémico como el ministro de Exteriores, Héctor Timerman. Parece evidente que Kirchner suelta lastre después de años muy polémicos.

La presencia de Milani en la cúpula del poder kirchnerista desde hace dos años generaba una enorme tensión dentro de este grupo. Los Kirchner han hecho una bandera de la política de derechos humanos y han colocado a muchos hijos de desaparecidos en su estructura de poder. Todos ellos cambiaban la cara al ser preguntados por Milani. Martín Fresneda, secretario de Estado de Derechos Humanos e hijo de desaparecidos, señaló el mes pasado a EL PAÍS: “La presidenta me ordenó llevar a la Justicia cualquier indicio contra Milani. No podemos ir por delante de la justicia. Pero en cuanto la justicia avance en algún sentido la presidenta tomará una decisión”. Juan Cabandié, diputado e hijo de desaparecidos, también apeló a la presunción de inocencia pero con una evidente incomodidad. La justicia aún no ha avanzado, pero la presidenta ha tomado la decisión que muchos en la izquierda le reclamaban.

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