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Grecia ofrece una nueva oleada de recortes

El Gobierno de Samarás presenta un presupuesto de ajuste de 11.500 millones

La troika plantea en Atenas sus primeras objeciones al programa de austeridad

Griegos se manifiestan mientras esperan a los representantes de la troika frente al ministerio griego de Finanzas en Atenas.
Griegos se manifiestan mientras esperan a los representantes de la troika frente al ministerio griego de Finanzas en Atenas. EFE

Si es cierto que las cosas tienen que empeorar para que algún día mejoren, Grecia tiene un futuro espléndido, porque, de momento, el año entrante será el sexto consecutivo de sufrimiento y recesión, con una caída del PIB del 3,8%, según el borrador de presupuestos presentado hoy en Atenas. El anuncio del plan ha coincidido con la llegada de los inspectores de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) a la capital helena para ver de cerca las cifras y debatir sobre lo que Grecia debe hacer para recibir los 31.500 millones de euros que necesita para seguir agonizando.

Bajo un aluvión de cifras macroeconómicas a cual peor y más recortes sociales donde ya perecía imposible ajustar más, el primer ministro, el conservador Antonis Samarás, ha prometido que este será el último presupuesto construido a machetazos.

“Tenemos que sujetar bien el timón para completar este difícil giro”, ha declarado con metáfora marinera, tan griega, el ministro de Finanzas, Yanis Sturnaras. “Es la única manera de que la economía griega vuelva al ciclo virtuoso de la estabilidad presupuestaria y el crecimiento”. Los sindicatos ya han hecho saber que octubre estará marcado por las huelgas: “No podemos hacer otra cosa”.

Para conseguir la estabilidad presupuestaria exigida por los mercados y la comunidad internacional, Atenas prevé recortes de unos 11.500 millones de euros. La mayor parte (3.800 millones) correrá a cargo de las pensiones, seguidos de otros 1.100 millones en salarios públicos. La sanidad griega tendrá que funcionar con 803 millones menos; defensa, con 304, y educación, con 134, entre otras reducciones.

El objetivo macroeconómico es lograr un superávit primario, que excluye el servicio de la deuda, del 1,1% del PIB en 2013 tras el déficit del 1,5% que se registrará este 2012. Serán, pues, los primeros números negros en ese renglón en una década. Bonito para las estadísticas y los pequeños orgullos, pero incapaz de enmascarar una caída del PIB del 3,8% y una tasa de paro que seguirá subiendo y llegará al 24,7% desde el 23,5% de este año, más del doble de lo que era en 2010.

Con los números previstos para 2013, la economía griega habrá perdido un cuarto de su volumen en un lustro, uno de los factores que ha contribuido crucialmente a que no alcanzara los objetivos macroeconómicos fijados por la troika con el visto bueno de los mercados.

Un analista citado por la agencia Reuters ponía hoy en duda que 2013 vaya a ser diferente “por la profunda recesión que producirán los recortes y la incapacidad de alcanzar los objetivos privatizadores”. El experto decía lo que el Gobierno calla porque en el proyecto de presupuesto no hay cifras relativas a ingresos procedentes de las privatizaciones.

Samarás tenía previsto reunirse con la troika y alguna fuente del Ministerio de Hacienda había filtrado que los hombres de negro de la comunidad internacional habían percibido en los números que les habían presentado detalles que no terminaban de convencerles. A Samarás le corresponderá hacerles ver que se equivocan.

Formalmente, del dictamen de estos expertos depende la liberación de los 31.500 millones pendientes del segundo rescate por valor de 130.000 en que se juega el futuro a corto y medio plazo de Grecia.

Pero ya se empiezan a oír voces que hablan de flexibilidad y transigencia. Y además, en alemán, en dos revistas germanas durante el pasado fin de semana que se hacía eco del temor de los países de la eurozona a una debacle griega.

El aparente objetivo es ganar tiempo en Grecia para trabajar en un paquete de salvamento de amplio espectro que permita abordar la crisis no como una sucesión de contratiempos sino como un fenómeno total.

El socialdemócrata alemán Peer Steinbrück, exministro de Finanzas de la canciller Angela Merkel, a la que dentro de un año disputará en las urnas la jefatura del Gobierno, ha expresado públicamente su opinión de que a los griegos hay que darles más tiempo para alcanzar los objetivos marcados de déficit, en principio, del 3% para 2014.

El previsto para 2013 es del 6,6%, frente al 9% que se espera en el actual ejercicio. Como orientación, las cifras que corresponden a España, que también debe alcanzar el 3% en 2014, son del 6,3% reclamado por Bruselas en 2012 (que el Gobierno espera contener en el 7,4%) y del 4,5% en 2013, según la Comisión.

Otro debate subterráneo tiene que ver con el deseo del FMI de que la ingente deuda griega, que llegará al 182,5% en 2013, vaya a acompañada de una nueva restructuración. Algo a lo que se opone Bruselas, lo mismo que los propios socios de la Unión se niegan a aceptar un tercer paquete de ayuda financiera, que, sin embargo, no repugna al socialdemócrata Steinbrück.

El borrador de presupuesto griego debe superar un escrutinio parlamentario en el que los analistas esperan todavía novedades. Aunque el ala izquierda de la heterogénea coalición gubernamental anuncia que hará todo lo que esté en su mano para salvar algo del naufragio, los politólogos griegos vaticinan que el Gobierno, que goza de una mayoría de 178 escaños en una Cámara de 300, tendrá un presupuesto a mediados de diciembre.

Dinero griego en paraísos fiscales

A la troika no parece temblarle el pulso a la hora de exigir disciplina a los griegos porque los hombres de negro saben que en Grecia hay dinero de sobra para tapar agujeros. Lástima que el dinero no esté donde debe, sino en paraísos fiscales y cuentas secretas de políticos y potentados de toda laya y persuasión política de ese dechado de corrupción que es Grecia.

Eso lo saben estos simples técnicos de la misión internacional que ayer por enésima vez aterrizaron en Atenas y lo saben sus jefes. Christine Lagarde, sin ir más lejos, en la actualidad responsable del Fondo Monetario Internacional, en su anterior avatar como ministra de Finanzas francesa envió en 2010 a su colega griego un CD con casi 2.000 nombres de griegos ilustres con depósitos en la filial ginebrina del banco HSBC.

El ministro entregó la preciosa prueba a la Unidad de Delitos Financieros del Ministerio de Finanzas (SDOE) y hasta hoy. El material desapareció de los archivos... si es que llegó a entrar en ellos. Porque no hay allí noticia de su llegada.

Estos días ha trascendido una lista con una treintena de nombres (exministros, diputados, exdiputados, exalcaldes) de distintas familias políticas, investigados por el SDOE por trapacerías de todo tipo. Todos lo niegan todo. Por ahora solo un exministro ha dado con sus huesos en la cárcel, un socialista que sacó extraordinario partido a su paso por la cartera de Defensa. De su casa, en un selecto barrio ateniense, se dice que es la segunda atracción de la capital, tras la Acrópolis.

Entre otros asuntos, el ministro está acusado de cobrar comisiones ilegales por la adquisición de submarinos… alemanes.

La furia popular con la clase política es tal que en Bruselas se comenta entre risas el caso de un alto responsable político conservador que tiene que vivir buena parte del año fuera de su país para escapar a la ira de sus compatriotas.

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