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Argentina rinde homenaje a la misión de la CIDH que denunció la dictadura

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos elaboró hace 30 años el primer informe sobre el terrorismo de Estado

Largas colas de amigos y familiares de detenidos de la última dictadura argentina (1976-1983) se formaban hace 30 años en la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) de la Avenida de Mayo, la Gran Vía de Buenos Aires, con la esperanza de denunciar la desaparición de sus seres queridos ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Ayer, Argentina comenzó a hacer memoria de aquella misión de la CIDH, dependiente de la OEA, que fue la primera en difundir por todo el mundo el terrorismo de Estado que asolaba a este país.

El ministro de Exteriores argentino, Jorge Taiana, estuvo entre los participantes de las jornadas extraordinarias organizadas por la CIDH en recuerdo de aquellos días de septiembre de 1979. Taiana había declarado ante el organismo como preso político en la cárcel de la ciudad sureña de Rawson. Había sido encarcelado en 1975 por el gobierno de Isabel Perón (1974-1976) acusado de presunto guerrillero. La misión se entrevistó con el entonces dictador, Jorge Videla, y otras autoridades de las fuerzas de seguridad. Además, visitó centros de detención y se reunió con periodistas, militantes de los derechos humanos, clérigos y sindicalistas. El 18 de abril de 1980, la comisión, con sede en Washington, difundió el Informe sobre Argentina, que denunciaba las 5.580 violaciones a los derechos humanos.

"Tarde pero importante"

El régimen rechazó el reporte e intentó censurarlo en su país. "Desde el punto de vista personal, haber podido contar lo que pasó fue como una cierta liberación en un momento en que no se sabía si uno iba a poder sobrevivir", comentó Taiana a la agencia Efe. La misión lo entrevistó en el gélido patio del penal de Rawson para evitar espías: "Yo hablaba a borbotones, porque tenía mucho para decir y había poco tiempo", recordó.

Hoy continuará la sesión conmemorativa con varios expositores, como la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el Premio Nobel de la Paz 1980 Adolfo Pérez Esquivel. La visita trajo "esperanzas entre las que buscábamos a dos generaciones en soledad", se refirió Carlotto a la desaparición de su hija embarazada. Pérez Esquivel, por su parte, consideró que la CIDH "llegó tarde", pero su misión fue "importante" para la condena mundial al régimen.