Qué pasó con los 13 presos de ETA por los que intercerdió la izquierda abertzale ante Interior

La mayoría de estos etarras no fueron acercados a prisiones próximas al País Vasco y Navarra hasta más de un año después de los contactos

Participantes en la manifestación convocada por el colectivo Sare de apoyo a los presos de ETA celebrada el pasado 8 de enero en Bilbao.
Participantes en la manifestación convocada por el colectivo Sare de apoyo a los presos de ETA celebrada el pasado 8 de enero en Bilbao.Miguel Toña (EFE)

El informe de la Guardia Civil que ha desvelado que en 2019 el portavoz de Sare (colectivo de apoyo a presos de ETA), el exconsejero vasco Joseba Azkarraga, y el parlamentario vasco de EH Bildu Julen Arzuaga mantuvieron contactos con altos cargos del Ministerio del Interior para hablar de la situación penitenciaria de los reclusos de la banda reproduce mensajes de WhatsApp en los que se cita por su nombre o alias a 13 internos etarras por los que supuestamente pretendía interceder. Son los incluidos en lo que uno de los participantes en un chat de la izquierda abertzale denominaba, en marzo de 2019, “la lista de prioridades” a trasladar a Interior para mejorar su situación penitenciaria.

En aquel momento, los acercamientos a cárceles próximas al País Vasco y Navarra se producían con cuentagotas y no superaban la treintena, a pesar de haber anunciado Pedro Sánchez casi un año antes, en el verano de 2018, un cambio de la política penitenciaria de dispersión entonces en vigor. Los datos penitenciarios de estos 13 presos a los que ha tenido acceso EL PAÍS apuntan a que aquellas gestiones fueron en su gran parte infructuosas. La mayoría tuvieron que esperar más de un año para ser acercados. En otros casos, las mejoras en su situación penitenciaria se produjeron por decisión judicial, a veces con el visto bueno de la Fiscalía.

Mikel Arrieta Llopis. Cuando supuestamente la izquierda abertzale intercedió por él, este etarra estaba recluido en la prisión de Algeciras (Cádiz), una de las más alejadas del País Vasco. Allí siguió 19 meses más, hasta que en octubre de 2020 Interior anunció que pasaría a ocupar una celda en la prisión de Soria. Seis meses después, en abril de 2021, fue de nuevo trasladado, en esta ocasión a la prisión de Martutene, en San Sebastián.

Aitziber Coello Onaindia. Pareja de otro etarra, que entonces sufría una grave enfermedad, cuando la izquierda abertzale planteó interesarse por ella, Interior ya se estaba tramitando un cambio en su situación penitenciaria para mejorar el régimen penitenciario que tenía entonces y que finalmente fue aprobado en mayo de 2019 por el juez de vigilancia penitenciaria. Entonces se le aplicó un programa específico de tratamiento, ya que se le concedió una semilibertad restringida por aplicación del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario.

Txus Martín Hernando. Los mensajes del chat apuntan la necesidad de que este etarra, englobado por la izquierda abertzale en el grupo de reclusos gravemente enfermos, disfrutase de un permiso de salida. Tuvo que esperar hasta junio de 2020 a que el juez de vigilancia penitenciaria le concediera, con el respaldo de Fiscalía, el primero, de tres días de duración. Martín estaba recluido en una cárcel vasca desde 2011, en la última época del Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero.

José Carlos Apestegía Jaca. Las gestiones de la izquierda abertzale para mejorar su situación penitenciaria pillaron a este etarra en la cárcel de Ocaña. Tuvo que esperar 21 meses para que Interior acordara finalmente su acercamiento. Fue en diciembre de 2020. En esa fecha también pasó a estar clasificado en segundo grado penitenciario, lo que le daba opción a solicitar permisos de salida. En mayo de 2021 se benefició de un segundo traslado y fui recluido en la prisión de Martutene.

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Ainhoa García Montero. Esta es la etarra de la lista que menos tiempo tardó en ser acercada: tres meses. En junio de 2019 fue enviada al penal de Topas (Salamanca), aunque se le mantuvo en el primer grado penitenciario, el más duro. Un año después, el juez le dio el segundo grado, pero la Fiscalía recurrió esta decisión y la Audiencia Nacional la volvió a clasificar en primer grado. En diciembre de 2020 fue trasladada a la prisión de Asturias y se le concedió el segundo grado.

Oier Urrutia González. Cuando su nombre apareció en el chat de la izquierda abertzale como uno de los que debía figurar en “la lista de prioridades”, Urrutia ya había sido acercado. Había sido trasladado poco antes desde la cárcel de A Lama (Pontevedra) a la de Logroño. También se le había clasificado en segundo grado. En julio de 2020 se le envió a la prisión de Zaballa (Álava) y se le dio el tercer grado o semilibertad, que en los últimos años se ha concendido a menos de 30 etarras.

Karmelo Lauzirika Orive. La izquierda abertzale aspiraba que este etarra fuera recluido en la prisión de Logroño, junto a su pareja, Marta Igarriz, que estaba en esa cárcel desde 2018. No lo consiguió. En octubre de 2020 fue trasladado desde la prisión de Castellón a la de Zaballa (Álava). En agosto de 2019 el juez le había concedido el segundo grado penitenciario.

Oskarbi Jauregi Amondarain. Los participantes en el chat se quejaban de que esta etarra estaba sola en la prisión de Teixeiro (A Coruña) y proponían enviarla a la cárcel de Villabona, en Asturias. También lo consiguieron. Jauregi tuvo que esperar a noviembre de 2020 para abandonar el penal gallego. Lo hizo con destino a la prisión de Martutene. En 2019 consiguió finalmente acceder al segundo grado penitenciario.

Lierni Armendariz González de Langarica. Al igual que la anterior, estaba en una prisión gallega. En su caso, en la de A Lama, en Pontevedra. La izquierda abertzale pretendía que fuera llevada a la prisión asturiana de Villabona. Sin embargo, su primer traslado fue a la de El Dueso (Cantabria) y para ello tuvo que esperar a septiembre de 2020. Entonces se la clasificó también en segundo grado penitenciario. El pasado enero fue de nuevo trasladada, en esta ocasión a la prisión de Martutene.

Sebas Etxaniz Alkorta. En el cruce de mensajes, uno de los participantes en el chat reclama que se consiga a este preso permisos de salida. No lo consiguió hasta julio de 2020, cuando fue clasificado en tercer grado y pasó a disfrutar de la semilibertad. Etxaniz era entonces el preso etarra de mayor edad, con 76 años.

Joseba Arregi Erostarbe, Fiti. Este dirigente etarra, uno de los tres detenidos en 1992 en un caserío de la localidad francesa de Bidart, estaba en la cárcel de Villena (Alicante) cuando se produjeron los contactos de la izquierda abertzale, que aspiraba a que fuera trasladado a la prisión de Burgos. No fue así. En diciembre de 2019 fue llevado a la prisión de Asturias y se le mantuvo en primer grado. En octubre de 2020 pasó a ocupar una celda en la prisión de Martutene y progresado a segundo grado. Fiti escribió en 2018, tras la disolución de la banda, una carta pidiendo perdón a las víctimas.

Zigor Orbe Sevillano. Los integrantes de chat plantearon en mayo de 2019 pedir a Interior su acercamiento. En aquel momento Orbe acababa de ser trasladado de Puerto I a Puerto II, dos de los tres centros penitenciarios situados en el Puerto de Santa María (Cádiz), de los más alejados del País Vasco. El parlamentario Julen Arzuaga planteó en un correo electrónico al secretario general de Prisiones, Ángel Luis Ortiz, que Orbe “pueda ser trasladado prontamente a un destino más cercano a su familia y lugar de residencia”. Sin embargo, el preso etarra siguió en la cárcel gaditana 20 meses más, hasta enero de 2021, cuando fue llevado a la prisión de Zaballa (Álava). En su caso, el juez le concedió en 2019 el segundo grado penitenciario, pero la Fiscalía recurrió y la Audiencia Nacional le devolvió a primer grado. No consiguió acceder al segundo grado hasta enero de 2021.

Aitzol Gogorza Otaegi. El parlamentario Julen Arzuaga reenvió el 25 de febrero de 2019 a sus compañeros el mensaje que supuestamente le había enviado el secretario general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Luis Ortiz, en el que este le explica que la prisión de Basauri (Bizkaia) donde estaba recluido Gogorza había acordado enviar al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria el programa de tratamiento individualizado del preso por la grave enfermedad mental que entonces sufría. El objetivo era que el magistrado diese el visto bueno al traslado a un hospital de San Sebastián. Un mes después, en abril, el juez autorizaba, con el apoyo de la Fiscalía, la excarcelación por motivos de salud de Gogorza, para que terminara de cumplir el resto de su condena en el hospital y, cuando fuera dado de alta, en su domicilio sin poder salir bajo el estricto control de un dispositivo telemático. En el auto, el juez prohibió al etarra participar “de forma directa o indirecta” en actos de apoyo a la organización terrorista o sus reclusos, o que puedan suponer “desprecio, agravio o daño a las víctimas del terrorismo”.

Sobre la firma

Óscar López-Fonseca

Redactor especializado en temas del Ministerio del Interior y Tribunales. Llego a EL PAÍS en marzo de 2017 tras una trayectoria profesional de más de 30 años en Ya, OTR/Press, Época, El Confidencial, Público y Vozpópuli. Es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid.

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