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Restaurantes peronistas en Buenos Aires: pastel de ‘papas’, nostalgia y resistencia

En los últimos años, en Buenos Aires ha surgido un particular restaurante temático: el peronista. Los clientes no solo buscan disfrutar de la gastronomía, sino también un lugar de pertenencia, más ahora que el peronismo ha sido expulsado de la Casa Rosada por el ultraliberal Javier Milei. Cada local tiene sus peculiaridades, pero hay algo que es constante en todos: sirven pastel de carne, el plato favorito de Juan Domingo Perón

Restaurantes peronistas Buenos Aires
Los comensales del Perón Perón pueden dejar sus mensajes en las paredes. Varias veces por noche, en el restaurante suena la música de “Los muchachos peronistas”, la principal marcha del partido.Mariano Herrera

El peronismo es un invento argentino, inexplicable para el resto del mundo”, dice Daniel Narezo (54 años), el dueño de los restaurantes Perón Perón. “Ni de derecha ni de izquierda. Somos un movimiento que alberga muchas corrientes de distintas posiciones, pero que confluimos en una idea común: nuestro interés por los más vulnerables”.

En su oficina del porteño barrio de Palermo, Narezo cuenta que militó desde muy chico y que las unidades básicas (los locales del partido) eran terribles: “Frías, húmedas, aburridas”. Así, se le ocurrió la posibilidad de inventar algún lugar de reunión y debate que fuera más interesante. En 2010, una amiga le comentó que tenía un bar que se había fundido y él le propuso armar un restaurante partidario: los platos tendrían nombres de fantasía. Por ejemplo, a la tabla de fiambres decidió ponerle Pedro Eugenio, en alusión al presidente de facto Pedro Eugenio Aramburu, secuestrado y asesinado por la organización guerrillera peronista Montoneros. El golpe de marketing fue efectivo.

El periodista y productor Daniel Narezo es fundador y dueño de tres restaurantes Perón Perón (dos en Buenos Aires y uno en Córdoba). “Desde hace mucho tiempo, tengo ganas de abrir uno en Madrid y estoy buscando inversores. Ya estuve viendo locales en Malasaña, Chueca y Lavapiés”, cuenta.
El periodista y productor Daniel Narezo es fundador y dueño de tres restaurantes Perón Perón (dos en Buenos Aires y uno en Córdoba). “Desde hace mucho tiempo, tengo ganas de abrir uno en Madrid y estoy buscando inversores. Ya estuve viendo locales en Malasaña, Chueca y Lavapiés”, cuenta.Mariano Herrera

“Los diarios enemigos del peronismo nos dedicaron un montón de notas para criticarnos, pero eso nos sirvió para que muchos compañeros supieran de nuestra existencia”, dice Narezo, y cuenta que la idea es que en el restaurante se disfrute de “una comida hogareña como la que hacían las abuelas”. Ejemplifica: el osobuco con polenta. Y, por supuesto, el pastel de carne (en Argentina, pastel de papas): “El preferido del general”.Por otra parte, dice, se crea una atmósfera de confianza: “Los comensales conversan o hacen chistes con los de otras mesas. Como todos nos percibimos compañeros, existe una afinidad preexistente: estar acá ya implica tener mucho en común”.

Sus restaurantes se caracterizan por la estética: murales, fotos y altares integran la escenografía del partido. Cuenta Narezo que de La Bodeguita del Medio, en La Habana, sacó la idea de que la gente pudiera dejar un mensaje. Así, en las paredes se leen saludos, deseos y comentarios políticos. A metros de donde alguien escribió la frase de la expresidenta argentina y peronista Cristina Fernández de Kirchner: “El amor vence al odio”, otro puso la de Perón: “Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia”. Entre 1946 y 2023, de Juan Domingo Perón (1895-1974) a Alberto Fernández, Argentina ha tenido seis presidentes peronistas, que ganaron 10 elecciones.

Los platos del Perón Perón tienen nombres de fantasía. La pechuga con panceta crocante, papas al romero, rúcula y chutney de cebolla se titula “A poner el pecho”. Se puede acompañar con un “Stalin” (Caipiroska) o con un “Lula” (Caipirinha).
Los platos del Perón Perón tienen nombres de fantasía. La pechuga con panceta crocante, papas al romero, rúcula y chutney de cebolla se titula “A poner el pecho”. Se puede acompañar con un “Stalin” (Caipiroska) o con un “Lula” (Caipirinha). Mariano Herrera

La comida es política

“Yo no tengo un restaurante temático”, aclara el salteño Gonzalo Alderete Pagés (50 años), exchef del Perón Perón y actual dueño de Santa Evita. “Tengo un restaurante político y esta es una forma de militancia. Las unidades básicas fueron perdiendo lugar y hoy, en momentos como este en el que [el presidente Javier] Milei está tirando abajo leyes del peronismo, es cuando más necesitamos juntarnos”. En el Santa Evita hay un altar, con la foto de Eva Perón, velas, flores y una máquina de coser Singer como las que la primera dama entregaba a quienes se la pedían. El plato de la casa es la empanada salteña: jugosa y hecha en horno de barro. “Sin dudar, podría decir que está entre las mejores cinco de la Argentina”, dice orgulloso, y enumera los pescados que también cocina en ese horno: mújol, corvina, lenguado.

Alderete Pagés piensa que el argentino atraviesa una adolescencia gastronómica. “Con muchos prejuicios, come por imitación, por modas. Tiene limitaciones en lo agridulce, los picantes, los fermentos. Yo creo que hay que expandirse más. Por eso hago platos que desafían al paladar y enseñan a probar sabores y contrastes: uso condimentos como canela, clavo de olor, anís estrellado o azúcar morena”. “Cocinar es un acto político”, sentencia. “La gente piensa que elige lo que come: en realidad, elige dentro de lo que le ofrecen. Intento salir de la hegemonía de la vaca, cocinando búfalo o jabalí. Así, vendo un producto asociado a la alta cocina, como la carne de caza, a un precio popular en un restaurante peronista”, explica.

El dueño de Perón Perón dice que los comensales hablan y hacen chistes con los de otras mesas. “Como nos percibimos ´compañeros´, existe una afinidad preexistente”, indica.
El dueño de Perón Perón dice que los comensales hablan y hacen chistes con los de otras mesas. “Como nos percibimos ´compañeros´, existe una afinidad preexistente”, indica.Mariano Herrera

Varias veces cada noche, en los Perón Perón y en el Santa Evita, suena la música de Los muchachos peronistas, la principal marcha del partido (que en sus inicios se llamó Partido Peronista y finalmente Partido Justicialista). Algunos clientes se ponen de pie y cantan a viva voz: “Por ese gran argentino / que se supo conquistar / a la gran masa del pueblo / ¡combatiendo al capital!”. Otros sonríen incómodos o se quedan callados. “En ese momento”, dice Pagés, “se nota bien claro quién es peronista”. Con un marcador en la mano, la educadora Sara Penco se acerca a una de las paredes. Cuenta que vive en Piriápolis, Uruguay, y que es la primera vez que viene a comer aquí. Es peronista por convicción y herencia familiar. Su padre, Manuel, que falleció hace algunos años, era afiliado al Partido Justicialista. Concentrada en la prolijidad del trazo, escribe: “Manolo, acá estamos: cumpliendo con la patria”.

Un café de colección

En las vitrinas de otro local peronista, Un Café con Perón, se exhiben una camisa de seda usada por Juan Domingo Perón —fundador del peronismo y tres veces elegido presidente, cargo que ocupó de 1946 a 1955 y de 1973 a 1974—, naipes y estampillas con su cara, cartas de puño y letra, medallas, una farola que iluminaba la residencia de Puerta de Hierro durante su exilio en Madrid, una sidra de 1949 sin tomar (en la etiqueta se lee: “Queridos descamisados, Feliz Navidad y Año Nuevo”), una vela (enorme y derretida) usada durante su velatorio y libros que formaron parte de su biblioteca. En la entrada, acomodada sobre la mesa, una estatua tamaño natural de Perón, que sonríe rígido. “Esto no es solo un bar, es un pedazo de la historia argentina”, dice Leonardo Duva, presidente de la cooperativa que tiene a cargo la concesión del lugar.

“Un café con Perón” funciona al lado del Instituto Juan Domingo Perón. Exfuncionarios peronistas, simpatizantes y afiliados al partido se cruzan con turistas curiosos.
“Un café con Perón” funciona al lado del Instituto Juan Domingo Perón. Exfuncionarios peronistas, simpatizantes y afiliados al partido se cruzan con turistas curiosos. Mariano Herrera

La casona, ubicada en la misma manzana de Capital Federal que la Biblioteca Nacional, pertenecía al palacio Unzué, símbolo de la aristocracia porteña a comienzos del siglo XX. Perón la adoptó como residencia en sus dos primeras presidencias. Declarada monumento histórico nacional, allí también funciona el Instituto Juan Domingo Perón. “Acá no ponemos la marcha peronista. No lo necesitamos”, dice sonriente Duva, y comenta que en la parte de atrás del bar hay un microcine donde se proyecta un documental que cuenta la historia del palacio.

El menú es de gastronomía porteña: bife de chorizo, milanesas y, por supuesto, el clásico choripán y el pastel de carne. “A pesar de que estamos en pleno Recoleta, tenemos precios populares y económicos”, aclara Duva, y cuenta la anécdota del anciano que empezó a palidecer después de cenar pastel de carne con dos botellas de vino. Llamaron a la ambulancia. Temían por su vida. Momentos antes de que llegaran los enfermeros, el hombre llamó a Duva, le pidió que no le dijera nada al hijo y le confesó: “A mí el médico me dijo que no tomara alcohol… Pero si me muero acá, en la casa de Perón y de Evita, ¿qué problema me voy a hacer?”.

El choripán (chorizo asado entre dos panes) suele venderse en las movilizaciones y en los estadios de fútbol. También se come, antes de la carne, en los asados. En la fotografía, choripán fotografiado en “Un café con Perón”.
El choripán (chorizo asado entre dos panes) suele venderse en las movilizaciones y en los estadios de fútbol. También se come, antes de la carne, en los asados. En la fotografía, choripán fotografiado en “Un café con Perón”.Mariano Herrera
Leonardo Duva, presidente de la cooperativa a cargo de “Un café con Perón” dice que el lugar “no es un bar: es un pedazo de la historia argentina”. Allí funcionó la residencia presidencial hasta 1955.
Leonardo Duva, presidente de la cooperativa a cargo de “Un café con Perón” dice que el lugar “no es un bar: es un pedazo de la historia argentina”. Allí funcionó la residencia presidencial hasta 1955.Mariano Herrera

Un restaurante sin ideología

El edificio que acoge el Museo Evita se construyó en 1923, como un hotelito de estilo francés. Años después fue reformado y, en 1948, la Fundación de Ayuda Social Eva Perón lo compró y lo convirtió en un “hogar de tránsito”. Allí recibían a mujeres con problemas de salud, vivienda o trabajo. La mayoría se quedaba una semana mientras trabajadores sociales las ayudaban a solucionar sus problemas. El museo se inauguró en 2002. Distribuidos en 13 salas, hay vestidos de gala de la primera dama, sombreros, su libreta cívica (la número 1), fotos, publicaciones y las cartas que Perón le mandó cuando estuvo preso en la isla Martín García y en las que le prometía matrimonio para cuando saliera en libertad.

Sin embargo, frente a la pregunta de si el restaurante del museo es peronista, el encargado duda, parece incómodo. Se queda en silencio un momento. “El barrio no es peronista”, dice, y señala la calle de Juan María Gutiérrez, en pleno Palermo. “Por la zona y por los precios, yo diría que no se enmarca en los ideales del peronismo: está más orientado al turismo”. Luego explica que el menú es italoporteño: hay pastas, carnes, pescados. En las paredes, cuadros de la cara de Eva Perón (1919-1952) de distintos artistas argentinos, que pertenecen al museo. “Lo único que se podría decir partidario es el escudo que está ahí afuera”. Señala una obra con forma de escudo que, en el frente, tiene cuatro ruedas dentadas. Una obra conceptual, sin siglas ni nada que remita al peronismo.

Alberto “Tito” Mansur y Jorge Carlos Berbere Delgado se conocieron en 1985 en las audiencias del Juicio a la Junta Militar. Mansur era el secretario de asuntos legales de la Comisión sobre la Desaparición de personas (Conadep). A casi 40 años, una vez por mes, se juntan a charlar y discutir sobre política en “Un café con Perón”.
Alberto “Tito” Mansur y Jorge Carlos Berbere Delgado se conocieron en 1985 en las audiencias del Juicio a la Junta Militar. Mansur era el secretario de asuntos legales de la Comisión sobre la Desaparición de personas (Conadep). A casi 40 años, una vez por mes, se juntan a charlar y discutir sobre política en “Un café con Perón”. Mariano Herrera

Militancia a la parrilla

El mozo del NK Ateneo, Juan Bernhard, no aparenta los 64 años que dice tener. Viste camisa y pantalón negro y, a la altura del corazón, lleva un pin con el escudo del Partido Justicialista. “Yo esto no me lo pongo para chuparle las medias al dueño”, aclara. “El peronismo lo llevo en la sangre. Mi casa era un bastión militante”, dice a metros de una mesa en la que hay una estatua de Néstor Kirchner (1950-2010), los brazos cruzados, la expresión reflexiva. En las paredes, fotos poco conocidas del expresidente que el dueño del lugar, Fernando Oyarzo, consiguió por intermedio de su tío Rudy Ulloa, exchófer y amigo de Kirchner.

Bernhard, que trabaja en el restaurante desde que abrió hace tres años, cuenta que durante la campaña presidencial se hacían reuniones abiertas para debatir acciones políticas. La especialidad de la casa es la parrilla y el toque distintivo, el cordero patagónico, plato preferido de Kirchner. También hay pastas, pescados, minutas. “He discutido por compañeros que hablan mal de Evita por la foto que está ahí”, cuenta, y señala una imagen de Eva Duarte junto a Francisco Franco. “Con clientes, no. Pero al que viene con mala onda, lo acompaño a la puerta”. Y explica: “Si te quedás a comer, callate la boca y respetá. Si no, andate a otro lugar”.

El dueño de Santa Evita, Gonzalo Alderete Pagés, dice que en Argentina siempre se cocinó mirando para afuera: “Los chefs más reconocidos no le prestaron atención a nuestras raíces y a nuestra gastronomía”.
El dueño de Santa Evita, Gonzalo Alderete Pagés, dice que en Argentina siempre se cocinó mirando para afuera: “Los chefs más reconocidos no le prestaron atención a nuestras raíces y a nuestra gastronomía”.Mariano Herrera
Florencia Barrientos Paz, pareja de Gonzalo Alderete Pagés, se encarga de preparar los postres en Santa Evita. El zapallo en almíbar, hecho con cal viva para que los bordes queden rígidos, es su especialidad.
Florencia Barrientos Paz, pareja de Gonzalo Alderete Pagés, se encarga de preparar los postres en Santa Evita. El zapallo en almíbar, hecho con cal viva para que los bordes queden rígidos, es su especialidad. Mariano Herrera

Sabores de otra época

Nicolás Quirno Costa se define como un nostálgico. Quizás por eso decidió que el restaurante La Capitana, que abrió en julio de 2022, remitiera a la Argentina de los años cuarenta y cincuenta: el primer peronismo. Para decorarlo, tuvo que visitar varios anticuarios. La comida se compone de platos de la época: milanesa a la napolitana, empanadas criollas. “No queremos innovar. Buscamos los sabores de aquellos años”, dice, y cuenta que la música que suena en el local es tango (Nelly Omar, Tita Merello, Carlos Gardel), bolero, jazz y foxtrot.

Para Quirno Costa, el peronismo es una filosofía que busca entender la vida, tratando de sentir lo que al otro le está pasando. “Saber que uno no se realiza si los demás no se realizan”, dice. “Acá recibimos un público muy variado. Pero a diferencia de otros restaurantes, no tenemos una visión antigorila. Obviamente que quienes nos detestan y piensan que el peronismo es lo peor de la Argentina lo van a sentir como una grieta, porque acá también se canta la marcha”, explica. “Pero al que es antiperonista, igual lo atendemos bien. Tratamos de que se afilie al partido. Le decimos: ‘¿Viste que, al final, los compañeros no éramos tan malos?”.

Al recorrer las salas del Museo Evita, el visitante puede conocer la historia de Eva Duarte: su niñez, su juventud, su lucha por los derechos cívicos femeninos, la obra social, el renunciamiento y su muerte.
Al recorrer las salas del Museo Evita, el visitante puede conocer la historia de Eva Duarte: su niñez, su juventud, su lucha por los derechos cívicos femeninos, la obra social, el renunciamiento y su muerte.Mariano Herrera

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