Mujeres artistas: ignoradas por los museos, celebradas en las redes

Impulsado por historiadoras, comisarias y creadoras, un movimiento defiende el ámbito digital como la nueva sala de exposiciones que a veces niegan museos, galerías y escuelas a las mujeres.

Cartel de 1987 para una exposición de Guerrilla Girls en The Clocktower (Nueva York).
Cartel de 1987 para una exposición de Guerrilla Girls en The Clocktower (Nueva York).Guerrilla Girls

Como los pósteres que colgaron en 1968 las Guerrilla Girls denunciando la escasa representación femenina en los museos neoyorquinos, los posts que muestran las obras de Plautilla Nelli, Paula Moder­sohn-Becker o Marianne von Werefkin son dardos contra el canon hegemónico. Las mujeres han encontrado en las redes sociales la sala de exposiciones que a menudo les ha sido negada en museos, galerías y escuelas.

Eso, en lo que al panorama del arte actual se refiere, donde la escasa presencia femenina es una evidencia. Salvando las distancias, también en el contexto de la perspectiva histórica, las instituciones apenas han empezado a andar el camino. La National Gallery de Londres expuso por primera vez en 2020 a una artista del Barroco, Artemisia Gentileschi. Y desde que tuvo lugar en 2016 la primera exposición temporal dedicada a una pintora (la flamenca Clara Peeters, de principios del XVII), el Prado ha acogido solo a tres más. El porcentaje de presencia femenina en la pinacoteca es del 0,8%. Mientras, gente como Concha Mayordomo y Mai Der o colectivos como MAV y Visionary Women llevan años divulgando la obra y vida de las artistas que quedaron en la penumbra.

La historiadora británica Katy Hessel dice que abrió el perfil de Instagram The Great Women Artists “por pura necesidad”, cuando, siendo una estudiante de Bellas Artes, se percató de que no era capaz de nombrar a más de cinco creadoras. Ocho años después, con más de 230.000 seguidores, ha sido nombrada por Forbes una de las personas más influyentes de la cultura en Europa. “Mi objetivo es llegar a las masas. Los museos progresan, pero aún queda mucho camino por recorrer, sobre todo en el trabajo de mujeres anteriores a 1950″, explica por teléfono. La proliferación de estas iniciativas en redes se debe a su fácil acceso e inmediatez, su carácter visual y el renovado interés por el feminismo en internet. La socióloga Amparo Luengo resume: “Las redes favorecen a las personas que no encuentran espacio en otros lugares”. Para la historiadora especializada en género Eugenia Tenenbaum, “Instagram es la democratización de los saberes y del poder que no ocurre dentro de las instituciones”.

Según el último Informe sobre la aplicación de la Ley de Igualdad, solo el 26% de las piezas que se expusieron en 2019 en Arco eran de autoría femenina, de ellas un 6% de artistas españolas. En contraste, en 2018 las mujeres registraron mínimamente más obras artísticas en el Registro de la Propiedad que los hombres (50,1%). Hoy representan solo el 21% en el Guggenheim y el 14% en el Reina Sofía, según datos de los museos. Para la subdirectora del Centro Dos de Mayo, Tania Pardo, aún existe “esa concepción del genio encerrado en el taller, en la que parece que no tenemos cabida. Pero la mujer ha estado siempre”.

Las redes no se erigen únicamente como mundo paralelo. También despiertan un interés en los espacios convencionales. Pardo señala que las redes son para los programadores de centros “una ventana para descubrir nuevos artistas”. CA2M acaba de adquirir la investigación de Diana Larrea, quien publicó, durante dos años, a una artista al día en su perfil de Facebook. Convertida ahora en obra de arte, Tal día como hoy reúne el trabajo de 625 mujeres.

Historiadoras, comisarias y creadoras trabajan desde los márgenes para empujar el cambio en la narrativa de los museos y en el currículo de las universidades. Tenenbaum, que acude a las redes porque sostiene que dentro de las instituciones los discursos a los que se adscribe “no son bienvenidos”, lo tiene claro: “Si no vais a hablar de esto, pues tendré que hacerlo yo”.

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