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Ratas contra la tuberculosis

Esta enfermedad es la que más mata en el mundo: más de un millón y medio de muertes cada año. Pero, se puede curar si se diagnostica. En Etiopía se sirven del olfato de los roedores para detectarla. Visitamos uno de los laboratorios donde se usan

Las ratas de Apopo no trabajan más de media hora seguida. Luego las colaboradoras de la ONG las devuelven a sus jaulas.
Las ratas de Apopo no trabajan más de media hora seguida. Luego las colaboradoras de la ONG las devuelven a sus jaulas.

En un pequeño laboratorio de la periferia de Adís Abeba, dos mujeres con bata blanca salvan vidas. Lo hacen con una tablilla portapapeles y una rata marrón de gran tamaño llamada Maliwaza. El roedor está encima de una plancha de acero inoxidable con diez orificios redondos. Es lunes por la mañana y Maliwaza acaba de despertarse. Pestañea al resplandor de la luz, y a continuación se pone en marcha.

El animal se desliza velozmente por la plancha olfateando cada agujero. En el segundo, rasca el metal con las patas. "Dos", anuncia la técnica de laboratorio. En el quinto vuelve a rascar. "Cinco", dice ahora la trabajadora. Dos muestras identificadas que tal vez equivalgan a otras tantas vidas salvadas. Maliwaza huele la tuberculosis.

Esta enfermedad es la infección mortal más frecuente del mundo. En 2018 causó la muerte de un millón y medio de personas, es decir, una cada 20 segundos. La cifra supera a la del sida y la malaria juntas. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año 10 millones de personas la contraen. África es el continente en el que la tuberculosis acaba con más vidas en relación con la población total. Aunque la dolencia se puede tratar con antibióticos, si no se diagnostica correctamente, suele resultar mortal, como ocurre sobre todo en los países en desarrollo. Ahí entran en juego Maliwaza y sus congéneres.

La idea de utilizar a los animales para detectar la infección se le ocurrió a un belga que no sabía nada de medicina, pero mucho de roedores. Su ONG Apopo ya había utilizado ratas en la década de 1990 para localizar minas en África, el sudeste de Asia y Sudamérica. Estos animales tienen un olfato tan fino que son capaces de oler los explosivos en el suelo, y como son tan ligeras, no hacen estallar los dispositivos.

Una de las ratas detectoras de tuberculosis es alimentada.
Una de las ratas detectoras de tuberculosis es alimentada.

Entrenamiento animal

En 2002 empezaron a entrenar a las ratas para que detectasen la tuberculosis. Actualmente, estos heroicos animales ayudan a reconocer la enfermedad en tres países: Tanzania, Mozambique y, desde hace un año, Etiopía.

Negussi Beyene es el señor de las ratas de Adís Abeba. Este químico de 47 años dirige el laboratorio de Apopo en Etiopía. "Jamás hubiese imaginado que llegarían a ser mis colaboradoras", reconoce. Además, son el logotipo de la organización. Beyene recibe visitas casi a diario. Todo el mundo quiere verlas. Esta mañana ha recibido a un grupo de monjas. Además, tienen camisetas con una rata impresa, productos de promoción relacionados con estos animales y un programa de apadrinamiento. Apopo se financia exclusivamente con donaciones, y las pruebas de tuberculosis que realiza para pacientes y hospitales son gratuitas.

Beyene recibe visitas casi a diario. Todo el mundo quiere ver a las ratas. Esta mañana ha recibido a un grupo de monjas

En el laboratorio, Maliwaza olfatea las muestras de esputo que hay debajo de la plancha metálica. Es decir, la mucosidad de los pulmones que expulsan los enfermos de tuberculosis al toser. En 20 minutos, el animal examina 100 muestras. Un técnico tardaría cuatro días en reconocer la misma cantidad utilizando un microscopio.

"Las ratas no son solo muchos más rápidas que los diagnosticadores convencionales", explica el especialista, "sino que, además, descubren casos que antes pasaban desapercibidos". Los roedores son capaces de oler la tuberculosis incluso en muestras en las que la concentración de bacterias es tan baja que difícilmente se puede detectar al microscopio.

Esta capacidad salva vidas, sobre todo de niños y enfermos de sida. En el primer caso, porque es difícil que expulsen una cantidad suficiente de esputo. En el segundo, porque debido al debilitamiento de su sistema inmunitario, basta una pequeña concentración de agentes patógenos para que contraigan la infección.

Habtamariam Nigatu atiende a enfermos de tuberculosis en el hospital Filipos de Adís Abeba.
Habtamariam Nigatu atiende a enfermos de tuberculosis en el hospital Filipos de Adís Abeba.

Grandes roedores

"Las ratas descubren un 40% más de casos", calcula Lena Fiebig, directora del departamento de tuberculosis de Apopo. Solo en los últimos años se diagnosticaron por este procedimiento 15.000 casos que se habían escapado a los hospitales. 15.000 personas recibieron tratamiento a tiempo porque una rata hizo sonar las alarmas. 

Las ratas de Apopo no solo son especiales. También son especialmente grandes, del tamaño de un gato pequeño. A diferencia de la rata común (Rattus rattus), que vive tres años como máximo, Maliwaza y sus compañeras de especie pueden llegar a vivir ocho. Por eso no importa que se tarde tanto en amaestrarlas, una labor que se realiza en la sede central de Apopo en Tanzania. Después, una parte de ellas se queda allí, mientras que las demás abandonan el país y se trasladan por avión al destino donde llevarán a cabo su labor en Mozambique o Etiopía.

En Adís Abeba, Apopo colabora con más de 50 hospitales. Los mensajeros motorizados parten en dirección a los centros médicos donde recogen las pruebas que luego transportan al laboratorio atravesando el denso tráfico de la capital de Etiopía.

Uno de los centros que confía sus muestras a Apopo es el hospital Filipos, un sanatorio público situado sobre una colina con vistas a la ciudad al que acuden sobre todo habitantes del barrio. A pesar de sus buenos resultados en la lucha contra la tuberculosis, Etiopía sigue siendo uno de los 30 países del mundo más castigados por la enfermedad.

Al hospital Filipos llegan cada día personas con tos y fiebre. La mayoría pasa en algún momento por el consultorio de Habetemaryam Nigatu, uno de los especialistas del centro. El doctor está sentado en su despacho, hojeando las historias clínicas de sus pacientes. "Aquí: Alem, 18 años, curada de tuberculosis", cuenta. "O este otro: Yonas, de 35, que ha vuelto a trabajar". Nigatu lee los nombres de pacientes diagnosticados gracias al olfato de los roedores. "Son una ayuda impresionante", afirma el doctor, "sobre todo porque tomamos muchísimas muestras".

Apopo confirma todas las muestras identificadas como positivas por el olfato de los animales, esta vez con un microscopio led. Existen muchos métodos para verificar la presencia de tuberculosis, pero solo dos son reconocidas internacionalmente como referente: la microscopía led y el GeneXpert, una prueba extremadamente precisa basada en los análisis de ADN. Ambos son todavía más fiables que las ratas, pero también más lentos y caros.

Además, necesitan un suministro eléctrico estable y personal cualificado. A las ratas solo les hace falta comida, agua y un corral. Precisamente en los sitios donde la tuberculosis es más frecuente, como África y el sudeste de Asia, estos animales ofrecen una alternativa idónea y eficaz a las costosas tecnologías de diagnóstico.

Negussie Beyene ya ha trabajado para Apopo en Tanzania y Mozambique. Actualmente dirige el laboratorio de Adís Abeba.
Negussie Beyene ya ha trabajado para Apopo en Tanzania y Mozambique. Actualmente dirige el laboratorio de Adís Abeba.

Este reportaje fue publicado originalmente en alemán en la sección Globale Gesellschaft de Der Spiegel.

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