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Nueva York contra Amazon

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La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, principal opositora al proyecto para la nueva sede de Amazon en Nueva York, ya anulado. AP

La congresista demócrata Alexandria Ocasio-Cortez consigue derribar el proyecto de nueva sede de la compañía en Queens tras una fuerte polémica

NO SOMOS suficientemente conscientes del daño real que los políticos oportunistas y demagogos causan en nuestra vida. Estamos tan acostumbrados a grandes promesas incumplidas, declaraciones ­vacías y soflamas para la galería que damos por sentada la irrelevancia de los actos de nuestros dirigentes, a los que no tomamos del todo en serio, ni siquiera a los que votamos. Gran error. Lo cierto es que los malos políticos nos perjudican enormemente, complican nuestra existencia y comprometen nuestro futuro.

Pocas veces se ha podido comprobar con más claridad que hace unos días en Nueva York. La compañía Amazon anunció el 14 de febrero su decisión de cancelar su plan de construir una de sus dos mayores sedes fuera de California en el barrio neoyorquino de Queens, lo que suponía la creación de 25.000 empleos directos y una estimación de ingresos de 27.000 millones de dólares (cerca de 24.000 millones de euros) por los impuestos que la compañía ha de pagar en las dos próximas décadas.

Más de 200 grandes ciudades del país se habían peleado por esa sede —la otra estará en el norte de Virginia, junto a Washington— y todas, como hizo Nueva York, habían ofrecido a Amazon ventajas fiscales para favorecer su instalación. Este argumento fue inmediatamente esgrimido por varios políticos locales, encabezados por la nueva congresista Alexandria ­Ocasio-Cortez, elegida por el distrito de Queens y representante de la corriente de izquierda del Partido Demócrata, para lanzar una campaña contra la sede de Amazon, a la que presuntamente se favorecía en detrimento de otras ayudas para problemas más urgentes en la ciudad, como la vivienda y los transportes.

Detrás de toda demagogia hay siempre un punto de realidad. Es cierto que Queens tiene un problema de vivienda y de transporte, y que la mejora del metro es una vieja reivindicación de la ciudad. El argumento del gobernador, Andrew Cuomo, y del alcalde, Bill de Blasio, ambos también demócratas, pero ambos del lado de los partidarios de Amazon, era que la riqueza generada por la instalación en la ciudad de un gigante tecnológico haría más fácil y más rápida la solución de otros problemas sociales.

El conflicto se fue enredando con el paso de los días. Algunos sindicatos plantearon sus propias demandas laborales a la empresa. Grupos ecologistas protestaron por el daño que se causaría al medio ambiente, y otras organizaciones de todo género surgieron para alertar sobre el perjuicio para el comercio local, para la convivencia entre la población. En fin, aquello parecía la llegada de un tifón.

Nada de esto, por cierto, parecía reflejar la opinión verdadera de la población. Una encuesta que The New York Times hizo en diciembre pasado mostraba un 57% de apoyo a la sede de Amazon y un 26% de oposición. El respaldo era aún mayor entre hispanos (65%) y negros (63%). También se apoyaban, aunque por menos margen, las ayudas fiscales a la empresa.

No importan esas cifras. Prevaleció la política. Como dijo Cuomo, “un pequeño grupo de políticos puso sus estrechos intereses por encima de los de la comunidad y del futuro económico del Estado”. Nueva York, que está perdiendo protagonismo poco a poco respecto a Washington y otras ciudades, deja pasar ahora una oportunidad que seguramente lamentará.

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