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Qué es exactamente la homeopatía (y por qué no funciona)

El Ministerio de Sanidad está a punto de presentar la orden ministerial por la que regulará su comercialización en nuestro país

La homeopatía se basa en la doctrina del médico sajón Samuel Hahnemann que a finales del siglo XVIII proclamó que lo similar cura lo similar. Así, para tratar una enfermedad, según esta terapia, se ha de usar la misma sustancia que causa sus síntomas, pero diluida en agua hasta proporciones infinitesimales, como le explicamos en BuenaVida. Infinitesimales porque la mayoría de remedios homeopáticos no contiene ni una molécula del supuesto agente sanador, como reconocen los propios fabricantes.

"La homeopatía se basa en los efectos terapéuticos de sustancias cuya toxicidad se suprime utilizando dosis muy pequeñas, hasta el nivel conocido como 'infinitesimal'", explica en su web Boiron, la principal empresa de tratamientos homepáticos en España. "Los efectos son específicos de la sustancia diluida, incluso cuando a veces no se llegan a detectar trazas moleculares en el medicamento".

Un ejemplo real: la cafeína espabila. Según la homeopatía, si se toma en proporciones ínfimas, hace lo contrario: dar sueño. De ahí un preparado para dormir que se obtiene mezclando un parte de cafeína con 99 de agua. Se agita y el resultante se vuelve a mezclar con otras 99 partes de agua. Y así sucesivamente. Cada una de estas diluciones se denominan CH (Centesimal Hahnemanianna, en honor a su inventor). Existen preparados con 6 CH, 10 CH, 30 CH… En algunos casos, el resultado equivale a verter una gota de principio activo en todos los océanos del planeta.

A los efectos, sería lo mismo que llenar en casa una olla con cinco litros de agua, echar un pellizco de azúcar, remover. Después, separar una cucharilla de té del líquido resultante y volver a diluirlo en una olla con otros cinco litros de agua limpios. Y repetir la operación tantas veces como se desee para terminar tomando una gota del preparado con el café del desayuno.

Sin embargo, la fórmula que usa la industria homeopática se presenta en pastillas y, entre otros comercios, se vende también en farmacias. Además, el Ministerio de Sanidad está a punto de presentar a las comunidades autónomas la orden ministerial por la que regulará su comercialización en nuestro país. Se trata de un proceso legal que se remonta a la Directiva europea sobre medicamentos de 2001, que considera como tales estas pastillas de sacarosa, a veces también lactosa, y agua, en las que en ocasiones no existen, como se ha visto, trazas del principio activo que se quiere aplicar. Fernando Frías, fundador del Círculo Escéptico, explica todo el proceso que ha seguido esta regularización en su blog La lista de la vergüenza.

Tras años de lobby por parte de una industria más que lucrativa —la principal empresa comercializadora de estos productos en España, Boiron, factura 20 millones al año en nuestro país y 370 millones anuales en Francia— finalmente la normativa va a quedar de la siguiente manera.

Las comercializadoras de tratamientos de homepatía tendrán que renovar su permiso de comercialización —a pesar de que nunca obtuvieron una autorización más que de forma temporal y quedó derogada, pero a su vez reconocida de forma implícita en una normativa de 2013—, y para ello pagarán una tasa anual de unos 90 euros si se trata de un "medicamento homepático sin indicación terapéutica", es decir que el producto no señala qué afección pretende curar, y de unos 370 euros si es "con indicación terapéutica".

¿Qué quiere decir esto? Si la caja del preparado dice que está indicado para curar la gripe, como es el caso del Oscillococcinum, entonces es un "medicamento homepático con indicación terapéutica". La última novedad de la orden ministerial, según se prevé, es que estos compuestos "con indicación terapéutica" deberán probar su efectividad con ensayos clínicos del nivel de los que se plaican al resto de medicamentos de la farmacia.

La ciencia dio por cerrado el debate hace 13 años

¿Podrán? La evidencia científica en contra de la eficacia de la homeopatía es irrefutable y hace ya 13 años que la más prestigiosa revista médica, The Lancet, dio por concluido el debate en un editorial titulado El fin de la homeopatía, en el que proponía dejar de malgastar tiempo y dinero en tratar de demostrar los efectos de una terapia que no había conseguido hacerlo en dos siglos de historia. "Cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece su popularidad", ironiza el editorial.

Aún así, se siguen realizando estudios y revisiones; la última de este mes en Cochrane que concluye que "los ensayos no muestran ningún beneficio medicinal de la homeopatía al compararse con el placebo en el tratamiento de infecciones de tracto respiratorio en niños". El propio Ministerio de Sanidad, que termina de tramitar la orden ministerial, reconoce que no cura.

Sus defensores reclaman que el agua tiene memoria, pero se trata de una memoria selectiva: de todo su recorrido vital solo guadará los principios activos de la sustancia que elija el homépata. Pero no solo eso: estas sustancias pueden ser cualquier cosa. Diluciones de Muro de Berlín para luchar contra las sensaciones de opresión, separación y aislamiento; de radiación de teléfono móvil para paliar el (inexistente) daño de las ondas que emiten estos aparatos; de TNT (explosivo) contra la tos convulsiva; de agua del Amazonas para armonizar los estados emocionales; de caca de perro para tratar gastroenteritis, colitis y diarreas… Entre otros casos reales recogidos por Frías en su blog.

El único efecto reconocido a la homeopatía es el placebo y hasta ahí no habría problema si la mitad de los españoles no creyera erróneamente que funciona y si muchos de estos pacientes no abandonaran los tratamientos cuya eficacia y seguridad se han probado científicamente para abrazar estos tratamientos alternativos, como sucedió con el niño de siete años que falleció en Girona por una afección respiratoria que sus padres trataban solo con homeopatía, según el fiscal del caso.

"Pero el caso es que funciona", dicen sus defensores. En este artículo respondemos uno a uno a sus argumentos de la mano de la ciencia.

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