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No ha engordado: ha sido la falta de sol

A no ser que este invierno se haya forrado a comer

Ni todos los pantalones podían haber encogido a la vez, ni ahora resulta que su no dieta ha hecho efecto en un pispás. La luz podría ser la responsable del pequeño vaivén de talla que quizá experimente ahora con el cambio de estación –y que no es el resultado de haber empezado a comer más ensaladas y menos potajes–. Concretamente, la luz azul. Bajo una longitud de onda de entre 450 y 480 nanómetros, las células grasas de la piel abren las compuertas dejando que se les escape hasta un tercio de su contenido.

Es el curioso descubrimiento de unos investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá) y que podría explicar por qué, después de los primeros baños de sol, nos vemos mejor. ¿Y qué pasa con el resto de células grasas? Funcionan igual, pero las que rodean nuestros órganos (y que solo bajan haciendo dieta) están demasiado profundas como para que sientan los efectos de los rayos.

Blanca no es buena

La grasa blanca está asociada con el desarrollo de la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Y se encuentra en un 80% bajo la piel.

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