ERNESTO JARAMILLO | OFICIAL MÉDICO DE LA OMS

“Tratar la tuberculosis es una inversión económica de alto rendimiento pero los Estados no dedican lo necesario”

El doctor Jaramillo apunta que el abordaje de esta enfermedad no es “atractivo” para los gobiernos porque no tiene resultados inmediatos

El doctor Ernesto Jaramillo, la semana pasada en Barcelona
El doctor Ernesto Jaramillo, la semana pasada en BarcelonaJ.M.Q

La tuberculosis no da tregua. En 2015 superó al sida como la enfermedad infecciosa que ha provocado más muertes en el mundo y, aunque se reducen los casos, la velocidad no es la indicada por los expertos para lograr las metas que conducirán a su eliminación. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016 fallecieron alrededor de 1,7 millones de personas a causa de esta dolencia, un 37% que en el año 2000.

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Pero queda mucho por hacer. Lo sabe bien el doctor Ernesto Jaramillo (Salamina, Colombia, 1966), en las trincheras de la lucha contra la enfermedad desde hace 16 años como oficial médico del departamento global de Tuberculosis de la OMS en Ginebra. El facultativo está en el pelotón que lucha contra los casos más complejos, los que se hacen resistentes al arsenal terapéutico que hay para combatirlos. Desde Barcelona, donde participa en unas jornadas organizadas por la Unidad de Investigación en Tuberculosis (uitb) de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB), el médico se muestra esperanzado y confía en lograr el compromiso político necesario de los paises para erradicar la enfermedad.

Pregunta. ¿Se está yendo en el buen camino hacia la erradicación de la enfermedad?

Respuesta. En los últimos 15 años ha habido un cambio dramático muy positivo en la manera en la que la OMS y la comunidad global de tuberculosis están abordando el problema. Esto se refleja en el desarrollo de metas más ambiciosas, mayor implicación de la sociedad civil y el desarrollo de investigación, que ha contribuido a tener, por primera vez en los últimos 50 años, dos nuevos medicamentos [delamanid y bedaquilina], así como pruebas diagnósticas moleculares más sensibles y específicas que acortan el tiempo de diagnóstico de meses a horas.

Quizás el cambio más dramático en estos años ha sido la creación en el 2002 del Fondo Mundial para la lucha contra el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria, que invierte en los últimos años alrededor de 2.000 millones de dólares para que los países de menos ingresos puedan desplegar programas de tuberculosis de acuerdo a los estándares internacionales.

P. ¿Qué falla, entonces? ¿Por qué persiste la enfermedad?

R. El punto crítico es que es necesario mayor compromiso de los gobiernos para poder hacer las inversiones económicas necesarias para implementar las estrategias, cada vez más ambiciosas, que se han recomendado. El éxito de la estrategia depende de condiciones básicas como asegurar a la población el acceso universal a los servicios de salud. El control de la tuberculosis no puede verse aislado del sistema de salud y las limitaciones que los países tienen para asegurar el acceso a los servicios de salud impiden el impacto de la estrategia de prevención y control de la tuberculosis.

El compromiso político es fundamental. Lo que toman las decisiones deben reconocer la evidencia que muestra que la tuberculosis es una inversión económica de alto rendimiento comparada con otras intervenciones en salud. Pero los estados no están dedicando los recursos necesarios ni realizando los ajustes legales correspondientes.

"Los determinantes de la tuberculosis van más allá de los servicios de salud. La pobreza causa tuberculosis y la tuberculosis causa pobreza", apunta Jaramillo

P. ¿Sigue considerándose una enfermedad de pobres?

R. Es que el 95% de los casos ocurren en personas de bajos ingresos de entre 15 y 44 años, quienes son precisamente los que están en la máxima productividad económica y de quienes depende la economía familiar de mucha población. Si tiene en cuenta que es una enfermedad mortal sin tratamiento en el 50% de los casos, pero el tratamiento cura el 90% de los casos, entonces no ha de sorprender que los análisis económicos muestren que el tratamiento de la tuberculosis sea una inversión de alto rendimiento.

P. ¿Y por qué no invierten los gobiernos?

R. Porque la inversión en tuberculosis tiene que ser sostenida en el tiempo y los resultados no se ven reflejados en ganancias inmediatas en dos o cuatro años, que es usualmente el período en que un gobierno está en el poder. Las características de la tuberculosis hacen que las intervenciones tengan que ser muy intensas y sostenidas en el tiempo. Y esto no suele ser atractivo para los gobiernos de cualquier lugar del mundo.

P. La OMS recomienda que el abordaje de la tuberculosis trascienda del ámbito médico y se haga una atención integral.

R. La tuberculosis ha de ser abordada con una perspectiva multisectorial. No es exclusiva de un ministro de Salud porque los determinantes de la tuberculosis van más allá de los servicios de salud. La pobreza causa tuberculosis y la tuberculosis causa pobreza. Romper este círculo implica que la atención del enfermo incluya también la integración de los mecanismos de protección social que tienen los países para las poblaciones más vulnerables.

P. Con los nuevos medicamentos también hay problemas: solo llegan a un 5% de la población diana.

R. Los medicamentos están metidos dentro de un paquete de servicios de salud y ese paquete es el que no está llegando a la gente porque requiere que los sistemas de salud puedan tener capacidad de diagnóstico, de atención y tratamiento. El escaso acceso a los nuevos fármacos es un reflejo del pobre acceso a la atención integral, de ahí la importancia de garantizar acceso universal a salud.

El médico de la OMS considera que la resistencia a los antibióticos es "la principal amenaza" para el progreso logrado en los últimos años

P. En cualquier caso, el mayor reto al que se enfrenta la humanidad son las resistencias a los antibióticos. También en la tuberculosis. ¿Cuál es la situación actual?

R. La resistencia a nivel global sigue siendo una proporción pequeña, sigue siendo el 4% del total de casos pero ese pequeño número es la principal amenaza para el progreso logrado en los últimos años.

Si esa pequeña proporción no se diagnostica antes de que transmita la infección y no se trata hasta garantizar la curación, podríamos ver en pocas décadas que la epidemia de tuberculosis no resistente será reemplazada por una epidemia de tuberculosis resistente, como ya está ocurriendo en algunos países de Europa Oriental.

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