Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
CINE

El nuevo Superman

Un grupo de creadores estrella de hollywood han reinventado el mito del cine y el cómic.

Sin rizo en la frente, ni calzoncillos rojos, ni kryptonita, el gran superhéroe regresa hoy al cine en la piel de Henry Cavill. Aasistimos al rodaje de esta nueva superproducción

Henry Cavill encarna en esta ocasión al superhéroe en 'El hombre de acero'. Ampliar foto
Henry Cavill encarna en esta ocasión al superhéroe en 'El hombre de acero'.

Se hace difícil hablar de fracaso cuando nos referimos Superman, cuya última encarnación cinematográfica, Superman Returns, superó los 300 millones de euros en la taquilla mundial. O tener dudas sobre el futuro del rey de los superhéroes, el que acaba de cumplir los 75, en un momento en el que ser friki es cool y los personajes de cómic mandan en Hollywood. ¿Cómo es posible criticarle por ser demasiado, ejem, bueno? La fuerza de Superman Returns (2006) palidece frente a los 877,6 millones de euros recaudados por el último Iron Man y Superman es a estas alturas un abuelo con un sentido de la justicia, el valor y el sacrificio tan pasado de moda como sus calzoncillos. Demasiado bueno para este mundo relativista. En medio de las dudas el 21 de junio llega El hombre de acero, su última reinvención, una de las películas más esperadas, con un presupuesto de 170 millones de euros (según revistas especializadas) y una ambiciosa producción que se alargó dos años. “Queremos darle al público un gran espectáculo”, resume su director, Zack Snyder, el hombre que llevó la gloria de Hollywood a su 300. “Queremos convertir El hombre de acero en un clásico”, añade David Goyer, guionista de la película. La idea de la historia es de Christopher Nolan, productor de la cinta y artífice del nuevo Batman junto a Goyer. Ambos firman el guion de este Superman. La clave, una historia que se sienta cercana. “Contamos la historia de un tipo que vuela, un alienígena superior a nosotros. No es un documental. Pero pretendo que se sienta real. En el plano emocional y visualmente. En última instancia, es la historia de alguien que no sabe a dónde pertenece. Y con eso nos podemos identificar todos”, se explaya Snyder dando rienda suelta a la energía contagiosa que domina a este director.

A Snyder le llaman el energizer. Posee un ímpetu imposible de frenar y eso significa, entre otras cosas, liquidar Plano, localidad rural perdida a unos 100 kilómetros de Chicago que lo tiene todo para reflejar la América profunda. Un lugar perfecto para recrear Smallville, el hogar terrenal de Superman. Y para destruirlo. No es más que la jornada 23 de un rodaje de 121 días y el pueblo está patas arriba. La gasolinera ha saltado por los aires, hay llamas aún vivas entre los cascotes y hasta restos de aviones. “No es más que la primera pelea en la Tierra”, describe Deborah Snyder, esposa de Zack y productora de la película, satisfecha de haberse llevado por delante a una ciudad de 10.900 habitantes. Poco más se nos muestra y nadie nos explica qué se rueda exactamente. El secretismo es absoluto. El espectador tampoco ha de saber más antes de pagar su entrada.

“Nunca me he sentido tan protegido. Debe de ser como estar en Fort Knox”, bromea Henry Cavill, el nuevo Superman, actor británico más conocido por los papeles que estuvo a punto de interpretar (el de Cedric Diggory en Harry Potter, el “perfecto” Edward de la saga Crepúsculo para su autora, Stephenie Meyer, hasta que contrataron a Robert Pattison, el nuevo Bond hasta que apareció Craig o el anterior Superman que iba a dirigir McG en 2004 y nunca cuajó) que por los que ha interpretado: parte de la serie Los Tudor y el Teseo que acaba con el minotauro en Los inmortales. Y ahora el primer no estadounidense que interpreta un papel tan patriótico como el de Superman.

“Yo nunca he trabajado rodeado de tanto secreto. No es mi estilo”, dice también un parlanchín Snyder que recuerda su primer contacto con el guion mientras el matrimonio Nolan esperaba a la puerta de su casa para llevarse el libreto si decía que no. “Pero lo hace todo más fácil porque siempre le puedo echar la culpa a Chris”, bromea el director. La excusa le sirve de poco. El productor marcó el estilo y estuvo constantemente en contacto con Snyder, pero no pisó el rodaje. Ni en Plano ni en Chicago, que hizo las veces de Metrópolis, ni en Vancouver, donde se rodaron las imágenes de Krypton. Pero sí logró algo más importante: convencer a Snyder de que esta era su película. “Yo nunca estuve seguro de Superman”, confirma el realizador con franqueza mientras le avisan que uno de los coches sigue ardiendo en las calles del pueblecito. “Me gustaba el personaje pero nunca sus películas. Y después de Watchmen sé lo difícil que es hacer una película de superhéroes. Pero Chris me lo presentó de tal forma que por primera vez pensé que Superman era cool. De hecho la escena con la que me convenció fue la primera que rodamos”.

Snyder no quiere entrar en detalles sobre ese primer día de trabajo pero Goyer suelta la liebre. El hombre de acero es una historia sobre los orígenes concebida tanto para los fans “como para mi abuela de 86 años”. Y por eso esta historia no lineal empieza por el principio, con un Kal-El, hijo de Jor-El (papel que interpreta Russell Crowe; el mítico Marlon Brando en la versión de Christopher Reeve), procedente de un Krypton en crisis que llega a esta granja perdida reconstruida en las proximidades de Plano donde la familia Kent (Kevin Costner y Diane Lane) le adopta como propio. Superman se convierte así en la esperanza de su familia terrestre mientras lleva en sus genes la esperanza de los kryptonianos y, quizá, la esperanza de la humanidad. Pero, como dice Goyer, principalmente es la historia de dos padres, terreno conocido para Snyder con los ocho hijos que tiene entre sus dos matrimonios y para el guionista quien adoptó en este mismo tiempo al hijo de su actual pareja, tuvo a su primogénito y vivió la muerte de su padre. “La conversación de Jonathan Kent con Superman que rodamos el primer día suena igual a las que tengo con mi hijo”, rememora de un comienzo que marcó el tono emocional del filme.

"Su historia es universal: la de alguien que no sabe a qué mundo pertenece"

Las llamas se van apagando y llega la segunda ofensiva. Cuatro helicópteros del Ejército toman tierra y buscan a los responsable de la destrucción. Escenas rodadas con siete y ocho cámaras para cubrir todos los ángulos a pesar de que Snyder afirma que ese no es el estilo de la película, grabada por lo general cámara en mano para dar una mayor sensación de realismo. “Se parece más a Días del cielo que a una de Superman. Como dice Zack, es la película más realista que ha hecho nunca. Y la mía también”, insiste Goyer. Su comentario se da de bruces con la destrucción exterior. En un banco la puerta de la caja fuerte está hecha añicos. El impacto, fruto de un encontronazo con Superman. ¿Realista? “Los kryptonianos han venido a darle a Superman donde más duele. Yo también lo haría. Hay que ser duro con los héroes”, comenta el realizador con un mórbido placer.

La elección de Cavill como protagonista vino seguida de un intenso entrenamiento que duró 11 meses de la mano de Mark Twight, el hombre que le sacó la tableta de chocolate al abdomen de Gerard Butler en 300. ¡Y pensar que a Cavill le llamaban gordito en la escuela! La disciplina llegó incluso antes que el guion. “Zack lo prefiere así. Quiere a sus actores frescos y sin ensayos innecesarios. Frescos pero en forma”, confirma Deb Snyder sobre un marido obsesionado con la forma física tras años dedicado al fútbol americano de los que le queda esa muñequera en la que esconde el guion de rodaje como los jugadores esconden sus estrategias de juego. El director se preocupa por la forma física de todos sus actores. “Russell Crowe no hizo otra cosa que tuitear el peso que estaba perdiendo”, dice Snyder. “¡Te fastidia! Nunca me avisó de las escenas en spandex”, replica el neozelandés, normalmente entrado en carnes, luciendo una figura de hace años. Zack se preocupa del equipo en general, esa “familia” que hereda de una película a otra (y que incluye a su padre, Ed Snyder) y a la que proporciona unos snacks sanos y nada de sodas. Agua para todos (aunque él y su esposa beben café de Starbucks).

Christopher Reeve en la primera entrega de la película 'Superman', dirigida por Richard Donner.
Christopher Reeve en la primera entrega de la película 'Superman', dirigida por Richard Donner.

A los puristas de Superman esta nueva versión les dará donde duele a juzgar por algunos cambios. El amor de Superman por Lois Lane continúa. Lo que ha cambiado es el color de pelo, más cercano al pelirrojo de la Amy Adams que interpreta el papel. “Yo sigo pensando en Margot Kidder como la Lois real, incluso ahora que he hecho de Lois”, se ríe la actriz. Mucho más brutal es el cambio de Perry White dado que el papel del editor del Daily Planet está interpretado por el actor negro Laurence Fishburne. “Son pequeñeces absurdas en las que ni pensé. Como fijarse en que Henry es inglés. Henry tiene la misma humildad de Clark Kent, sin ser naif. Y además no está nada mal físicamente”, aclara el realizador. También está ausente el rizo en la frente del protagonista o la famosa kryptonita. El único cambio que le hizo sudar la gota gorda fue el del traje: decidió eliminar los calzoncillos rojos por encima del leotardo azul con los que Superman es conocido en el mundo entero. “En una de las primeras pruebas me puse una réplica del traje de Christopher Reeve y nunca he sentido tanta vergüenza”, recuerda Cavill. “Parecía un condón usado”, añade Snyder. El nuevo traje es más oscuro y se siente más alienígena. Hoy la capa está guardada en una funda malva mientras el cuerpo de Cavill es escaneado para poderle replicar de forma digital en las escenas de vuelo. “En las lejanas, porque otra de las ventajas de su perfecta forma física es que puede hacer todas sus escenas de acción”, comenta la productora. “Todas en las que no corra peligro de salir lesionado y retrasar la producción”, admite realista un actor demasiado cabal. Un traje que marca hasta los músculos que no sabes que existen y que es “frío cuando hace frío y muy caluroso cuando hace calor”.

El vestuario pretende reflejar una mitología en la que los kryptonianos son una sociedad de armadura y capa, donde la famosa S es el escudo de armas de la familia, una letra que en Krypton significa esperanza, y la malla no es más que el leotardo que visten bajo el traje de guerra. Eso no quiere decir que Clark Kent tenga que buscar una cabina cada vez que necesite cambiarse. “¡Vivimos en la época de los móviles! Las cabinas no existen”, recuerda Deb Snyder. Volviendo al tema de Superman vs. Clark Kent, Cavill explica críptico: “Son uno y son el mismo”. “Nuestro Clark no se hace pasar por nadie. Los dos se parecen porque son el mismo”, se expande Snyder. “Solo que Superman es más libre”, añade el intérprete.

Zack Snyder y Amy Adams durante el rodaje. ampliar foto
Zack Snyder y Amy Adams durante el rodaje.

Como dice Goyer, el hecho de que su nombre o el de Nolan figure en los créditos no quiere decir que la película sea “más oscura”, calificación que suele colocarse a sus versiones de Batman. “Pero sí que nos separamos de las anteriores. No es ni bueno ni malo, simplemente las anteriores tienen lugar en otra dimensión. Las nuestras ocurren en el mundo real, y si un alienígena como Superman llegara a la Tierra, por benigno que sea, cambiaría el curso de la historia”, comenta Goyer comparándose con los clásicos de Richard Donner (director de la primera de Reeve y parte de la secuela, Superman II), y recurriendo a otras fuentes de inspiración como el antiguo y el nuevo testamento para El hombre de acero. Incluso su némesis, el general Zod que interpreta Michael Shannon, está pensado en términos realistas aunque venga de Krypton. “No escogimos el villano al azar. Sabíamos cuál era el arco del protagonista y qué obstáculos debe superar. No podía ser otro”, explica Goyer. Un enemigo lógico y no un loco, según Snyder. Sin embargo la película hace numerosas referencias a Lex Luthor, el otro archienemigo de Superman, y aparece su nombre en camiones o vallas publicitarias. ¿Un juego con los fanáticos o una mirada al futuro? Un poco de ambas cosas, reconoce Snyder, alguien que no descarta ese devenir que los frikis como él desean, y que incluye más aventuras de Superman y el redescubrimiento de los otros superhéroes de la DC que podría culminar en un filme centrado en la Liga de la Justicia con él al mando. Ese es también el sueño de los estudios Warner: concluida la saga de Harry Potter y la trilogía de Batman no cuenta con ninguna franquicia de ese nivel para llenar sus arcas. “De todos modos, Nolan odia la secuelitis y cuando nos planteamos esta historia pensamos en una película. Nada de poner semillas para el futuro”, afirma Goyer. Los demás no están tan seguros. “Simplemente habrá que esperar al estreno y entonces pulsar el botón de la luz verde”, añade un Cavill convencido del significado kryptoniano de la S de Superman: Una nueva esperanza.

David Hernando, autor de Superman. La creación de un super­­héroe (Timun Mas) y editor de cómics de Planeta, analiza la saga del superhéroe.

Más información