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Qué hacer para evitar vetos como el de Huawei

Las empresas españolas con intereses en China y otros países ‘castigados’ por EE UU aceleran sus estrategias de ‘lobby’ para salir indemnes

Huawei ha reconocido que sus ventas han bajado un 30% desde el boicot estadounidense. 
Huawei ha reconocido que sus ventas han bajado un 30% desde el boicot estadounidense. 

El veto de Donald Trump a la compañía china Huawei ha hecho saltar las alarmas porque “el mundo ordenado que conocíamos se está desmoronando”, afirma Ángel Saz, director de ESADEgeo. Hay un nuevo terreno de juego. Incierto para las grandes corporaciones. La era post Organización Mundial del Comercio (OMC), dinamitada por Estados Unidos, en la que las relaciones comerciales no se basan en reglas establecidas internacionalmente sino en el poder político, en la lucha entre potencias, explica. Y ahí las organizaciones empresariales son muy vulnerables, están muy expuestas.

Realmente poco puede hacer Huawei tras el boicot de Estados Unidos y el posterior rechazo de Google a actualizar las aplicaciones de los móviles de la compañía. “Huawei llega tarde para defender su posición. No puede hacer nada porque la batalla es más grande que ella misma. Le ha pillado el fuego cruzado entre Estados Unidos y China”, aprecia Yago de la Cierva, profesor de IESE. “Tenía que haber actuado antes para construirse un perfil social y político, de manera que no fuese percibida como el brazo ejecutor del Gobierno chino”. A su juicio, las grandes empresas han de contar con una agenda pública porque las políticas de los reguladores afectan directamente a sus negocios; tienen que hacer lobby para defender sus derechos, una presión que solo es efectiva cuando actúan con anticipación.

En estos días se aprecia gran trasiego de empresas españolas con intereses en China u otros mercados castigados por la Administración de Estados Unidos, como Venezuela o Cuba, en el Departamento del Tesoro americano para conseguir exenciones a las posibles sanciones. Están activando todos sus recursos para hacer lobby y llegar así a los halcones que pueden influir sobre las decisiones de Trump. Compañías como Repsol, Siemens Gamesa, Gestamp, Mondragón o Meliá desfilan por los centros de decisión de Washington en un intento de defender sus negocios. Solo en España Huawei reconoce que sus ventas han caído un 26,36% entre el 13 y el 20 de mayo, tras el veto estadounidense. Aunque, dice, que no cree que esto tenga un gran impacto en el negocio a largo plazo. "Nuestras previsiones no han variado en absoluto", agrega la compañía china al tiempo que dice que su objetivo es la innovación y garantizar el suministro 100% a sus clientes.

“Vemos un auge fortísimo de los asuntos públicos y el lobby empresarial en España”, sostiene María Rosa Rotondo, socia directora de la consultora Political Intelligence y presidenta de la asociación española de lobistas (APRI) y de la europea (PACE), quien añade que en Bruselas hay 30.000 lobistas inscritos frente a los 15.000 de Washington.

Pero la presión no es la única respuesta de las grandes corporaciones españolas ante la guerra comercial. Mondragón, por ejemplo, que lleva 25 años en China (donde factura 320 millones de euros, cerca del 10% del negocio exterior) asegura que la caída actual de sus volúmenes de producción es inédita en el grupo, informa Zigor Aldama. La cooperativa de origen vasco ha tenido que derivar parte de su producción a México a fin de limitar los efectos de los aranceles impuestos por EE UU, en una batalla que el presidente de Mondragón Internacional, Oskar Goitia, afirma que está teniendo consecuencias económicas tanto en China como en Europa. Y no solo. Uno de los efectos inmediatos de la subida de los aranceles, advierte Goitia, es la caída de las ventas de vehículos en EE UU, que podría superar las 300.000 unidades. El directivo prevé un reajuste de las producciones en los distintos mercados de los fabricantes.

Redirigir la actividad

Siemens Gamesa admite que la política arancelaria de Estados Unidos le ha impactado, sin matizar cuánto, hasta el punto de tener que redirigir parte de sus suministros a diferentes proveedores para mitigar parcialmente la situación. Al final, la multinacional estima que “los diversos anuncios arancelarios impactarán en un aumento de los costes de todo tipo de generación de energía, transladándose a los contribuyentes”.

Mientras tanto, otras compañías como Seat no se amilanan ante la guerra comercial y pretenden desembarcar en el país asiático en dos o tres años para vender vehículos eléctricos en el primer mercado del mundo. Para ello acaba de firmar un acuerdo con las autoridades chinas. Bien es verdad que la automovilística no tiene intereses en Estados Unidos. Lo primero a desarrollar, indica la compañía, es un centro de I+D junto a su socio chino.

Esa es la principal vía de entrada en el país asiático, demostrando que el compromiso con China es a largo plazo, indica Ángel Saz, que recomienda a las empresas españolas reducir su exposición a las zonas conflictivas (ya sea Irán, Cuba, Venezuela o la propia China y su ámbito de influencia) para evitar las represalias de EE UU. “Deben decidir dónde quieren estar, analizando los escenarios de riesgo y tener una puerta de salida mediante aparatos contractuales, acuerdos con los proveedores locales, joint-ventures con pequeñas participaciones, invirtiendo gradualmente y, a ser posible, en activos líquidos”, expone.

Ante todo los expertos consultados coinciden en que las compañías españolas deben hacer un frente común con las europeas que les permita defenderse porque los cambios en los entornos regulatorios y políticos han llegado para quedarse.

La sociedad pide líderes activistas

Los directivos deberían bajar a la arena pública porque la sociedad pide a las empresas que intervengan en la resolución de problemas sociales ante su desconfianza en los Gobiernos, según Yago de la Cierva, de IESE. En EE UU los responsables de Google o de Apple han tomado partido frente a la política migratoria de Trump, pero “en España los ejecutivos rechazan pronunciarse y, a lo sumo, entran en temas marginales como las políticas de trabajo porque creen que les afectan. Es cortedad de miras”, dice.

Así lo demuestra un reciente estudio de la consultora Hotwire, que señala que el 88% de los consumidores considerarían dejar de comprar una marca involucrada en una crisis que fuese contra sus valores. Los problemas que más preocupan a los españoles son el acoso sexual, la corrupción política y la protección del medio ambiente, asuntos en los que quieren que las compañías se mojen. Más de la mitad de los directivos también creen que sus empresas deben tomar partido en temas de interés social y político. Pero en España los líderes no se posicionan salvo cuando se trata de ir a favor de corrientes sociales, señala Ludi García, directora de la consultora Hotwire. No corren riesgos.

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