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Las consecuencias de la crisis

Fomento absorbe el 50% del recorte de gasto de los ministerios en 2010

Las partidas no financieras suponen sólo 1.545 de los 5.000 millones - Otros 1.500 millones provienen del fondo de reserva de los Presupuestos

El ministro de Fomento, José Blanco, ya había dejado caer esta semana que el nuevo plan de ajuste del Gobierno le obligaría a "reprogramar" los objetivos de su departamento. No es para menos. En el reparto de los 5.000 millones que el Ministerio de Economía quiere reducir ahora en el Presupuesto de 2010, Fomento se lleva el premio gordo. De los 3.500 millones de ahorro que se asignan de forma directa a los ministerios, el departamento que dirige Blanco debe aportar algo más de la mitad, unos 1.760 millones. Tras Fomento, Medio Ambiente es el departamento más afectado, lo que implica que el Gobierno se ha visto obligado a disminuir su esfuerzo inversor.

El ahorro de 5.000 millones en el Presupuesto de 2010 es el primer paso del plan de ajuste con el que el Gobierno quiere reconducir el déficit público y convencer a los mercados de la sostenibilidad de sus cuentas. La crisis griega ha aumentado la desconfianza de los inversores hacia los países con un mayor desfase en sus cuentas públicas y la prima de riesgo de la deuda española ha aumentado hasta sus niveles más altos de los últimos meses.

Bajo esa presión ambiental y tras conocer que el déficit público cerró 2009 con un nivel récord del 11,4% del producto interior bruto (PIB), el Gobierno ha puesto en marcha un plan de ajuste con el objetivo de que todas las administraciones gasten 50.000 millones menos de aquí a 2013 para dejar el déficit en el 3%, tal y como exige Bruselas. El Gobierno envió ayer a la Comisión Europea el plan para llegar a ese 3%, pero no lo hizo público alegando "un problema informático". Al tiempo, ha lanzado el mensaje de que está dispuesto a acometer una dura reforma del sistema de pensiones que incluiría el retraso en la edad de jubilación a los 67 años.

Todo ese proceso de ajuste arranca con un inmediato recorte de 5.000 millones del Presupuesto de este año, aprobado hace poco más de un mes. En el documento del reparto de los 5.000 millones, al que ha tenido acceso EL PAÍS, no se detalla si el ahorro se hace en gasto corriente o en inversión, algo que debe decidir cada ministerio antes del 1 de marzo. Pero lo que sí es obvio, tal y como dejó caer Salgado el viernes, es que la inversión se incluirá en este ajuste, un límite que se había procurado no traspasar antes. La mayor porción del recorte en gasto no financiero (1.545 millones) corresponde a dos ministerios eminentemente inversores, como Fomento (529 millones) y Medio Ambiente (326 millones).

El ajuste entre los ministerios se completa con 1.955 millones de gasto financiero (préstamos, subvenciones y aportaciones de capital a organismos públicos), una partida algo menos difícil de digerir para los departamentos. Fomento vuelve a llevarse la palma con 1.230 millones, en una partida en la que las subvenciones y aportaciones de capital a empresas públicas (Renfe, Adif) o los créditos a concesionarias suelen llevarse la mayor parte de los recursos. Industria, con otros 400 millones, es el departamento que sigue en la lista. El gasto financiero de este ministerio se concentra en préstamos a distintos sectores, planes de reindustrialización o programas de fomento turístico.

En términos relativos, los ministerios que sufren un mayor recorte en el gasto no financiero son Vivienda (9,89%), Medio Ambiente (8,75%) y Fomento (6,95%).

En la presentación de este ajuste inicial, Salgado recalcó que algunas políticas (pocas) quedan excluidas del recorte: los programas de I+D+i, los fondos para la dependencia, las becas, la ayuda oficial al desarrollo, las prestaciones por desempleo y la lucha antiterrorista. Hay cuatro ministerios en los que la reducción no llega al 1% (Economía, Trabajo, Interior y Política Territorial).

Para cuadrar el recorte de 5.000 millones, el Gobierno ha echado mano del fondo de contingencia, el fondo del Presupuesto que se reserva para necesidades sobrevenidas o complementar partidas que quedan con financiación insuficiente, pero nunca para medidas discrecionales nuevas. Es un fondo que normalmente se agota. Su reducción en 1.500 millones, casi la mitad, supone que el Gobierno tiene menos margen de maniobra ante imprevistos, pero en primera instancia es el recorte más fácil de acometer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de febrero de 2010