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Reportaje:

Argentina redime su pasado

13 documentales encaran en el Festival del Mar del Plata los años negros de la dictadura

Como si de un doloroso puzzle se tratara, los cineastas argentinos han decidido plantar cara a su pasado y tratan de recomponer algunos de los espejos rotos durante los trágicos y largos años de las dictaduras militares. Y lo han hecho con valentía, largos años de investigación y paciencia, y convencidos de la necesidad de que se haga justicia, de que se juzguen los crímenes de la dictadura, que han sido miles y muchos han quedado impunes. Toda una revisión histórica, favorecida por el actual contexto político, que llega en forma de documentales al Festival Internacional del Mar del Plata (Argentina), dentro de Memoria en Movimiento.

Algunos de los horrores que asolaron durante años el país van viendo la luz

En esta sección se han proyectado 13 documentales, que, cada uno a su manera, unos mezclando ficción y realidad y otros dando voz a sus protagonistas reales, van desgranando el "doloroso saldo que dejaron el terrorismo de Estado y la represión en nuestro país durante la década del 70", en palabras del programador de esta sección, Gregorio Anchou. Hay también hueco para temas candentes de hoy mismo, como los conflictos relacionados con las instalaciones de papeleras contaminantes sobre el río Uruguay o la desaparición reciente de Jorge Julio López, un detenido en la dictadura del 76, violentamente torturado, desaparecido desde su declaración en el juicio contra el ex comisario Miguel Oswaldo Etchecolatz. El alivio que sienten los centenares de personas, mayores y jóvenes, que abarrotan las salas de cine y que, en silencio y tensión, ven cómo algunos de los horrores que asolaron durante años este país van viendo la luz, compensa todas las dificultades por las que han pasado algunos de los cineastas.

Estos son algunos de los documentales exhibidos en Memoria en Movimiento.

- '4 de julio', de Juan Pablo Young y Pablo H. Zubizarreta. El 4 de julio de 1976, meses después del golpe militar del teniente general Videla (24 de marzo), tres sacerdotes y dos seminaristas de la congregación palotina comprometidos con los derechos humanos, la justicia y la pobreza, fueron asesinados salvajemente en la iglesia de San Patricio de Buenos Aires. Todo apuntaba hacia un grupo paramilitar ligado al Gobierno golpista, pero tanto el silencio de la Iglesia oficial como la justicia encubrieron las evidencias que les señalaban como autores de la masacre. Cuarenta años después, Juan Pablo Young y Pablo H. Zubizarreta, de niños vecinos del barrio de Belgrano en el que sucedió, decidieron investigar.

"Se hizo la película de a pocos", explicó Young tras la primera proyección. "Fuimos encontrando material fílmico casi milagrosamente, rastreamos y rastreamos durante años. Las fotos de los forenses con los cuerpos acribillados en la parroquia las encontramos cuando ya teníamos casi terminada la película". A lo largo de 80 minutos, 4 de julio cuenta la historia en todos sus detalles, rememora los asesinatos, el perfil de la congregación palatina y su labor social en el barrio, habla con los familiares y compañeros. El caso fue cerrado y reabierto en 1984, pero sin ningún resultado.

- 'Un claro día de justicia'. Directoras: Ana Cacopardo e Ingrid Jaschek. Nilda Eloy es una mujer joven, de cuerpo poderoso, con un largo pelo gris y unos ojos vivos. "La mayor tortura era escuchar las torturas". Chicha Mariani ya casi tiene el pelo todo blanco y más blanco que se le pondrá. "No tengo derecho a morir, todavía me queda encontrar a mi nieta. Hoy tiene 30 años y se la llevaron cuando tenía apenas tres meses". Jorge Julio López también tiene el pelo blanco y apunta con decisión al culpable de tanta muerte y torturas que tiene enfrente, sentado en el banquillo: el ex comisario general Miguel Oswaldo Etchecolatz, cabello blanco igual, que asiste orgulloso y aún fiero a esa verdad que no parece atormentarle mientras pasa las cuentas de un rosario. Nilda, Chicha y Jorge Julio tienen un pasado tristemente común: Nilda y Jorge Julio fueron torturados y detenidos durante meses por Etchecolatz y sus secuaces. Jorge Julio vio cómo moría en ese mismo centro la nuera de Chicha y madre de la nieta desaparecida. Antes de morir le dejó un encargo que no ha podido realizar: cuidar de su niña. Es lo único que le hace tambalear en su declaración. Los tres son testigos clave del juicio contra el comisario Etchecolatz, celebrado tras la anulación de las llamadas leyes del perdón. Un claro día de justicia repasa no sólo todo lo que acontece en la sala de ese juicio histórico, sino la investigación judicial en los mismos centros de tortura. La condena a cadena perpetua al ex comisario hace saltar en pedazos la alegría de la sala, con gritos, lloros y abrazos.

- '7746 Legajo'. Directores: Rodrigo Sepúlveda y Cecilia Agüero. Estos jóvenes cineastas y periodistas cuentan por primera vez con la confesión, a cara descubierta, de uno de los represores del golpe militar de 1976. Se llama Cornelio Cirella, fuma sin parar y revela detalles de atentados, secuestros, torturas, asesinatos y robos cometidos en Mendoza. Fue a raíz del informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), con el escritor Ernesto Sábato como garante de la imparcialidad y justicia, que probó la desaparición de 8.900 personas, la existencia de 340 centros clandestinos de detención y la violación sistemática de los derechos humanos, cuando se recibieron más de cien declaraciones de arrepentidos. Uno de ellos llegó de Mendoza en forma de legajo con el número 7746, bajo el que se ocultaba el nombre de Cornelio Cirella. Cirella narra y esclarece abiertamente, a través de su cercanía a los torturadores como chófer, algunos de los crímenes todavía impunes. Sepúlveda y Agüero intentan con su trabajo dar elementos certeros para que la justicia reabra algunos de los casos que denuncia Cirella.

- 'Angelelli, la palabra viva'. Directores: Fernando Spiner y Víctor Laplace.

"Fue uno de esos hombres maravillosos que en los setenta hicieron lo posible para que las personas fuéramos más felices, pero los asesinaron". El actor y director Víctor Laplace no es creyente pero sí un hombre de fe, por ello se tomó como algo personal el revisar la figura del obispo de La Rioja, monseñor Enrique Angelelli, que el 4 de agosto de 1976, en la ruta 38, fue asesinado, tal y como muestra el documental, y no fue víctima de un accidente de tráfico como resaltaron las crónicas de la época. Angelelli era una figura molesta no sólo para la Iglesia oficial, sino también para los intereses políticos y económicos. Este obispo intentó montar una cooperativa en el latifundio Azzalini, abandonado desde hace muchos años, que fuera a parar a manos de los agricultores. Laplace es contundente: "Tenía un oído en el Evangelio y otro en el pueblo". El documental recorre las vicisitudes y dificultades de este sacerdote a la vez que cuestiona el papel de la Iglesia. Laplace quiere no sólo rendir homenaje a este hombre, sino también a todos los curas que desaparecieron durante la dictadura militar que se inició en 1976. En la lista negra figuran hasta 15 nombres. Para Laplace, la palabra de Angelelli sigue viva treinta años después de su desaparición en el imaginario colectivo. Gracias a este trabajo, que ha contado con el apoyo de una parte de la Iglesia, el caso se ha reabierto y se espera el fallo definitivo, no sólo Laplace, también las abuelas y madres de la plaza del Dos de Mayo que han pedido la canonización del obispo. Laplace tenía un hijo de cinco años cuando mataron a Angelelli. Él estaba exiliado en México. Quiere mostrar a su hijo y a todos los jóvenes la historia de su país para "no crecer en la violencia".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 16 de marzo de 2007