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Reportaje:La capilla de Barceló en Mallorca

El 'milagro' de los peces de fango

Miquel Barceló presenta en la catedral de Palma su retablo cerámico, que se abre al público mañana

Palma de Mallorca / Barcelona

Dicen que hay dos días al año en que hacia las nueve de la mañana el rosetón mayor de la Catedral de Mallorca, situado en el presbiterio, se proyecta sobre el otro gran rosetón de la fachada principal de la que algunos califican como la "catedral de la luz". Uno de estos días es el 2 de febrero y, aunque no sea ésta la razón, será éste el día en el que se bendiga, literalmente, una obra de Miquel Barceló. El retablo que el artista mallorquín ha realizado para la capilla del Santísimo de la bella catedral es de cerámica policromada y ocupa unos 300 metros cuadrados cubriendo casi la totalidad de los muros. También ha diseñado los 12 vitrales y el mobiliario litúrgico. El conjunto, realizado entre 2001 y 2007, ha costado unos cuatro millones de euros.

El pintor se declara agnóstico y ha anunciado que no acudirá a la misa previa a la inauguración-bendición de su capilla, pero no hay duda de que es una obra religiosa con una iconografía evangélica muy clara. Se basa en el capítulo sexto del Evangelio de San Juan que cuenta el milagro de la multiplicación de los panes y los peces (con cinco panes y dos peces, Jesús consigue dar comida a 5.000 personas y aún sobran 12 canastos de restos) relacionándola con el milagro de las bodas de Caná (conversión del agua en vino) y con la figura de Cristo resucitado como "pan de la vida".

Barceló no sigue la escasa iconografía clásica de este milagro -en la mayoría de obras que abordan el tema abundan los personajes con Jesús y los apóstoles repartiendo el pan entre la multitud, como en la famosa pintura de Tintoretto para la Scuola de San Rocco de Venecia-, sino que hace una muy peculiar versión del texto en clave contemporánea. "He gozado de gran libertad, no he topado con la Iglesia", ponderó ayer el artista, al lado del obispo de Mallorca, Jesús Murgui, quien significó que su institución "reconoce y abre ante todo el mundo la valoración del arte contemporáneo". Murgui agregó que la capilla de Barceló, situada en la cabecera del templo, junto al altar mayor, "es una manera de acercar al hombre la belleza del misterio de Dios".

El pintor mallorquín, de 50 años, que fue premio Príncipe de Asturias en 2003, hoy será investido doctor honoris causa por la Universidad de las Islas Baleares. Su lección magistral será "casi a oscuras", una proyección de imágenes de su obra y sus referencias. El mural de terracota de la catedral será inaugurado mañana, día 2 de febrero, con la asistencia de los Reyes. En la misa se celebrará también el 700º aniversario de la catedral, cuya construcción -sobre una mezquita que a su vez se sobrepuso e integró una capilla bizantina- se inició según dejó escrito en su testamento, en 1306, el rey Jaume II de Mallorca. Las obras continuaron hasta el siglo XVI. De hecho, nunca se acaban.

"El trabajo solitario del artista en el taller es el pan de cada día", dice el autor, cuya intervención está relacionada con el conjunto de reformas y actuaciones plásticas que emprendieron en la seo Antoni Gaudí y Josep M. Jujol, hasta 1914, cuando tuvieron que dejar sin terminar sus acciones. Serán sus vecinos en la cabecera de la seo, en el altar mayor y en los muros del presbiterio. "Los he tenido muy presentes a ambos", especificó el pintor. "A Jujol, que cincelaba la piedra y la cerámica, como una termita humana, odiando el ángulo recto, buscando las volutas. Mis grietas, la malla del dibujo de la cerámica, remiten de una forma directa al trencadís [los azulejos desmenuzados] de Gaudí".

El artista mallorquín reconoce que su obra es "espiritual" y que pretende ser "trascendente", pero que no es una mera decoración religiosa. El friso arcilloso y agrietado, una metáfora de la vida, cubre tres paredes y contiene el mar, las grutas, la tierra, los huertos, el pan y el vino, más el frontal simbólico. El barceló expresa un discurso estético de iconos, recuerdos, materias y gestos que recogen sus vivencias.

Barceló, al recibir el encargo del obispo tras una propuesta de la universidad, miró algo a Tintoretto, subió a la cúpula de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel en el Vaticano, observó de cerca las pinturas murales de Goya, en San Antonio de la Florida de Madrid. También repasó los frescos romanos y medievales cerca de Nápoles, donde moldeó y coció la cerámica. En África comenzó a trabajar el fango al no poder pintar, debido al viento, y hace años en Mallorca resucitó el fuego y las formas en un tejar abandonado de Artà.

La intervención se ha prolongado a lo largo de seis años. Ha sido sufragada por los dos últimos Gobiernos de Baleares -comenzó la izquierda y la concluye el PP, según recordó el consejero de Cultura, Francesc Fiol-, y ha contado con las aportaciones de instituciones privadas. "Esta obra la veremos viéndola", dijo sonriendo Miquel Barceló ante una de las múltiples preguntas del centenar de periodistas que ayer le asediaron. La apuesta contemporánea en el contenedor gótico religioso es fruto de conjunción de voluntades. Barceló así las sumó: "La oligarquía, la industria turística, la universidad, el Gobierno, yo mismo. En una isla que se tiene por conservadora e insolidaria está bien y es relevante que se haya hecho esta obra coral."

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 1 de febrero de 2007