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Monsiváis eleva su voz en Guadalajara

El escritor mexicano reivindica la enseñanza laica en la apertura de la XX edición de la feria mexicana

Guadalajara
La vigésima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), la mayor del mundo en el mercado del español, comenzó ayer en la ciudad mexicana con el acto central de la entrega del premio que otorga la organización a Carlos Monsiváis. El escritor mexicano no dejó pasar la oportunidad para recalcar la necesidad de combatir la desigualdad en su país y hacer una defensa de Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda en su país y derrotado en las últimas elecciones. La Feria Internacional de Guadalajara tiene, este año, como invitada especial a Andalucía, que acude al evento con 44 de sus editores y 80 de sus autores.

"Ya salió, ya salió". "Bravo, bravo". Y entre gritos y aullidos de alegría, unas 1.200 personas, amén de las que abarrotaban pasillos y accesos, prorrumpieron en aplausos. Hasta aquí todo normal si se tratase de un concierto o de la salida al terreno de juego de la estrella del equipo de fútbol. Pero era sólo la llegada de los participantes al acto inaugural de la 20ª edición de la Feria del Libro de Guadalajuara y, sobre todo, de la presencia entre ellos del homenajeado, el escritor mexicano Carlos Monsivaís (México, 1938), la que sin duda es hoy una de las miradas más lúcidas de América Latina y al que se atribuyen poderes plenipotenciarios en la cultura de su país.

Que este salón, que hasta el 3 de diciembre tiene este año como invitado de honor a Andalucía, esté considerado como el mejor dedicado al libro en lengua castellana lo ratifican actos como el de ayer. Casi 20 minutos antes de empezar el acto oficial, la inmensa sala estaba a rebosar de gente dispar, mayormente joven, pero donde no era extraño encontrar a una madre con un cochecito de bebé o a una pareja de ancianos estirando sus cuellos para poder ver a los aplaudidos. El cartel merecía el esfuerzo de la vetusta pareja. Entre las 16 personas que formaban la mesa presidencial y que iban saludando o levantándose a medida que sus nombres se pronunciaban por la megafonía de la sala, aparecieron Carlos Fuentes -que se vio obligado a tirar besos con la mano ante la larga ovación-, José Saramago -más comedido en su saludo, asintiendo con la cabeza- y la sorpresa -no estaba programado oficialmente-, Gabriel García Márquez, que se apuntó al festival para delirio de los asistentes. Dos premios Nobel, pues, para flanquear en la mesa a Monsiváis, que por un día les robó todo protagonismo.

La sorpresa fue García Márquez, que se apuntó al festival para delirio de los asistentes

A pesar de la impaciencia del público para llegar a las palabras de Monsiváis, el programa se cumplió con parsimonia. El protocolo llevó a hablar en primer lugar al rector general de la Universidad de Guadalajara, José Trinidad Padilla, entidad que se inventó literalmente la feria "en otro mundo, no en éste, cuando la globalización no había estallado y nadie sabía nada de una sociedad de la información que hoy luchamos, con eventos como éste, para que sea la del conocimiento". Padilla fue interrumpido dos veces por los aplausos: una, cuando mostró su preocupación por el veto que el Gobierno mexicano ha puesto a la Ley del Libro que se debate ahora y en la que, contrariamente al caso de España, no se defiende el precio fijo del libro; la otra, cuando mencionó a Monsiváis: "con sus escritos, está iluminando la vida de los hombres dignos de este país", afirmó. Aplausos también arrancó el presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, cuando recordó la acogida que México hizo a los republicanos españoles, cuando hizo un llamamiento a sacudirse el complejo de hablar español en el mundo, incluso en EE UU y de afrontar la globalización, apoyándose en los 500 millones de hispanohablantes. Un espectáculo no es completo sin los silbidos y abucheos del público y, mientras se eternizaba la intervención de Monsiváis, el malestar lo concentraron, por un lado, el representante del gobernador del Estado de Jalisco, y, al final, la representante del Consejo Nacional de las Artes, que intervino en nombre del presidente de la República.

Pero para ese segundo abucheo el auditorio ya estaba más distendido porque el poeta José Emilio Pacheco ya había trazado una hilarante semblanza de Monsiváis, de quien destacó su prolífica producción ensayística. Con ella empezaba la segunda parte del acto, la ceremonia de entrega del premio FIL de Literatura 2006, que en su 16ª edición estrenaba nombre y se olvida del de Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, a la espera de que se resuelva una demanda de los herederos que reclaman los derechos de uso del nombre del escritor jalisciense. "Un reconocimiento así no debería ser objeto de un litigio porque lo esencial no radica sólo en el nombre sino en su trayectoria y la institución que lo convoca", lanzó Monsiváis al saber del litigio.

Mosiváis, una de las voces de referencia esenciales del pensamiento y la literatura mexicanas, hizo una encendida defensa de la eduación pública y laica. "Hay una catástrofe educativa en la enseñanza pública de México, y quíen lo dijera, también en la enseñanza privada", afirmó. Sus palabras del espolearon el ambiente en un momento en el que el país azteca se debate sobre su identidad, ya que se acerca el bicentenario de la independencia, que se celebrará en 2010. "Aún en medio de la catástrofe silenciosa de la educación, el laicismo sigue siendo el mayor garante del proceso educativo". Las palabras de Monsiváis fueron acogidas con agrado por el público, que momentos antes había aclamado a los escritores reunidos en la sala. Por contra, decenas de personas abuchearon a Sari Bermúdez, que actuaba en representación del presidente de México, Vicente Fox. Bermúdez era la encargada de cerrar el acto y no pudo hacerlo de manera ortodoxa debido al fortísimo abucheo que recibió.

Yin y yang mexicano

La versión mexicana más próxima al yin y al yang bien pudiera ser la Feria del Libro de Guadalajara: 26.000 metros cuadrados de exposición, más de 1.600 editoriales presentes y casi medio millón de visitantes previstos, pero todo bajo un halo de una pasional reverencia por la literatura que permite, según los editores asiduos, que sea a pesar de todo la que mejor conserva la dimensión humana que ya perdieron el resto de grandes certámenes internacionales. La feria no hace más que alimentar con los años su dualidad espiritual entre lo popular y lo profesional desde que arrancó hace dos décadas por impulso de la Universidad de Guadalajara: a los casi 300.000 títulos representados este año, el incremento incesante de actividades (2.226) para niños (casi 80.000 previstos), los encuentros de lectores anónimos con los escritores, la venta directa de libros los días de acceso libre al público o la creación de un gigantesco mural de fotografías de visitantes que se retratan con un libro, el mismo evento contrapone un aumento de casi un 50% del número de agentes literarios (108, en 2005), sobrepasar la barrera de los 15.000 profesionales del sector, representantes de 45 países, un salón destinado a la compraventa de derechos y un sinfín de jornadas sectoriales.

A una media de 16 actividades simultáneas por hora, el salón da para mucho. Por ejemplo, para conferencias magistrales de pesos pesados como Antonio Lobo Antunes, José Saramago (por separado, claro, dada su escasa afinidad personal), Nadine Gordimer, Carlos Fuentes y Cees Noteboom, en lo literario; de Jon Lee Anderson en lo periodístico, o de Joseph Stiglitz, en lo económico, en el marco del primer Foro de Economía Política Internacional. Preocupados, como en todo el mundo, por los índices de lectura, la feria dedica varios apartados al análisis de la situación: desde comprobar los efectos del programa que se implantó en la enseñanza básica hace cinco año en México, a tomar el pulso al sistema de librerías del país, pasando por la brillante iniciativa de unos encuentros y talleres destinados a la labor del promotor y su rol en la formación de lectores, iniciada hace tres años y que en esta edición ha fijado su objetivo en los padres.

En este inmenso carrusel de actos desembarca Andalucía como cultura invitada de honor. Para hacerse ver en este contexto, la comunidad autónoma no ha reparado en gastos y luce sus mejores galas en un macroespacio. 44 editoriales andaluzas -tres de cada cuatro - tienen representación personal en el evento, una proporción de peso acorde con los 80 escritores invitados: desde el poeta José Caballero Bonald al psiquiatra y escritor Carlos Castilla del Pino (que disertarán juntos sobre la escritura y la memoria), pasando por Luis García Montero y Eduardo Mendicutti. Para participar hasta Saramago se ha hecho andaluz de adopción -su mujer lo es- y dará una charla titulada Un portugués en Andalucía.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 26 de noviembre de 2006

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