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UNA DEUDA HISTÓRICA PENDIENTE

Lázaro Cárdenas, el amigo de la República

Una semana de homenajes celebra al presidente mexicano que acogió a los perdedores de la guerra

Gracias, México. Estas dos palabras resumen el espíritu del homenaje a Lázaro Cárdenas, que entre mañana y el día 9 tendrá lugar en Madrid. La historia de los exiliados españoles vuelve a resonar así a través de la figura de un presidente que gobernó en México entre 1934 y 1940 y que, desde el primer momento de la Guerra Civil española, hizo cuanto estaba en su mano por ayudar a un país amigo. Dio asilo en su embajada a los que padecían los rigores del conflicto, se hizo cargo de más de 400 niños y, cuando todo acabó, abrió las puertas de su país a cerca de 25.000 españoles. Conferencias, mesas redondas, exposiciones, películas, actos académicos y un gran concierto servirán para celebrar la grandeza moral de un hombre que, desde muy joven, se comprometió a defender algunos viejos valores: los de justicia social y respeto a la legalidad. La sociedad española, a través de numerosas instituciones públicas y privadas, salda así una vieja deuda pendiente.

Los primeros en llegar fueron los llamados niños de Morelia, la capital del Estado de Michoacán. Fue en 1937, cuando la Guerra Civil desangraba España, y el entonces presidente de México, Lázaro Cárdenas, abrió las puertas de su país para que los más pequeños (fueron 460 niños, muchos de ellos huérfanos), los que nada sabían de las consignas por las que se mataban los dos bandos, pudieran crecer lejos del horror. "Llegaron en barco a Veracruz y, desde allí, fueron directamente al Distrito Federal, donde los recibió el general", recuerda Amalia Solórzano, la viuda de Lázaro Cárdenas que, con 99 años, ha venido a Madrid con su familia para asistir a la semana de homenajes con la que se pretende agradecer lo que su marido hizo entonces por quienes defendían a la República.

"Su fórmula era la palabra, no el derramamiento de sangre", cuenta su hijo Cuauhtémoc

Entre 20.000 y 24.000 españoles se instalaron en México. Fue Lázaro Cárdenas el que les dio asilo

"Fue siempre muy estrecha nuestra relación con los que llegaron", dice Amalia Solórzano

"Aunque existía una cierta identidad entre los Gobiernos de México y la República, y entre sus ideologías, mi padre simplemente cumplió con sus compromisos internacionales. Se limitó a apoyar a un Gobierno amigo cuya legalidad estaba siendo cuestionada y ofreció toda la ayuda que pudo dar, sin condiciones, a todos los que defendían el régimen legal, fueran del partido que fueran". El que habla es Cuauhtémoc Cárdenas (1934), el hijo. Heredó su pasión por la política, pero no se dedicó a ella hasta años después de que su padre muriera. Fue gobernador del Estado de Michoacán entre 1980 y 1986, y una de las voces críticas dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI) -"defendí la necesidad de profundizar en su proyecto social y en su democratización interna"- hasta que lo abandonó. Con el tiempo fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), y ha sido varias veces candidato a presidente. Entre 1997 y 1999 fue jefe de Gobierno del Distrito Federal. Hace no mucho renunció a ser el candidato de su partido en las próximas elecciones en favor de Andrés Manuel López Obrador.

El nieto de Lázaro Cárdenas también se llama Cuauhtémoc, como su padre, y dice que él es "de los pocos normales" de su familia. Es decir, que no se dedica a la política (como Camila, su hermana): estudió arquitectura y ahora es uno de los responsables del Festival de Cine de Morelia. Lo comenta, seguramente, porque el que queda de los tres nietos de Lázaro Cárdenas, el que lleva su mismo nombre, es ahora gobernador de Michoacán y está, por tanto, tocado por esa fiebre que corre por la familia de generación en generación.

Los primeros fueron los niños de Morelia, pero los españoles que llegaron a México durante y, sobre todo, al terminar la guerra fueron muchos más. El primer barco cargado de exiliados fue el Sinaia, que llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939. Luego llegaron los buques Ipanema, Mexique, Nyasa y Champlain, y se calcula que fueron entre 20.000 y 24.000 los españoles que se instalaron a lo largo y ancho de México. Fue Lázaro Cárdenas el que les dio asilo.

"Lo conocí cuando era gobernador de Michoacán. Las monjas de mi pueblo habían organizado un homenaje al general y fue allí donde lo vi por primera vez", cuenta Amalia. El enamoramiento tuvo que ser fulminante. Desde entonces no dejaron de verse, a salto de mata, por las ocupaciones del político y por la inestabilidad de la propia revolución -en la que se sucedían todavía los conflictos entre los distintos líderes-, hasta que se casaron en 1932. "No sé lo que pasó. Cuando lo conocí, el general estaba de campaña, no andaba de conquista. Pero le aseguro que se fijó en mí desde el primer momento, así que la que lo conquistó debí de ser yo". Estuvieron juntos hasta que Lázaro Cárdenas murió en 1970. "No me sorprendió que llegara a presidente, era algo que estaba ya anunciado por todo el trabajo político que llevaba haciendo desde antes", dice.

Lázaro Cárdenas fue un presidente viajero. Fue de un lado a otro de México para conocer las necesidades de sus compatriotas. Y su mujer lo acompañaba cuando podía. Repartió casi dieciocho millones de hectáreas en ejidos para mejorar las condiciones de vida del campesinado. La nacionalización de los ferrocarriles y la expropiación de las grandes compañías petroleras fueron otras de las medidas de su gobierno, que se empeñó en la modernización del país, destacando sobre todo por su política educativa. Aumentaron las escuelas, impulsó la educación mixta, se afanó por que las campañas de alfabetización llegaran hasta los más remotos confines. En cuanto a cuestiones internas, permitió la formación de nuevos partidos políticos, como el Partido de Acción Nacional (PAN).

"No sólo ayudó a la República española", observa su hijo, por lo que toca a la dimensión internacional del gobierno de su padre. "Protestó en los foros internacionales cuando la Italia fascista invadió Etiopía y denunció al régimen nazi cuando incorporó a Austria y cuando agredió a Checoslovaquia en 1938".

Favorecer a los más necesitados, defender la legalidad, profundizar en la democracia, mantener la herencia liberal, reforzar la educación; todos esos valores vienen de antes, y es entonces cuando resuena la revolución mexicana. Lázaro Cárdenas nació en Jiquilpan, Michoacán, en 1895. Así que el furor de aquellos tiempos agitados lo alcanzó cuando era muy joven. La zona en la que habitaba era fundamentalmente agraria, "con bastante comercio y también seda", explica el nieto. El hijo comenta que su padre vivía de trabajos relacionados con la administración de rentas y que, con unos amigos, había fundado una imprenta. "Compartía las ideas de los que querían que México cambiara, así que cuando la revuelta llegó a su zona, colaboró para imprimir un Manifiesto de la revolución. Comenzó a ser perseguido, y no tardó mucho en incorporarse a las filas constitucionalistas, las que lideraba Carranza", cuenta el hijo. Y el nieto añade: "En esos tiempos todavía no había grietas entre los revolucionarios, y Carranza compartía la misma lucha que unía a Zapata y Pancho Villa contra el general Victoriano Huerta, que en 1913 se rebeló contra Madero". Huerta fusiló a Madero, lo que sirvió para reforzar a sus rivales. La revolución, que empezó en 1910, siguió adelante, y "más o menos triunfó definitivamente en 1920", explica el hijo de Cárdenas. "Y es que todavía hubo disputas hasta más adelante".

"Nunca tuve miedo. Nunca tuvimos escolta, siempre salimos a pasear cuando quisimos y llevamos una vida normal", dice la viuda del presidente cuando recuerda aquellos años. La revolución se había consolidado ya. Pero a Lázaro Cárdenas le costó conquistar su independencia política. "Tuvo que enfrentarse a Plutarco Elías Calles, que, junto al general García Obregón, había sido de los que más lo ayudaron en los inicios de su carrera, porque era de los que gustaban de gobernar en la sombra", explica el hijo. Tenía las ideas claras, un proyecto firme; no fue por azar por lo que acogiera a los que perdieron la guerra contra Franco.

"Me sorprende el ruido que ha provocado en España el debate sobre la enseñanza laica en las discusiones sobre el Estatuto catalán", observa el nieto. "En México, la separación entre Iglesia y Estado viene del siglo XIX, de una ley de 1857, y ya en 1856 estaba permitido el divorcio". Aun así, hubo roces entre los católicos y la revolución. "Estuvieron los problemas con los cristeros", explica el hijo, "pero también ahí la actitud de mi padre fue transparente. Evitó todo conflicto con ellos cuando era gobernador de Michoacán, se adelantó a sus reivindicaciones y les tendió la mano para negociar. Su fórmula era la palabra, no el derramamiento de sangre". Y en Michoacán no hubo víctimas en la revuelta de los cristeros.

Así era el hombre que ofreció otra oportunidad a los perdedores de la guerra y el que permitió, en fin, que la cultura que había surgido con la República -la apertura de ideas, el pluralismo, la posibilidad de debate, el triunfo de la razón frente al oscurantismo, y todo lo demás que el franquismo cercenaría- siguiera viva, se mantuviera en otro lugar, tuviera descendencia. "Aunque fueran muy importantes, no sólo llegaron intelectuales a México", comenta Cuauhtémoc Cárdenas hijo. "Vino gente de todas las clases sociales y de las profesiones más diversas. Y nos enseñaron lo que sabían. Yo recuerdo a un español que estuvo muy próximo a mi padre porque sabía de olivos, y ése era un cultivo que él estaba empeñado en introducir en México".

"Cuando estalló la Guerra Civil, también México se dividió, y hubo quienes estuvieron con los rebeldes y otros que simpatizaron con la República. Y siempre de manera apasionada", explica el hijo de Lázaro Cárdenas. Y su nieto insiste: "Siempre se ha seguido con interés lo que pasaba en España. Hay un corrido de 1931 que celebra el triunfo de la República. Cuenta de la reina que sale huyendo, habla de un tren que se estropea y bromea por que su alteza llegara finalmente a París en un vagón de tercera".

"Fue siempre muy estrecha nuestra relación con los que llegaron, y a los niños de Morelia los vimos varias veces", dice Amalia Solórzano. "Y a la viuda de Azaña, y a Martínez Barrios, y a Gordón Ordás y a León Felipe... Los españoles se incorporaron a México y formaron parte de nuestro país. El médico que me ayudó a traer a mis hijos al mundo era español". Ésa es la historia, y el homenaje a Lázaro Cárdenas, el amigo de la República, era, pues, una obligación impostergable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de octubre de 2005