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Reportaje:

La técnica de la confusión sexual

Fontanars introduce un nuevo sistema para combatir plagas en 100 hectáreas de vid

Un grupo de viticultores de Fontanars dels Alforins (La Vall d'Albaida) ha introducido un sistema novedoso en suelo valenciano para combatir la polilla del racimo (Lobesia botrana), una plaga endémica en toda España que afecta a la calidad de la uva. La técnica se llama de confusión sexual y consiste en inundar los campos de la feromona que segregan las polillas hembras para atraer a los machos.

Saturado el ambiente, explica el ingeniero agrónomo Carlos Colás, la polilla macho es incapaz de rastrear a su pareja reproductora.

Colás asegura que la técnica es ecológica; sólo afecta a esa especie de polilla y al eliminar el uso intensivo de insecticidas evita la destrucción de la "fauna útil", como las mariquitas, depredadores naturales de varias clases de plagas.

El sistema, utilizado en otros países y en otras zonas de España, se introdujo en 2004 en diez hectáreas de Fontanars dels Alforins pertenecientes a la bodega Los Frailes, de producción ecológica, con buen resultado. La confusión sexual se ha extendido desde abril de este año a 100 hectáreas, la mayoría de producción integrada, una categoría por debajo de la ecológica que también impone límites al uso de productos químicos.

El gerente de Heretat de Taverners, una de las bodegas que se ha unido a la iniciativa, Juan Llobell, considera el resultado espectacular. Pero lo que más feliz parece hacerle es la tranquilidad que le ha proporcionado.

Los métodos anteriores exigían un control permanente de las viñas. Y no era raro descubrir la presencia de la plaga demasiado tarde; cuando las viñas desprenden olor a podrido.

El daño más grave que producen las polillas, llamado podredumbre gris, está causado indirectamente por las larvas, normalmente de "segunda y tercera generación", indica Carlos Colás.

Las polillas de primera generación pasan meses hibernando. Despiertan con la llegada de la primavera y suelen alimentarse de flores y de frutos todavía por desarrollar. Su repercusión en la cosecha es escasa.

Las larvas de segunda y tercera generación, en cambio, se alimentan preferentemente de uvas. Los orificios dejados por las orugas son utilizados por hongos, como el Botrytis cinérea, causante de la podredumbre gris para penetrar en el fruto.

Hasta la introducción de la confusión sexual, Juan Llobell, como el resto de viticultores, debían estar pendientes de indicadores como el "vuelo de los machos", localizar los capullos y calcular el día exacto en que eclosionarían para rociar las vides de pesticidas.

Aparte de acertar en el día exacto, señala el agrónomo Carlos Colás, un arte en el que colaboran técnicos de la Consejería de Agricultura, la lucha contra la polilla debía enfrentar contingencias como la lluvia.

El único inconveniente, por el momento, para extender la técnica de la confusión sexual más allá de Fontanars, es el precio. Los difusores que desprenden la feronoma cuestan, comprados al detalle, 100 euros por hectárea cubierta. Y su fiabilidad sólo es óptima en terrenos que superen las 10 hectáreas de vid.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de agosto de 2005