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Reportaje:GRANDES REPORTAJES

Científicas de vuelta

Son jóvenes, tienen currículos impactantes y posdoctorados hechos en laboratorios extranjeros de relumbrón. Han vuelto a España y pisan fuerte. El cáncer de colon, la madera, los fluidos y el genoma de una mosca son sus objetivos.

Están todas en la treintena, pero ya publican en las revistas científicas más prestigiosas del mundo. Han vuelto a España tras trabajar con científicos de primera línea internacional, y, al tiempo que investigan en temas punteros, se pelean por conseguir financiación para sus trabajos, estabilidad laboral y una visibilidad como científicas aún difícil de alcanzar. Son creativas, constantes, poco acomplejadas y peleonas, y están dispuestas a comerse el mundo, al menos el de su especialidad científica. Dedican a sus trabajos todas las horas que haga falta, y la mayoría no tiene hijos porque resultan poco compatibles con una carrera tan absorberte y competitiva como la científica. Coinciden en que la investigación ha cambiado mucho en España en los últimos años, para mejor; pero admiten que, como mujeres, todavía se topan con sutiles "techos de cristal".

Forman parte de un reducido grupo que, a su regreso, ha conseguido dirigir sus propios laboratorios e investigaciones, pese a mantener una situación laboral todavía inestable -salvo contadas excepciones, tienen contratos temporales Ramón y Cajal-. Es el caso de la bióloga de plantas Ana Caño, la matemática Ana María Mancho y las biólogas Elena Sancho y María Domínguez, cuatro exponentes de esta nueva generación de científicas que pisa fuerte en el actual panorama de la ciencia española. "Me ha costado mucho llegar aquí, pero no me cambiaría por nada. Disfruto intentando contagiar mi experiencia a los demás", dice una exultante Elena Sancho en su laboratorio del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona.

Hablan de sus trabajos con un fervor que raya en la pasión. "Me entusiasma, es un desafío permanente porque me exige gran esfuerzo mental. Cuando llevo varios meses investigando en algo y no me sale, me empeño más en sacarlo. ¡Es genial!", señala la matemática Ana María Mancho, capaz de pasarse horas encerrada en su minúsculo despacho madrileño del CSIC peleándose con ecuaciones de fluidos.

No tienen complejos cuando se trata de competir con colegas extranjeros, ni en investigaciones, ni en currículos, ni en publicaciones. "Cuando yo volví, en 1999, todo el mundo me decía: 'Para el carro, porque aquí las cosas van mucho más lentas y es difícil sacar investigación de calidad. En España no hay dinero'. Era una postura muy derrotista. Cuando ahora veo mi instituto, con jóvenes entusiastas y que quieren ser competitivos, creo que la situación ha cambiado mucho porque la gente que vuelve lo hace con una mentalidad distinta", afirma la bióloga María Domínguez, vicedirectora del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH) de Alicante. "Se ha producido un proceso de selección evolutiva increíble, y ahora en España sólo salen adelante los mejores. Hemos producido un grupo superpotente de investigadores geniales, porque la falta de posiciones estables ha hecho que sólo aquellos que tienen el mejor currículo saquen las plazas. Y hay algunos impresionantes, con publicaciones en las mejores revistas, Science, Nature, Cell… ¡Es fantástico!", añade la bioquímica Elena Sancho.

Se reconocen competitivas y pragmáticas: "Yo soy la misma investigadora en el Salk Institute que aquí, y las preguntas científicas que me puedo hacer son idénticas. Hoy tenemos en España iguales técnicas y aparatos para competir, no hay por qué tener miedo", dice Ana Caño con una seguridad envidiable para sus 32 años. Y no se les caen los anillos al hablar de investigaciones aplicadas y patentes. "Hay algo de lo que no tenemos costumbre en España: hacer investigación dirigida a generar patentes. Y si somos capaces de generar patentes revertirán en beneficios, y esos beneficios, en investigación. Queremos aportar conocimiento lo más útil posible a todos los niveles", mantiene Sancho, que investiga en cáncer de colon.

Admiten que la limitación de cinco años de sus contratos, los Ramón y Cajal, creados precisamente para repescar a jóvenes cerebros en el extranjero, es una especie de espada de Damocles colgada sobre la continuidad de sus trabajos, aunque no les quita el sueño: "He aprendido que, si lo haces bien, la temporalidad se resuelve", dice Sancho. "No me preocupa que el contrato sea permanente, sino que el ministerio me proporcione durante esos cinco años el dinero necesario para realizar mi investigación y demostrar que puedo llevar a cabo una línea independiente que merece ser financiada porque puede aportar beneficios intelectuales y económicos", explica Ana Caño. Una inestabilidad laboral que es bastante más inquietante para Mancho, que quiere acceder a plazas de profesor universitario. "Se nos ha prometido la oportunidad de presentarnos a una plaza de investigador antes de terminar el contrato, y confío en que sea cierto. Voy a intentar conseguir la estabilidad laboral en España, pero en última instancia me plantearé marcharme fuera otra vez".

Son producto de una generación que se ha educado en la igualdad teórica de sexos y confiesan no haber notado discriminación alguna por género, hasta comenzar a competir por becas, trabajos y publicaciones. Discriminaciones sutiles, que se hacen menos sutiles cuando se aspira a puestos de responsabilidad, y que, como asegura la médica Flora de Pablo, presidenta de la Asociación de Investigadoras y Tecnólogas (300 mujeres y media docena de varones), siempre desembocan en el famoso techo de cristal que, en ocasiones, se convierte en un "techo de cristal blindado". "Tenemos que animar a otras investigadoras a que acepten y pidan puestos de responsabilidad, porque hay mucha gente joven que está empezando y tiene que ver que esto no es una carrera de obstáculos. Hay que arriesgarse, hay que ser ambiciosa, tú no puedes plantearte los topes. Y ahora mismo, todavía tenemos que arriesgarnos más que los hombres; ser más combativas, más visibles", mantiene María Domínguez.

"La situación de las científicas en España es el resultado de un conjunto de microdiscriminaciones y sesgos sostenidos a lo largo de muchos años. No hay ninguna duda, cuando se analizan los datos, de que no hay igualdad de oportunidades, que hay más barreras y menos apoyo con las mujeres. Y lo que es muy triste es que las jóvenes no lo perciben, como no lo percibía yo cuando tenía 30 años… Tampoco lo admite un porcentaje muy alto de varones. Y mientras no miremos los datos con frialdad, no nos daremos cuenta de que esa representación masiva de varones en los puestos de responsabilidad se debe a una serie de factores que lo han facilitado, y que las políticas de igualdad han sido papel mojado", sostiene Flora de Pablo, investigadora del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC.

Los datos oficiales señalan que en España hay unas 30.000 investigadoras, un tercio del colectivo total de 90.000 investigadores (datos muy similares a los de la Unión Europea), tercio que se ajusta bien a la plantilla del CSIC (1.602 investigadores varones y 759 mujeres). Más datos: las mujeres están ancladas, en general, en los puestos de entrada del escalafón, tanto en la universidad (71 rectores y sólo cuatro mujeres) como en el CSIC. En este último bajan a medida que se escalan los puestos de mayor nivel, los de profesor de investigación (400 hombres y 71 mujeres, 15,07%).

"Lo más importante es que la mujer se está haciendo visible", opina Cecilia Castaño, catedrática de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y autora del libro Las mujeres y las tecnologías de la información. "Eso también ha llegado al campo científico, y se refleja, por ejemplo, en las oposiciones a cátedra, donde ya no provoca rechazo que la mitad de los candidatos a una plaza sean mujeres". Pero Castaño no lanza las campanas al vuelo. "En los comités de becas, de selección, de evaluación no hay casi mujeres. No es una cuestión de cuota, es cuestión de valorar los méritos de verdad, y si hay tantas mujeres que estudian como hombres, es imposible que no haya tantas mujeres preparadas como hombres, no puede ser que no haya ninguna mujer capaz de conseguir una beca… Por eso es importantísimo que en estos comités de selección haya mujeres".

Algo en lo que coincide María Domínguez, miembro de la Comisión de Área de Biología y Biomedicina del CSIC. "Voy a reuniones de institutos y comisiones donde soy la única mujer, y si hay otras, desde luego no son de mi edad, así que algo falla; no sé dónde falla, pero algo falla".

La maternidad es un tema problemático para estas científicas, que coinciden en señalar las dificultades para compaginar familia e investigación cuando el trabajo carece de horario y las facilidades, estatales y empresariales, son escasísimas o inexistentes. Algo que explica muy bien Elena Sancho, que a sus 39 años tiene un bebé de 11 meses. "Mientras estás en los periodos de intensa lucha, de doctorado o posdoctorado, ni te lo planteas porque no puedes y lo alargas al límite de la edad biológica. Puede que no sea ya el mejor momento, pero yo he decidido que no voy a renunciar a la maternidad porque la sociedad no esté preparada, sólo voy a vivir esta vida… Ahora que dirijo un grupo de investigadores pienso que soy capaz de hacerlo en un horario compatible con mi vida familiar, y por eso me he planteado que era el momento".

"Yo sé que voy a correr todo lo que haga falta para llegar a mi punto fijado, y para eso los hijos son un handicap; pero no desisto, soy todavía joven… Lo que no puede ser es que para llegar a ser profesoras de investigación tengamos que renunciar a ser madres, que es algo que está pasando con las mujeres que quieren llegar lejos profesionalmente", dice Caño.

Todas coinciden en un punto: es necesario invertir más en investigación y conocimiento. Si algo tienen claro estas científicas es que, sin invertir en conocimiento, un país como España tiene poco futuro. "Tenemos unos centros que están al mismo nivel, o mejor, que otros europeos y que nos permiten trabajar, pero hace falta incrementar la inversión. Somos diez veces menos eficientes que la mayoría de los colegas europeos porque perdemos muchísimo tiempo buscando financiación", concluye Elena Sancho.

MARÍA DOMÍNGUEZ

"Cuando monté el laboratorio no tenía ni para papel. Pedí dinero prestado y empecé a trabajar"

39 años. Bióloga. Ha trabajado tres años de posdoctoral en el Departamento de Zoología de la Universidad de Zúrich (Suiza), y tres años en el MRC Laboratory of Molecular Biology, en Cambridge (Reino Unido). Premio EMBO Young Investigador Award 2000-2004. En la actualidad es científica titular del CSIC y vicedirectora del Instituto de Neurociencias (CSIC-UMH) de Alicante.

Cuando habla de la Drosophila melanogaster, una mosca emblemática en los laboratorios de biología, María Domínguez se refiere a ella simplemente como "la mosca". Y a la mosca, y su relación con el desarrollo genético, le ha dedicado muchos días, y noches, de una vida en la que la ciencia es protagonista. "Desde que tengo uso de razón quería investigar. De pequeña quería ser inventora, me gustaba descubrir, mirar… Y cuando llegó el momento de elegir carrera, lo que más me influyó fue la postura de mis padres, que me repetían: no estudies biología, que no tiene salida. Así que me decidí por la biología".

Domínguez tiene un físico menudo, un hablar suave y un aspecto muy juvenil que puede inducir a equívocos, porque esta apacible apariencia esconde sin duda una decisión y tozudez de la que ha dado pruebas en su itinerario científico. Un carácter que le ha llevado, antes de los 40 años, a ser vicedirectora del moderno Instituto de Neurociencias de Alicante, donde dirige su propio laboratorio, y a tener publicados tres artículos en la revista Nature. "Y sacar uno desde Alicante no está mal, ¿eh?".

El caso es que María parece acostumbrada a moverse contracorriente con bastante soltura. En su primer posdoctorado, en Zúrich, se empeñó en mantener su propia línea de investigación, y lo consiguió, lo que fue casi una revolución… Y cuando el inglés Peter Lawrence le ofreció trabajar en su laboratorio -apoyo científico, espacio y fondos- pudo también conservar su línea de investigación, algo bastante insólito. "Lawrence fue muy generoso".

Domínguez decidió volverse a España en 1999. "Fue cuestión de edad: cuando pasas de los 35 años no se pueden pedir más becas, salvo si tienes hijos. Yo estaba casada, pero no tenía hijos". Y sacó -a la primera- una plaza de investigadora en las oposiciones del CSIC. "Esto ha cambiado muchísimo, sobre todo en cuanto a la financiación de grupos jóvenes; cuando vine a Alicante no había nada. El CSIC te daba 1.200 euros para empezar a investigar -si sabes que tienes derecho a pedirlos; si no, ni eso, ni siquiera te dan espacio-. Yo pedí todo lo que pude para montar el laboratorio, no había ni para papel… Tenía una beca del Plan Nacional y otra de EMBO, pero el Plan Nacional no me pagó hasta el año siguiente… Así que pedí dinero prestado a un amigo y empecé a trabajar y a luchar contra la burocracia".

En su laboratorio, centrado en la investigación de problemas de biología del desarrollo, María explica cómo el genoma de "la mosca" es una versión resumida del libro genético de los humanos, y eso la convierte en algo apasionante. "El desarrollo es el proceso que da lugar a un organismo multicelular a partir de una primera célula (el huevo fecundado). La secuencia del genoma (DNA) de un organismo contiene todas las instrucciones para construir cada uno de sus tejidos y órganos. Pero si todas las células de un organismo tienen la misma secuencia de DNA, ¿qué las hace células diferentes? La diferencia esencial estriba en los genes que están encendidos o apagados en una célula determinada y en un momento determinado. Aislar los genes que inducen el desarrollo del ojo de la mosca y ver cómo se comportan cuando los alteramos es el objetivo de nuestra investigación".

¿Por qué precisamente el ojo de la mosca? ¿Qué aplicación puede tener esta investigación en humanos? "Aunque el ojo de la mosca es anatómicamente muy diferente al nuestro, la base genética que construye ambos tipos de ojos es extraordinariamente similar. Otro aspecto importante del desarrollo de un órgano es el control del crecimiento. En el ojo de la mosca, por ejemplo, emplea muchos de los genes que sabemos actúan en los tumores humanos. Usamos las herramientas disponibles en la mosca y el desarrollo del ojo como modelo para estudiar el cáncer".

En Cambridge descubrió -en colaboración con el español José de Celis- que en el desarrollo de la mosca la formación de los órganos depende de unas moléculas organizadoras, una especie de arquitectos de las estructuras y partes del organismo. "Instruyen a las células, que son como los obreros, de cuándo y cuánto tienen que multiplicarse, de cuándo y en qué tienen que diferenciarse. Descubrimos que en el ojo de la mosca existía un organizador, y fuimos viendo cómo se regulaba y funcionaba. Lo relevante es que ese organizador es similar, o muy parecido, a otros que son importantes en la formación de las extremidades humanas y de otros vertebrados".

La bióloga y su equipo han descubierto que en Drosophila, y posiblemente en vertebrados, hay dos genes necesarios para la formación del ojo (eyegone y eyeless) de una misma familia génica llamada Pax6. "Pero el que actúa en el control de crecimiento es el eyegone, y no el eyeless, como se pensaba. Nuestro trabajo ha sugerido que mientras una (eyeless) regula la identidad -'esto es un ojo'-, la otra (eyegone) regula el crecimiento. Hay una variante, la proteína Pax6 en humanos, que se parece, en estructura, a la proteína de la mosca que controla el crecimiento. Es más: cuando introduces la secuencia de esta proteína humana en el genoma de la mosca (moscas transgénicas humanizadas) es capaz de hacer lo mismo que hace la proteína de la mosca…".

Con estas moscas transgénicas descubrió algo importante: "Que la variante de Pax6 de la mosca era capaz de producir tumores, al menos en la mosca. Y esta variante, apenas estudiada, puede tener un papel importante en la formación del ojo humano y en el desarrollo de tumores. En el laboratorio trabajamos con 60 genes que pueden ser importantes en la formación de tumores, y nos hacemos preguntas como: ¿qué factores pueden desatar crecimiento tumoral?, ¿cómo evitarlo o retardarlo?".

Domínguez, que se reconoce "compulsiva" en el trabajo, admite que no ha sido fácil llegar en tan poco tiempo a dirigir un laboratorio y ser directiva del centro. "Después de tres años con equipo propio es cuando me siento jefa de equipo, porque antes se cometen errores importantes… En cuanto a ser vicedirectora del instituto, he aprendido a valorar que no sólo es importante la investigación que haces en el laboratorio, sino que ésta tiene que proyectarse dentro del centro en el que trabajas y de la ciencia en España".

ANA CAÑO

"Investigo por qué determinadas células madre de la planta se convierten en sistema vascular"

32 años. Bióloga de plantas. Cinco años en el John Innes Centre de Norwich (Reino Unido), donde hizo el doctorado. Tres años como posdoctoral en el Salk Institute de San Diego (EE UU). Premio Career Development Award 2004 (a la excelencia de un investigador joven) de Human Frontiers Science Organization l En la actualidad tiene un contrato Ramón y Cajal en el Consorcio CSIC-IRTA de Barcelona.

Después de casi nueve años de formación en el extranjero, Aña Caño regresó en septiembre pasado del famoso Salk Institute, donde trabajó en el laboratorio de Joan Chory -declarada número uno en plantas del mundo en 2004- para iniciar en España su propia línea de investigación en desarrollo vascular de plantas. Es evidente que ese itinerario por codiciados centros científicos de excelencia ha proporcionado a Caño -una adolescente en el mundo de la investigación- un aplomo sorprendente. Una seguridad que mezcla con un carácter extravertido, una dedicación "sin horario" al laboratorio y un entusiasmo desbordante.

Siempre ha trabajado con plantas, aunque esta madrileña asegura divertida que, si volviera a empezar, se haría neurobióloga "para saber por qué estamos tan locos". El premio de Human Frontiers le ha permitido cumplir el sueño de todos los investigadores que vuelven: montar su propio laboratorio. "La financiación ha sido fundamental para mi incorporación al Laboratorio de Genética Vegetal (CSIC-IRTA); he acelerado un proceso que hubiera tardado como mínimo un año y medio, porque el Ramón y Cajal sólo proporciona 6.000 euros… Así, he podido contratar un becario y adquirir equipamiento".

Son aspectos que suenan a intendencia, pero vitales para los científicos, y más para los jóvenes. No hay investigación que valga, por muy brillante que sea, sin dotación económica, sin un laboratorio, sin personal contratado…, algo que en España no resulta fácil conseguir. "El Consorci ha repescado en los últimos dos años a casi una decena de jóvenes investigadores. La idea es integrarnos en un centro que funcionará en el campus de Bellaterra de la Universidad de Barcelona, dirigido por Pere Puigdomenech. Queremos aplicar los conocimientos básicos al beneficio de la agricultura en España".

Caño explica que su trabajo nace de mezclar las investigaciones hechas en el John Innes Centre, con el xilema de la Arabidopsis como planta modelo, y en el Salk, donde se ha centrado en los esteroides en plantas, los brasinosteroides -muy similares a los animales-, que desempeñan un papel importantísimo en el crecimiento de la planta. "Hemos demostrado que en las células vegetales se unen al esteroide por un receptor que está en la membrana, de manera distinta a las células animales que lo hacen siempre a través de receptores nucleares. Se publicó, en enero, en Nature".

Los nombres de revistas como Nature, Development o Plant Cell se intercalan de forma natural en las explicaciones de Caño mientras habla de la importancia del sistema vascular de la planta, sin el cual no podría existir: "La planta utiliza un sistema de transporte para el agua y los solutos (el xilema) que, una vez realizada la fotosíntesis, convierte en fotoasimilados y conduce a través de otro sistema de transporte (el floema) que compone el sistema vascular. Tanto el floema como el xilema se diferencian a partir de una población de células madre que se denomina procambium. Hemos descubierto que la percepción de esteroides en estas células es importante para que se conviertan en floema o xilema. Esto se publicó en Development en noviembre pasado. En mi laboratorio investigaremos qué genes están encargados en comprometer el destino de esta pequeña población de células madre en células con función vascular. Con esto pretendemos contribuir al conocimiento del desarrollo vegetal".

Todo resulta más fácil de entender cuando se descubre que las células vasculares del xilema es lo que se conoce vulgarmente como madera. Y si consideramos que la madera es el material más abundante de la biosfera, se comprende el porqué del contento de Caño ante las posibles aplicaciones biotecnológicas de su trabajo, que puede tener un gran impacto ambiental y económico. "Durante todos estos años he querido encontrar el mecanismo molecular que conducía a la diferenciación del xilema porque tiene unos beneficios aplicados a la industria maderera muy importantes. La madera es el principal componente de la biomasa terrestre: es una fuente de oxígeno, de energía, de biomasa, modera los climas…, y conocer cómo se forma es fundamental para la conservación de nuestros ecosistemas. Y también en la alimentación. Saber cómo se forma el sistema vascular de la planta tiene una repercusión en los productos hortícolas y frutícolas que se producen, y sobre todo mejora la producción: más cantidad y calidad con menos gastos".

Ana Caño, una enamorada de la investigación básica, no sólo no desdeña, sino que defiende con entusiasmo la aplicada. "La nuestra es una investigación básica, pero si sabemos cómo se forma el floema y podemos manipular las condiciones en las que se forma, podremos, de alguna manera, controlar fenómenos ambientales, hacer plantas con mayor resistencia a sequías o a patógenos". Otro de los proyectos por el cual esta bióloga se ha incorporado al CSIC-IRTA tiene que ver con el melón, una fruta que produce dos millones de toneladas al año en España, lo que la convierte en la segunda especie hortícola con más beneficios económicos. "Me atrae la idea de aplicar algunos conocimientos de la biología a la producción vegetal, contribuir al desarrollo tecnológico de una especie de interés agronómico como es el melón".

Caño ha encontrado el panorama investigador español muchísimo mejor de como lo dejó, pero critica el escaso apoyo que se da a los jóvenes. "La media de edad de los contratos Cajal está en torno a los 37 años. Se supone que la edad más creativa oscila entre los 30 y los 40 años; eso significa que los incorporados han dejado la época más productiva fuera del país". Y echa en falta dos cosas: que se incentive la autoestima de los estudiantes y que se crea más en ellos. "Desde el punto de vista intelectual, quizá sean los más creativos del panorama científico, y hay que depositar más confianza en ellos porque van a ser no sólo las manos, sino las cabezas de nuestros proyectos".

ANA MARÍA MANCHO

"Un millón de dólares por la solución de un problema"

Matemática. 36 años. Doctora en Ciencias Físicas. Ha trabajado casi tres años en el Departamento de Matemáticas de la Universidad de Bristol (Reino Unido) y dos años en el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial de Madrid. Fue becaria posdoctoral en el Departamento de Ingeniería, Ciencias y Matemáticas Aplicadas de la Universidad de Northwestern (Illinois, EE UU) l En la actualidad tiene un contrato Ramón y Cajal de investigadora en el Instituto de Matemáticas y Física Fundamental del CSIC (Madrid).

En 2000, el Clay Mathematical Institute destacó siete problemas matemáticos, aún sin resolver, a cuya solución otorgó un premio de un millón de dólares. Uno de ellos trata sobre si existen o no soluciones singulares en las ecuaciones de fluidos en tres dimensiones. Y precisamente en esa materia trabaja Ana María Mancho, que, aunque es doctora en físicas, se considera, sin lugar a dudas, matemática. "Los problemas de fluidos tienen mucho que ver con las matemáticas, y su resolución, con los cálculos numéricos. Yo me muevo en un campo donde coinciden físicos y matemáticos, el de la matemática aplicada, que consiste en resolver problemas aplicados a la naturaleza con técnicas sofisticadas".

Las soluciones singulares en ecuaciones de fluidos se relacionan con los torbellinos, la formación de frentes de aire caliente y frío, la turbulencia o las manchas solares, y Mancho, con colaboradores del CSIC, de la Universidad Autónoma de Madrid y de la Universidad de Yale (EE UU), ha obtenido recientemente un resultado -publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Science- en el que muestra "el único ejemplo conocido hasta ahora de singularidades en fluidos incomprensibles". No es que hayan resuelto el problema del millón de dólares -"¡sería apasionante, es un auténtico reto!", exclama Mancho casi en éxtasis-, "pero hemos obtenido un pequeño avance".

Mancho explica su trabajo partiendo de cero: "Las matemáticas describen la naturaleza con herramientas muy potentes, entre las que destacan las ecuaciones diferenciales. Quizá las ecuaciones que más conoce la gente son las que ha estudiado en el Bachillerato, donde se plantea una ecuación y al final hay un resultado, un número. Cuando se resuelven las ecuaciones en derivadas parciales lo que se busca no es un número, sino una función, que describe, por ejemplo, cómo evoluciona el campo de velocidades de un fluido; es decir, que cuantifica la dinámica del fluido en cada punto del espacio. Esto permite predecir multitud de fenómenos con aplicaciones tecnológicas o en la vida diaria. Por ejemplo, cuando los meteorólogos predicen el tiempo tienen velocidades, presión, temperaturas en muchos puntos del espacio… Mi objetivo es conocer esas funciones, y eso se calcula con ecuaciones derivadas parciales. Pero calcular o entender las soluciones que despliegan esas ecuaciones constituye un problema matemático muy difícil".

El objetivo de Mancho, desarrollar técnicas numéricas para resolver esas ecuaciones, resulta bastante más accesible cuando explica su relación con algunas aplicaciones: "Tienen que ver con la meteorología; con la evolución de una estrella; con cómo se mueve un torrente de agua en una torrentera, en un río o en los océanos, y en el transporte… Las ecuaciones que describen los fluidos tienen potencialidad para describir todos esos comportamientos físicos, muy complejos, pero esenciales en el día a día".

En estos momentos, su trabajo no se limita al proyecto descrito, ya que con distintos colaboradores investiga en dos problemas más relacionados con los fluidos: "El transporte por las corrientes marinas de elementos como el plancton, nutrientes o contaminantes es de indudable importancia para la vida oceánica y el impacto ambiental. Desde el punto de vista matemático, este proceso (advección caótica) se describe en el marco de las ecuaciones diferenciales ordinarias dependientes del tiempo -su estudio todavía constituye hoy un reto matemático-, que te permite averiguar cómo ese plancton o los contaminantes son capaces de atravesar una corriente marina o un chorro de agua, cómo se mueven. En este contexto, junto con investigadores de la Universidad de Bristol, hemos desarrollado herramientas numéricas que ahora, con colaboradores del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (CSIC), intentamos aplicar a la descripción del transporte realizado por las corrientes del mar Mediterráneo. La aplicación consistiría en ver si, cuando hay un chorro, se van a mezclar las especies a un lado y otro de aquél, si van a mezclarse los nutrientes, cómo tiene que ser la intensidad de la corriente para que se produzcan o no las mezclas… Estas cosas".

Mancho reconoce que trabajar en tres frentes simultáneos resulta un poco agotador -"supone un esfuerzo añadido y las investigaciones van más lentas; pero también es una ventaja, porque cuando una cosa no te sale, te dedicas a la otra…"-, y explica su tercera investigación, que lleva a efecto con colaboradores de la Universidad de Castilla-La Mancha: "A veces los fluidos se mueven gracias al calor que transportan, y se origina así el fenómeno de la convección. Nos hemos dado cuenta de que, según la forma en que se aplica el calor, pueden aparecer distintas inestabilidades térmicas en fenómenos geofísicos o procesos tecnológicos. Creemos que calentamientos no homogéneos pueden controlar el tipo de inestabilidades que aparecen. Intentamos buscar soluciones que tengan aplicaciones para problemas atmosféricos como torbellinos o huracanes. Por ejemplo, qué es lo que cambia la intensidad de los huracanes, por qué se ponen a rotar muy rápido, es un problema abierto. Se atribuye a la termodinámica, pero nosotros estamos viendo cómo el calor es capaz de alterar esas inestabilidades".

Esta aragonesa trasladada a Madrid, donde estudió la carrera, analiza el actual panorama científico y se detiene en lo que le afecta más de cerca: "La ciencia en España va a salir adelante fundamentalmente con los investigadores, y hay que invertir más en recursos humanos. Creo que tenemos que dar un salto; en general, la situación de un joven que quiere investigar en España es inestable. No es fácil, ni hacer investigación, ni dedicarse a ella; son cotos muy cerrados donde hay poco flujo de personal".

ELENA SANCHO

"Cotejamos células madre intestinales normales y cancerosas para identificar sólo las del tumor"

39 años. Bioquímica. Hizo la tesis doctoral en la Universidad de Aberdeen (Escocia) Trabajó cuatro años como posdoctoral en el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, y tres años y medio en el Netherlands Institute for Developmental Biology (Holanda), tras una breve estancia en el Institute of Molecular Biology and Tumor Research (Alemania) l Desde 2004 tiene un contrato Ramón y Cajal en el Instituto de Investigación Biomédica del Parque Científico de Barcelona, donde codirige el laboratorio de cáncer colorectal con Eduard Batllé.

Elena Sancho no oculta su alegría cuando explica que acaban de admitirles -a su laboratorio y a otros colaboradores holandeses y canadienses- un artículo, y no es el primero, en la prestigiosa revista Nature. "Estamos muy contentos. Eso, además de un respaldo para la investigación, son puntos a la hora de conseguir financiación…".

No cabe duda de que esta bioquímica, que investiga el cáncer de colon, mantiene, además de un apasionamiento contagioso por su trabajo, una línea pragmática que le ha llevado a unir dos laboratorios en uno -el de su pareja, Eduard Batllé, y el suyo- para optimizar recursos. "Al trabajar en aspectos diferentes del mismo campo acabaríamos teniendo todo duplicado. De esta manera somos mucho más eficientes a la hora de aprovechar los recursos que hay en España".

Un pragmatismo que parece inherente a las decisiones de esta madrileña de respuestas ágiles y carcajada espontánea. "Siempre quise hacer investigación sobre cáncer, quizá porque lo ves en tu proximidad y deseas contribuir a mejorar el conocimiento de la enfermedad. En principio quería entrar en la industria farmacéutica para ganarme la vida decentemente y hacer al tiempo investigación, pero no lo conseguí. Así que entré en la dinámica de la investigación básica".

Ya en esa dinámica, y en su primer trabajo con cáncer en el Instituto Municipal de Investigaciones Médicas de Barcelona, Sancho descubrió unos genes de los que no se sabía absolutamente nada, relacionados con la reparación del DNA. "La reparación del DNA es un proceso esencial para el desarrollo del cáncer. Muchos tumores no son capaces de reparar su DNA eficientemente, y eso les lleva a acumular mutaciones de manera continua".

El paso siguiente, y con el grupo de Antonio García Herreros, fue publicar, en Nature Cell Biologic, un artículo, que tuvo un enorme impacto, sobre el mecanismo mediante el cual las células epiteliales, que normalmente están adheridas unas a otras, aprenden a perder estos contactos para poder migrar e invadir otros tejidos cuando se vuelven cancerosas. "Esa publicación no se me olvidará nunca porque fue el primer impulso grande a mi carrera, en el año 2000, y también porque nos pasamos las navidades trabajando. Nos la aceptaron el 4 de enero y fue una auténtica carrera contrarreloj, porque había otros grupos trabajando en lo mismo, y la revista cerraba el número… ".

Elena Sancho investiga el cáncer de colon en dos frentes. Por un lado, estudia las etapas iniciales y el efecto de las mutaciones responsables de la aparición de lesiones benignas, como pólipos y pequeños adenomas, que son el sustrato sobre el cual se desarrolla el cáncer de colon. "Hemos estudiado cuál es la consecuencia de la adquisición de las mutaciones que dan lugar a pólipos y que afectan la actividad de una proteína llamada beta-catenina, manteniéndola constantemente activa. El resultado final es que, en la célula que recibe la mutación, esta proteína activa un conjunto de genes, o, en otras palabras, da un conjunto de instrucciones que obligan a la célula a comportarse como una célula madre intestinal. Como resultado, la célula se divide indefinidamente y el tejido se repuebla con descendientes mutados que, a su vez, también se comportan como célula madre intestinal y siguen dividiéndose. Creemos que éste es el origen de las lesiones benignas sobre las cuales surgirá el cáncer de colon si posteriormente inciden las mutaciones adecuadas en alguna de estas células". Este descubrimiento fue portada de la revista Cell y ha recibido más de 200 citaciones en sólo dos años.

La existencia de células madre cancerosas en varios tipos de tumores es, según Sancho, un tema muy novedoso y que puede tener consecuencias importantes para el tratamiento del cáncer a medio plazo. "Actualmente se postula que las células madre cancerosas podrían ser la fuerza motora del cáncer. Si eliminas un tumor pero dejas atrás unas pocas de esas células madre cancerosas corres el riesgo de que regeneren de nuevo el tumor".

El cáncer de colon es la segunda causa de muerte por cáncer en el mundo occidental, y no hay que decir que, en estos momentos, existen centenares de laboratorios farmacéuticos buscando dianas terapéuticas y drogas para atacarlo. "Ahora estamos comparando células madre intestinales, normales y cancerosas, para identificar diferencias que nos permitan atacar específicamente las células del tumor", dice la bioquímica.

Por otro lado, en el laboratorio investigan el proceso más avanzado de la enfermedad: la metástasis. "La mayoría de pacientes que sucumben al cáncer de colon lo hacen por culpa de las metástasis. Sin embargo, sabemos muy poco sobre los mecanismos moleculares implicados en su desarrollo. En los pacientes con cáncer de colon, miles de células tumorales entran en el torrente sanguíneo y van a parar al hígado. Sin embargo, sólo unas pocas serán capaces de colonizar este órgano. Es un proceso poco eficiente desde el punto de vista biológico, y la etapa inicial, la colonización, representaría una ventana excelente para bloquear la dispersión metastásica si identificamos el programa genético que permite a esas pocas células intestinales progresar en el ambiente hostil del hígado", dice Sancho.

Los médicos clasifican el cáncer de colon en cuatro estadios en función de su gravedad. El último, y el más grave, es la metástasis en órganos distantes. La mortalidad asociada a este estadio es altísima. "El problema, además, es que frecuentemente los pacientes a los que se elimina un tumor primario desarrollan posteriormente metástasis. Pensamos que es posible que las células del tumor tengan un programa genético que diga 'tú harás una metástasis en el hígado, o no'. Hemos estudiado varios tipos de células derivadas del cáncer de colon y sabemos que unas hacen metástasis en el hígado y otras no. ¿Dónde está la diferencia? Eso es lo que estamos investigando".

Las aplicaciones son evidentes, y Sancho las tiene muy claras: "Por un lado, poder identificar dianas terapéuticas que nos permitan bloquear en un futuro la diseminación del tumor. Y por otro, ser capaces de predecir quién va desarrollar, o no, una metástasis. Colaboramos con varios laboratorios y estamos en contacto con los departamentos de oncología y patología del hospital Vall d'Hebron, que dirigen los doctores Baselga y Ramón y Cajal".

Por todo ello, Sancho derrocha entusiasmo. "¿Trabajo bonito? ¡Ja, ja! Es precioso… Es investigación puntera". Un entusiasmo que sólo se ve enturbiado por la necesidad de reunir suficiente financiación. "Llevamos un año en este laboratorio, lo hemos puesto en marcha; ha habido que traer modelos animales, contratar personal… Ahora tenemos fondos europeos y también de la Generalitat de Cataluña, hemos contactado instituciones y fundaciones privadas, y estamos a la espera. Podemos ser muy buenos, pero no hacemos milagros… Me gustaría conseguir financiación suficiente para sacar adelante esos dos proyectos que pienso van a ser muy útiles a la sociedad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 19 de junio de 2005