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CUMBRE EN CIUDAD GUAYANA

EE UU reitera su preocupación por la compra masiva de armas por Caracas

Washington relativiza la influencia que puedan tener España o Brasil sobre Venezuela

EE UU modula el tono con Venezuela, pero el Gobierno de Washington es escéptico en cuanto a la capacidad de influencia que puedan tener países como España o Brasil en el presidente venezolano, Hugo Chávez. Aunque la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, dijo en enero que Venezuela "ejerce una influencia desestabilizadora en Latinoamérica", sus últimas declaraciones son más conciliadoras: "Tenemos nuestras diferencias, pero no somos enemigos". Lo que le preocupa a EE UU del Gobierno de Caracas es la masiva compra de armamento y su posible injerencia en otros países.

"Hemos expresado nuestra preocupación sobre la situación en Venezuela. Esta preocupación sigue existiendo", aseguró ayer el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan. "Todos en las Américas debemos colaborar para apoyar el avance de las instituciones democráticas en la región, no dar pasos atrás", agregó.

La relación con Venezuela es uno de los escollos que existen en la reconstrucción de relaciones entre EE UU y España, y sobre el que los dos países han hablado en los últimos meses. "Sobre Venezuela, España y EE UU comparten un fin común: intentar que el régimen no derive hacia el autoritarismo; tenemos que intentar lulalizar a Chávez, si es posible", según el embajador español en Washington, Carlos Westendorp, al que el EE UU ha hecho llegar su preocupación. Un portavoz español, no obstante, negó ayer en Venezuela haber recibido quejas o protestas de Washington.

El Gobierno español ha dado "explicaciones" a Washington sobre los contactos con Hugo Chávez y sobre el propósito de llegar a "acuerdos simétricos" con Colombia y Venezuela. "Los norteamericanos son escépticos sobre nuestra capacidad de influir, pero nosotros estamos seguros de que una política de confrontación abierta con Chávez lo que hace es reforzarle", dice Westendorp.

"Lo que no nos gusta ni a nosotros, ni a los norteamericanos y a los latinoamericanos", añade Westendorp, es el apoyo de Chávez a ciertos grupos de otros países "que no siempre son oposición democrática". Además de los supuestos contactos con los grupos terroristas colombianos, Chávez ha criticado a los presidentes de Bolivia y Ecuador por no ser "suficientemente revolucionarios", ha apoyado al líder indígena boliviano Evo Morales y a los hermanos Humala en Perú; y ha opinado sobre el delicado conflicto fronterizo entre Chile y Bolivia. También los piqueteros argentinos y el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil se sienten más representados por Chávez -recién convertido al socialismo, según sus propias declaraciones- que por los presidentes Kirchner o Lula. Además de que EE UU es aliado de Colombia, rival de Venezuela, y de la irritación que produce en Washington la estrechísima relación entre Caracas y La Habana, el Gobierno estadounidense sigue con atención la carrera armamentista en la zona y el papel de Venezuela en Latinoamérica. El último en denunciar las compras venezolanas de armas -en especial los 100.000 fusiles de asalto Kaláshnikov para un Ejército de 32.000 soldados- ha sido el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, en Brasil y Centroamérica. Según Adam Ereli, portavoz del Departamento de Estado, "hay una seria preocupación sobre cómo garantizará el Gobierno de Venezuela la seguridad de ese armamento y la de los miles de fusiles de asalto que van a ser sustituidos".

La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, fue algo más conciliadora el sábado. Después de recordar las diferencias con el régimen de Caracas, Rice dijo: "No somos enemigos ni de Venezuela ni de sus dirigentes. EE UU y Venezuela han tenido, tradicionalmente, relaciones muy intensas". Sobre las supuestas interferencias venezolanas en otros países, añadió: "Hay señales muy claras de que ha habido problemas con Colombia y con otros países, y, naturalmente, tienen una relación estrecha con Castro, lo cual es asunto de Venezuela". En Caracas, Delcy Rodríguez, subdirectora del Ministerio de Exteriores, saludó las declaraciones de Rice de "respeto a las legítimas y constitucionales autoridades de este país" y dijo: "EE UU puede contar con nuestra reciprocidad".

Pero el Gobierno no va a bajar la guardia. Roger Noriega, adjunto a la secretaria de Estado, expuso hace poco ante el Congreso las razones de la preocupación con Venezuela: "Los esfuerzos de Chávez para acumular poder, sus sospechosas relaciones con fuerzas desestabilizadoras en la región y sus planes de compra de armas". La última decisión de Chávez -la creación de una reserva militar de 100.000 hombres, dependiente de presidencia- anunciada hace dos díases otro elemento de tensión.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de marzo de 2005