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Las víctimas del franquismo toman ahora la palabra y cuentan su derrota en varios libros

Las editoriales recuperan la intrahistoria y los testimonios directos de los años más negros

Al éxito de la ficción le sucede el de la realidad. Tras las novelas marcadas por los protagonistas anónimos y sufrientes de la guerra y la posguerra, llegan en avalancha los ensayos y los reportajes sobre la España del franquismo, centrados en las víctimas y con la verdad de los testimonios directos de quienes vivieron aquellos tiempos. Los campos de concentración, el hambre, el asesinato del dirigente comunista Julián Grimau, la prostitución, las fosas comunes, el amor furtivo, las tristes vidas de la posguerra y los negocios de los Franco forman parte de la oferta de varias editoriales para salir de la amnesia.

"¿Hablar de esto es peligroso? ¿Para quién?", pregunta el autor de 'Las fosas de Franco'

Son muchas aristas a tratar y gran número de editoriales las que ven en la mayor tragedia del siglo XX español una mezcla de negocio redondo y bien terapéutico. A los éxitos de novelas como Soldados de Salamina (Tusquets), de Javier Cercas, o La voz dormida (Alfaguara), de Dulce Chacón, a los que también se suma ahora Francomoribundia (Alfaguara), de Juan Luis Cebrián, siguen la publicación de otras obras testimoniales en el género del ensayo y el reportaje amplio como Los años difíciles (Aguilar), coordinado por Carlos Elordi, con testimonios en bruto sobre la guerra y la represión, y ahora Las fosas de Franco (Temas de Hoy), de Emilio Silva y Santiago Macías; Julián Grimau, el último muerto de la Guerra Civil (Aguilar), de Pedro Carvajal; Los campos de concentración

franquistas, de Javier Rodrigo, publicado en la nueva editorial Siete Mares, que se estrena con este título que se presentará el lunes a las ocho de la tarde en el Ateneo de Madrid.

Incluso Anaya, en su sello Oberón, ha abierto una colección dedicada por completo a ese periodo negro con títulos como Los esclavos de

Franco, de Rafael Torres, que también ha hecho El amor en los tiempos de

Franco; y otros como Mujeres

caídas, de Mirta Núñez, centrado en las mujeres que ante la miseria imperante eligieron la prostitución para sobrevivir; El hambre en

España, en el que Miguel Ángel Almodóvar aborda todos los periodos históricos, pero dedica gran parte a los supervivientes malvivientes de los años cuarenta y cincuenta, o Los Franco S.

A., de Mariano Sánchez Soler, un libro que investiga los entramados de la riqueza discreta que amasaron los familiares del dictador.

La mayoría se basa en los testimonios directos de las víctimas y los protagonistas que ponen carne y sangre a los análisis históricos, a los datos y a los informes, pero sobre todo tratan de retar el silencio de los últimos 25 años. "¿Que hablar de estas cosas es peligroso? ¿Para quién?", se pregunta Emilio Silva, autor de Las fosas de Franco y comprometido con la recuperación de la memoria. "No es peligroso para la sociedad; al contrario, es sano y recomendable. Es peligroso para los que colaboraron con el franquismo y se adaptaron después al nuevo sistema o para los pistoleros que siguen vivos", dice Silva, que habla desde Toledo, donde ha acudido a levantar una nueva fosa. Con ésta son ya 23 las que han excavado desde que apareció el libro. Han levantado acta ya en ellas de 94 muertos, una pequeña muestra de los 30.000 desaparecidos que no han encontrado supultura desde que se les borró a base de tiros a bocajarro o palizas en los huesos.

Lo que más le duele a Silva son los que todavía no se atreven a hablar por miedo. Pero son muchos en cambio los que descansan al contar su tragedia. "Un gran número de testimonios orales han desaparecido, se les ha dejado morir o se ha despreciado su voz cuando son portadores de una historia esencial", asegura Torres, que lleva vendidas siete ediciones -unos 40.000 ejemplares- de Los esclavos de Franco. Son historias que no deben quedar en balde, más cuando se ha perdonado ya todo y se ha asentado una democracia de 25 años: "Hay sed de memoria y queda todo por escribir, porque sobre estos temas no hay nada hecho", sigue Torres.

Romper las barreras para hablar abiertamente de estos asuntos no ha sido fácil. Mariano Sánchez Soler ha peregrinado desde hace más de diez años por varias editoriales con libros de este tipo sin respuesta. Los Franco S.

A., que cuenta el entramado económico de los responsables del régimen y sus allegados, no interesaba a nadie hace bien poco: "Ha existido una amnesia interesada para no desestabilizar, ahora hay perspectiva y distancia, pero, sobre todo, los implicados están jubilados o muertos", aclara Sánchez Soler, que ha seguido el rastro de las propiedades, las empresas y el dinero de una de las familias más desconocidas de la época marcada con su nombre y en la que había una figura que señalaba todos los giros: doña Carmen Polo. "Ella mantuvo a la familia unida cuando desapareció Franco, pero también, con él vivo, influía de manera definitiva en el nombramiento de ministros y jefes de Gobierno", afirma Sánchez Soler.

Los editores se animan y abren juego, pero el silencio se impone en otros medios, como la televisión. No hay más que preguntar a Pedro Carvajal, que lleva un tiempo elaborando un documental sobre la ejecución el 20 de abril de 1963, hace 40 años, del dirigente comunista Julián Grimau, en la cárcel de Carabanchel, tras una farsa judicial ante la que no hubo ningún tipo de clemencia y que significó para muchos "una aviso", según Carvajal, a la oposición creciente en los años sesenta. "Ninguna televisión, ni pública, ni privada, ha querido comprarlo, así que tengo que agradecer a Aguilar que se atreviera a publicar este libro, hecho a partir de las entrevistas y los testimonios directos de quienes vivieron aquella atrocidad", asegura este escritor y guionista militante a favor de la recuperación de la memoria.

Lo mismo que es Nicolás Sartorius, que vivió con Grimau sus últimos días en Carabanchel y que hace años publicó, junto a Javier Alfaya, La memoria insumisa (Espasa), uno de los primeros y más contundentes ejercicios de denuncia del olvido hecho en los últimos años y que presentó esta semana el libro de Carvajal en un auditorio en el que estaban antiguos dirigentes comunistas y socialistas como Santiago Carrillo, Marcelino Camacho o Alfonso Guerra. "En este país se ha confundido amnistía política con amnesia histórica, reconciliación con olvido, y el efecto no ha podido ser peor", asegura Sartorius, que no se cansa de repetirlo. Ahora muchos parecen hacerle caso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de mayo de 2003