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UN GRAN CREADOR DE AVENTURAS

Arturo Pérez-Reverte entra en la Academia

El escritor, elegido por abrumadora mayoría, dice que su único capital son sus lectores y sus novelas

El escritor Arturo Pérez-Reverte, de 51 años, es desde ayer nuevo miembro de la Real Academia Española. El popular autor de El club Dumas ocupará el sillón T, vacante tras el fallecimiento de Manuel Alvar en agosto de 2001. El escritor cartagenero, que salió elegido en primera votación por el apabullante resultado de 26 votos a favor y cuatro en blanco, fue apadrinado por Antonio Muñoz Molina, Eduardo García de Enterría y Gregorio Salvador, vicedirector de la RAE. Poco después, en su querido Café Gijón, Pérez-Reverte mostró su emoción por la noticia, anunció que su discurso tratará del lenguaje de los delincuentes del Siglo de Oro y comentó que lo único que aportará a la RAE son sus lectores y sus novelas. "De momento, estaré mucho tiempo callado".

"Esto no es un respaldo a mi literatura, sino a la literatura", dijo Pérez-Reverte, poco después de conocer la noticia de su entrada en la Academia, en una rueda de prensa. "Y demuestra que la Academia no se resigna a ser algo cerrado, a ser una cosa exquisita, sino que prefiere estar en contacto con la calle. ¡Pero hay que ver qué raro se me hace todo esto!".

Arturo Pérez-Reverte estaba nervioso, pero se le notaba también orgulloso y muy ilusionado. El escritor había esperado la noticia en el Café Gijón con sus editores de Alfaguara, Amaya Elezcano y Juan Cruz, y otros colaboradores de la editorial. Y cuando hubo fumata blanca, hacia las ocho de la tarde, los primeros en felicitarle fueron los clásicos de un café que el escritor frecuenta "desde hace 30 años: era mi oficina, mi casa, todo, el sitio ideal para enterarme de una noticia tan agradable".

Algunos camareros, Alfonso el cerillero y varios tertulianos habituales como el cineasta Tito Fernández y los actores Manuel Alexandre y Álvaro de Luna, abrazaron aparatosamente al escritor y brindaron con cava. "Este muchacho es como Hemingway", decía El Algarrobo bebiendo una copita a la salud del nuevo académico: "No sólo escribe, sino que cuando era joven nos contaba historias de la guerra, y además le gustan mucho los barcos".

Mientras Pérez-Reverte llamaba por el móvil para dar a los amigos el resultado de la votación, varios lectores espontáneos se acercaban, le daban la enhorabuena, le aplaudían, le pedían autógrafos... "¿Y qué hay que hacer para escribir?", le preguntó una joven. "Leer mucho y romper muchísimo".

Antes de la breve rueda de prensa, Pérez-Reverte comentó que "nunca había pretendido, ni esperado", entrar en la Academia, pero que intentará "trabajar con la mayor dignidad posible". ¿Y qué cree que puede aportar? "No tengo ni idea. Lo que haré será estar callado muchos meses, escuchar mucho, y, si luego veo que puedo aportar algo, lo haré".

¿Pero le apetece el plan de ponerse corbata los jueves por la tarde? "Un camarero me ha dicho que antes era más importante la silla del Café Gijón que el sillón de la Academia, y que ahora tengo las dos. Eso está bien. Luego un lector me ha pedido que no me deje domesticar. Pero yo creo que eso es imposible. No hay peligro. Es compatible ser como yo he sido y este honor tan grande que me han hecho".

Pero lo que está muy bien de la Academia", añadió, "es que los académicos son gente educada que ha leído a Galdós, conoce a Quevedo y sabe quién es Ginés de Pasamonte. El oficio de escritor es muy solitario, y que gente así, respetable, mayor, lea tus libros y te vote tan mayoritariamente es muy agradable y muy gratificante".

A una carrera marcada por las ventas de millones de ejemplares -él mismo calculó ayer que hasta ahora ha vendido cinco millones de todos sus títulos-, Pérez-Reverte había sumado ya el reconocimiento de grandes escritores (Juan Marsé habló hace poco de la "gran deuda" que tiene la literatura española con él) y el de la crítica.

Pero el reconocimiento de los lectores había sido anterior. Gente de todas las edades y condición, desde jóvenes escolares hasta el propio presidente del Gobierno, José María Aznar, han expresado su admiración por sus novelas de intriga cultural, sus relatos y la serie de Alatriste, personaje nacido en 1996. Sólo de Alatriste se han vendido dos millones de ejemplares.

Esos lectores, insistió el autor de El maestro de esgrima, son su único capital. "No soy un renovador del lenguaje, ni de la novela, ni de nada. Sólo soy un tipo que cuenta historias lo mejor que puede. Así que lo único que puedo aportar son mis novelas y mis lectores de aquí, de América y de otros países. Ellos entran conmigo en la Academia. Si tuviera que volver a hacer de periodista y dar un titular del día de hoy, sería ése: 'Mis lectores entran en la Academia".

"Aunque pienso tomarme muy en serio mi trabajo", añadió. "La Academia es la referencia para 400 millones de hispanohablantes, y tomársela a la ligera es una estupidez. Está en un momento muy interesante, tiene una gran vocación americana. Y no es raro, porque un campesino colombiano usa mejor el idioma que un universitario de aquí. El futuro de la lengua se juega allí, el español es una lengua viva, en transformación, en movimiento, y cualquier apoyo que se pueda dar al español es una tarea muy noble".

Preguntado por si considera que su entrada supone el ingreso de un periodista más, el autor de La Reina del Sur dijo: "Ahora soy menos periodista que antes, pero siempre tengo un pie en cada sitio, y es verdad que en mis novelas está la lengua viva de la calle".

Pérez-Reverte se dedica en exclusiva a la literatura, tras vivir 21 años (1973-1994) como reportero de prensa, radio y televisión cubriendo conflictos internacionales. Trabajó 12 años como reportero en el diario Pueblo y nueve en los servicios informativos de Televisión Española.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 24 de enero de 2003