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Tribuna:

Células madre: un debate necesario

La investigación sobre células madre de origen embrionario, con sus enormes posibilidades terapéuticas, ha despertado un debate en la comunidad científica primero, y en la sociedad en general, centrado sobre la licitud de utilizar los embriones humanos congelados, resultantes y excedentes de procesos de fertilización in vitro con fines, primero, de investigación y, finalmente, terapéuticos.

La mayoría de científicos en todo el mundo justifican la utilización de este preciosísimo material biológico de los embriones sobrantes congelados, alegando que podrían servir como valiosa herramienta terapéutica para la biorremediación mediante regeneración celular y así poder curar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, el Parkinson, traumas, infartos de miocardio, diabetes y muchas otras actualmente crónicas e incurables.

Por otro lado, sectores poderosos e influyentes de la sociedad, liderados en este país por nuestros gobernantes, se posicionan en la no utilización de embriones con fines de investigación y terapéuticos por motivos conceptuales o éticos, manifestando que no es lícito, ni moralmente admisible, utilizarlos para conseguir células madre, aduciendo que en ellos hay todo un ser humano a desarrollar y tildando de irresponsables a los científicos que opinan de forma diferente.

Sin embargo, la sociedad se pregunta: ¿por qué un debate tan específico ha cobrado una magnitud tan amplia y a veces limítrofe con lo supersticioso, alejada de cualquier argumentación mínimamente científica?, ¿qué es una célula madre?, ¿qué posibilidades terapéuticas encierran estas células troncales? y ¿para qué sirven?

Tratemos de precisar. Las células troncales -también llamadas madre, germinales o estaminales- son células distintas del resto de tipos celulares al estar especialmente dotadas de una doble capacidad: la de dividirse y con ello autoperpetuarse y la de transformarse en otros tipos celulares especializados, incluidos los que integran los diferentes órganos como el corazón, páncreas, músculos o piel. ¿Dónde encontramos habitualmente a estas células madre? Actualmente se conoce la existencia de células troncales tanto en embriones como en tejidos adultos. Una buena parte de lo que sabemos sobre células madre deriva de las investigaciones realizadas con células madre embrionales en animales de laboratorio, especialmente el ratón.

El óvulo fecundado por un espermatozoide se transforma en una célula totipotente, el zigoto, capaz de sustentar la gestación y generar un sujeto completo. En la especie humana, hasta el cuarto día, esta célula se divide varias veces, originando otras nuevas, y cada una de ellas posee la misma capacidad que el zigoto. Es la fase de mórula (denominada así por su aspecto). A partir del cuarto día, las células del embrión, hasta ese momento indistinguibles y totipotentes, empiezan a transformarse y especializarse formando una capa externa, de la que derivará fundamentalmente la placenta, y otra capa interna, que se sitúa en uno de los lados del embrión y dará lugar a todos y cada uno de los tejidos del organismo adulto. Esta fase del desarrollo embrionario se conoce con el nombre de blastocisto y sus células internas son las células madre embrionales pluripotentes, capaces de producir la totalidad de las células, tejidos y órganos existentes en un sujeto adulto, aunque incapaces de generar, por ejemplo, las células que conforman la placenta. Por ello no se consideran totipotentes.

En adultos también existen células madre con capacidad de regenerar un repertorio limitado de tipos celulares. Son las células madre multipotentes, capaces de reproducirse y generar tejidos especializados. En determinadas condiciones estas células madre adultas pueden variar su programa vital y pasar, por ejemplo, de generar células de la sangre a contribuir, por ejemplo, a la aparición de nuevas células musculares cardiacas, regenerando así un corazón dañado por un infarto de miocardio. Y, dado que las células madre adultas pueden provenir del mismo paciente a tratar, desaparecen los problemas de rechazo inmunológico.

Así expuesto, sin matices, parece evidente que la investigación con células madre adultas puede aportar valiosos beneficios. Sin embargo, es necesario apuntar que las células madre adultas son escasas y difíciles de aislar, expandir y mantener en el laboratorio, al contrario que las células madre embrionales. Desconocemos la capacidad real que poseen de derivar a otros tipos celulares distintos de aquellos que habitualmente producirían. Los experimentos actuales sugieren una capacidad limitada de transformación y diversos autores han aportado datos que inducen a pensar que los cambios de comportamiento observados podrían ser producto de fusiones celulares (con la previsible desorganización celular y alteración genética de las células), dato éste que se debe evaluar.

Las células madre embrionales pueden mantenerse indefinidamente y en gran número en el laboratorio sin perder su capacidad pluripotente; las investigaciones actuales, prometedoras pero todavía limitadas, persiguen la puesta a punto de protocolos fiables que transformen las células madre embrionales al tipo celular deseado, de forma controlada por el investigador y evitar el posible riesgo de la aparición de tumores. Los datos actuales son muy esperanzadores.

Lamentablemente, en países como el nuestro se aplaude y fomenta la investigación con células madre humanas adultas, pero no parece aceptable, ni tan siquiera razonable, que se demonice la posibilidad de utilizar los embriones sobrantes de los procedimientos de fertilización asistida y así poder usar las células madre embrionarias humanas con fines, primero, de investigación, y posteriormente, terapéuticos. La existencia innegable de estos embriones, producto de varias causas (entre otras, imposibilidad legal de congelar óvulos por el momento, limitación máxima del número de embriones que pueden implantarse en una mujer para garantizar la gestación de al menos uno de ellos, obligación de criopreservación para todos aquellos embriones generados y no implantados) no puede tener como única salida la congelación eterna ni su eventual destrucción. La existencia de muchas personas afectadas de enfermedades congénitas, degenerativas, crónicas e incurables debería hacer reflexionar a nuestros gobernantes para no cerrarles las puertas de la esperanza a futuras terapias que podrían paliar o solucionar sus dolencias.

Algunos países, como el Reino Unido y Suecia, ya se han dado cuenta de la extraordinariamente importante decisión que supone permitir, y regular, la investigación con células embrionales pluripotentes con fines terapéuticos y han apostado decididamente por ello. Otros países, como los Estados Unidos de América, líderes en muchos ámbitos del desarrollo científico, han optado por moratorias o prohibiciones, aunque algunos Estados, como California, uno de los más avanzados en investigaciones biomédicas, ha decidido no seguir las recomendaciones federales y apostar por invertir en las investigaciones con células madre embrionales pluripotentes humanas.

La posibilidad de aplicación de las células madre embrionales en la terapia de diversas enfermedades degenerativas está generando una corriente de opinión cada vez más favorable en la sociedad y promoviendo que la comunidad científica especializada estemos reclamando con argumentos que el Gobierno permita (mediante reforma legislativa) la utilización, estrictamente regulada, con fines de investigación y terapéuticos de los más de 40.000 embriones congelados que hay en España y que son excedentes de los protocolos de reproducción asistida, y muchos con más de cinco años, periodo máximo que marca la ley para su implante y gestación. Por tanto, ¿por qué no permitir, mediante ley consensuada en el Parlamento, a los científicos la posibilidad de explorar y rentabilizar el ingente potencial médico que encierran las células madre embrionarias humanas? Iniciativas como la de la Junta de Andalucía, que ha decidido apostar por una interpretación favorable de la ley actual de reproducción asistida para posibilitar el uso para investigación de embriones humanos que hayan superado los 5 años de criopreservación, merecen nuestra consideración y deberían ser exploradas con celeridad para evaluar su posibilidad legal de ser puestas en práctica.

Por el contrario, el Gobierno se ha instalado en una posición extraña en donde habla de 'irresponsabilidad', 'lado oscuro' y 'camino sin retorno' y dilata en el tiempo la solución al problema planteado. Nuevamente nuestro país deja pasar otra oportunidad histórica de compartir y contribuir con sus investigaciones a un campo que está en constante evolución y del que, si seguimos por este camino, no tendremos más remedio que, en el mejor de los casos, importar los beneficios de otros países que, con una mayor cultura científica entre su clase política, hayan apostado decididamente por explorar todas las alternativas terapéuticas derivadas del uso de células madre, tanto embrionarias como adultas. Porque, en efecto, es un falso debate exponer este tema de forma contrapuesta, sin argumentos científicos, basado en posicionamientos ideológicos, respetables pero no asumibles por la totalidad de la sociedad (en especial por aquellas personas afectadas de enfermedades degenerativas e incurables a quienes se niega la esperanza de poder disponer, en un futuro, de terapias alternativas). Queremos afirmar que en este debate el tiempo juega a favor del mismo, y defendemos que la investigación se ha de llevar a cabo tanto en células embrionarias como adultas humanas porque no está demostrado que las células madre adultas posean las mismas posibilidades que las células madre embrionarias. Solamente estas últimas pueden considerarse pluripotentes, esto es, con capacidad para restituir cualquier célula dañada de nuestro cuerpo.

Lluís Montoliu Jose, del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), es cientifico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Madrid; Antonia Aránega es catedrática de la Facultad de Medicina y directora del Grupo de Investigación Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Investigación Celular de la Universidad de Granada y senadora socialista, y Antonio Ríos Guadix es catedrático de Biología Celular y director del Grupo de Investigación de Estructura y Bioquímica Celular de la Universidad de Granada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002