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Irak acuerda con la ONU una inspección limitada de sus arsenales

EE UU, dispuesto a impedir la vuelta de los inspectores si no hay una nueva resolución

El Gobierno de Irak y los inspectores de armamento de Naciones Unidas alcanzaron ayer un acuerdo en Viena. Por unas horas se dio por el hecho el retorno de los inspectores a territorio iraquí en un plazo de dos semanas. Pero Estados Unidos se negó a aceptar el resultado de la negociación. "No deben volver antes de que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas apruebe una nueva resolución, más dura que las anteriores", anunció el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell.

Por si el rechazo de la hiperpotencia no fuera suficiente para bloquear el acuerdo de Viena, Colin Powell indicó que su país estaba dispuesto a entorpecer o impedir el trabajo de los inspectores. El jefe de la comisión de inspecciones Unmovic, Hans Blix, había logrado por la tarde en Viena que la delegación iraquí se comprometiera a garantizar a los inspectores de armas biológicas, químicas y nucleares el acceso incondicional y sin restricción alguna a todas las instalaciones y lugares deseados.

Quedaron excluidos, sin embargo, los ocho palacios presidenciales de Sadam Husein. Esos palacios, en realidad complejos de edificios, son considerados un posible escondite de armamento clandestino, pero están sujetos a un proceso especial de control pactado entre Irak y el secretario general de la ONU, Kofi Annan, en un memorándum de entendimiento firmado en 1998.

Ese memorándum, y las anteriores resoluciones del Consejo de Seguridad, constituyen un marco legal que Estados Unidos ya no acepta. La negativa de Washington fue adelantada por el portavoz del Departamento de Estado, Richard Boucher, en cuanto Blix anunció el resultado de las negociaciones con los iraquíes.

Pero Colin Powell quiso asumir personalmente la posición de su gobierno y compareció anoche, sin previo aviso, ante un grupo de periodistas acreditados en la sede central de la diplomacia estadounidense. Powell no efectuaba ese tipo de declaraciones urgentes desde el 11 de septiembre del año 2001, lo que da una idea de su interés por reflejar la absoluta firmeza de su posición.

El secretario de Estado norteamericano admitió que la situación era muy difícil. Por un lado, Washington se negaba al retorno de los inspectores en las condiciones pactadas por Blix y exigía un nuevo mecanismo que no permitiera subterfugios al gobierno de Bagdad: "Ya nos han engañado demasiado tiempo", manifestó. "Son especialistas en prometer y desdecirse al día siguiente, por lo que hace falta, antes de reanudar las inspecciones, un sistema más rígido, una resolución que permita libertad total a Unmovic y establezca, de antemano, las consecuencias a las que Irak se enfrentaría si incumpliera los términos de esa resolución".

Por otro lado, esa resolución deseada por Colin Powell parecía aún muy lejana. Las delegaciones de Estados Unidos y el Reino Unido fracasaron ayer de nuevo en su intento de que Francia, Rusia y China, los otros tres miembros permanentes y con derecho de veto del Consejo de Seguridad, aceptaran su borrador.

Washington y Londres proponen una resolución que lo incluya todo: las nuevas condiciones y la amenaza de represalias militares si son incumplidas. París, con el apoyo de Moscú y la aquiescencia de Pekín, prefiere enumerar las nuevas condiciones en una primera resolución, y dejar para más adelante, en el caso de que Irak ponga trabas a los inspectores, la resolución sobre la guerra.

"Hay miembros del Consejo de Seguridad que desean un desarrollo más gradual de la política de la ONU sobre Irak; hemos hablado con toda franqueza, se han expuesto con firmeza las posiciones y seguiremos hablando", dijo Powell, para indicar que, hasta el momento, ni Francia ni Rusia habían cedido en lo más mínimo.

Blix informará mañana al Consejo de Seguridad sobre el resultado de las negociaciones de Viena. "Son ellos y no nosotros quienes deben decidir", dijo Blix, quien admitió que el Consejo de Seguridad disponía ya de un plan de resolución "sobre la mesa". "Nosotros actuamos sobre las resoluciones existentes", subrayó. El jefe de la delegación iraquí, Amir al Sadi, subsecretario de Industrialización Militar, dijo estar satisfecho con el acuerdo: "Esperamos la llegada de los inspectores en unas dos semanas, sin dificultades". El portavoz iraquí aseguró que las autoridades de Bagdad garantizarían sin demora el acceso de los inspectores "a cualquier lugar que deseen visitar".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 2 de octubre de 2002