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COLUMNA

Más de lo mismo

El desvío de un avión para secuestrar a un senador no fue un simple acto de guerra, fue una provocación que pretendía la ruptura de las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. La negociación de una tregua y de un cese de acciones contra la población civil avanzaba a paso lento y era muy difícil que las dos partes se pusieran de acuerdo antes de la fecha prevista para ello, el 7 de abril. Por ello, las FARC decidieron que el coste de una ruptura del proceso de paz era muy elevado frente a la comunidad internacional que estaba mediando en esa negociación, y de ahí el acto de guerra que desencadenó la reacción del Gobierno.

Por ahora es casi imposible recomponer esta negociación. Luego el Estado y la sociedad colombiana se enfrentarán a varios años de conflicto armado -no guerra civil, como con ligereza se suele decir, pues el país no está dividido- de intensidad similar a la que hoy hay. En tres años de negociación, con una retaguardia segura en la zona de distensión, las FARC no han logrado llevar la guerra a las ciudades, y a pesar del crecimiento en número de hombres, su capacidad militar es limitada. Sí es previsible que las FARC se dediquen a atacar símbolos de lo que ellos llaman la oligarquía, entre ellos los medios de comunicación, y a ampliar el secuestro a sectores pudientes y representativos del país. No se ve, en cambio, una ofensiva terrorista entre otras cosas por su alto costo político y para evitar un mayor enfrentamiento con EE UU.

A medio plazo, la situación para las FARC se complicará. La ayuda norteamericana a las Fuerzas Armadas colombianas se ampliará, lo que determinará un cambio en el equilibrio militar, y la ampliación de la fumigación de cultivos del narcotráfico menguará las boyantes finanzas de las FARC. Además, un entorno internacional cada vez más hostil cerrará espacios que hasta ahora esta organización guerrillera había copado. La próxima vez que las FARC se sienten en una mesa de negociación, seguramente será en condiciones menos favorables a las que tenían hasta ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de febrero de 2002