Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
PERFIL

Muere el último Nobel español

Camilo José Cela, fallecido a los 85 años, será enterrado hoy en Iria Flavia, su aldea natal

Camilo José Cela murió ayer en Madrid a causa de una insuficiencia cardiopulmonar. Nacido en Iria Flavia (A Coruña) en 1916, fue uno de los maestros de la literatura del siglo XX. Dueño de un vastísimo vocabulario, consiguió extraer de la lengua española una gran variedad de matices. Violentó las formas de la novela cuando sus necesidades expresivas se lo exigieron, pero supo también contar una historia siguiendo patrones más convencionales, aunque muchas de las situaciones que narró estuvieran cargadas con los más sombríos trazos de la condición humana. El autor de La colmena obtuvo el Premio Nobel en 1989 y el Cervantes en 1996. Su carácter provocador lo embarcó en numerosas polémicas, pero fue, antes que nada, un escritor inmenso.

A las siete de la mañana de ayer se apagó la vida de Camilo José Cela. Fue en Madrid, en la clínica Cemtro, donde ingresó el lunes, fatigado, despojado de la vitalidad que le caracterizó siempre. La insuficiencia cardiopulmonar que sufría desde hace ya tiempo -tenía instalado un marcapasos- no le ha permitido superar el duro invierno. Le dejó fuerzas, sin embargo, para escribir su último artículo, el martes. Lo dedicó a su amigo José María Sánchez Silva, recientemente fallecido también. Luego dejó el lápiz con que lo escribió y, junto a Marina Castaño, su esposa, y Tomás Cavanna Benet, su fiel escudero desde hace y director de la fundación que lleva el nombre del escritor, descansó hasta su muerte.

'No creo que rompa ninguna intimidad si lo cuento', dijo Cavanna. 'Las últimas palabras que dijo consciente las pronunció ayer [por el miércoles], sobre las seis de la tarde, y fueron: 'Marina, te quiero. ¡Viva Iria Flavia''. Allí, en el pequeño pueblo coruñés que le vio nacer el 11 de mayo de 1916, recibirá sepultura hoy a las 17.30. Antes será velado por sus paisanos de Padrón, ayuntamiento al que pertenece su villa, que ha decretado tres días de luto.

El cadáver fue trasladado a Galicia desde Madrid a las 20.00 horas, después de una jornada en la que desfilaron ante su cuerpo presente y para consolar a la familia miembros del Gobierno, académicos, escritores y amigos.

Los Reyes llegaron por la tarde, a las 17.30. Les unía 'una férrea amistad', recordó por la mañana, Sabino Fernández Campo, ex jefe de la Casa Real. En la calle, don Juan Carlos y doña Sofía fueron recibidos por Marina Castaño, acompañada por su hija. Fue el único momento del día en el que la viuda abandonó la habitación donde estaba el cuerpo del escritor.

Legado

Al despedirse de lor Reyes, la esposa de Cela pronunció unas palabras: 'No sufrió nada. Estaba adormecido. Ahora, mi función es mantener su legado a través de la fundación y difundirlo no sólo en España, sino en todo el mundo'. Poco antes había llegado, procedente de Palma de Mallorca, el hijo del escritor, Camilo José Cela Conde, que viajó sin su hija, Camila, única nieta del autor. Antes de entrar, Camilo José Cela Conde señaló: 'A pesar de saber que iba a ocurrir esto, es un hachazo que te cae encima y te deja fuera de órbita'.

El presidente del Gobierno, José María Aznar, se acercó a las 13.15. Su esposa, Ana Botella, llegó después, sobre las 14.30. Aznar no hizo declaraciones, dejó los testimonios para sus ministros, que acudieron casi en pleno. Pasaron Federico Trillo (Defensa), Pío Cabanillas (Portavoz), Juan José Lucas (Presidencia), Francisco Álvarez Cascos (Fomento) o Pilar del Castillo (Educación, Cultura y Deportes). Ésta dijo sentirse 'como si nos arrancaran algo muy inmediato, una presencia viva y activa, fiel a su libertad de pensamiento'. Todos los políticos lo reconocieron como un gran escritor universal, pero no fueron tan lejos con los calificativos como otros. Fueron numerosos los escritores que se acercaron a despedir a Cela y regalaron palabras emocionadas al autor de La familia de Pascual Duarte, premio Nobel en 1989.

Fernando Arrabal fue rotundo: 'Se ha ido el mejor. No sé qué vamos a hacer sin él', dijo llorando. Comentó que el pasado domingo había estado en Roma con Dario Fo y Umberto Eco y que los tres lo consideraban el mejor escritor universal vivo. 'Era la gran riqueza de España', remató Arrabal, que también recordó su generosidad hacía él cuando le defendió públicamente en un juicio de 1968. Francisco Umbral caminaba despacio, con el golpe de la noticia en el rostro. 'Hoy me siento huérfano. Fue mi padre literario'. Y dio la razón a Arrabal. Para él también se era 'el más grande'.

También acudieron a la despedida del escritor personajes populares de la prensa del corazón y la farándula como Carmen Sevilla, Mar Flores, Carlos Larrañaga o Concha Velasco, que apareció en la adaptación al cine de La colmena. Marina Castaño apenas se dejó ver antes de que llegaran los Reyes. Se escondía tras unas gafas de sol y un luto riguroso. 'En los tres días que ha estado aquí no se ha separado de él', afirmó el doctor Pedro Guillén. Incluso, según el médico, sugirieron subirle a la UCI el pasado martes para vigilarle intensamente, pero el escritor dijo que no lo haría sin su esposa. Así que decidieron bajar la UCI a su habitación. 'Don Camilo fue un enfermo ejemplar', aseguró Guillén. Hasta el final dedicó libros, impartió lecciones precisas, conversó, se mostró inspirado y con la cabeza en perfecto funcionamiento. No así su cuerpo. Los problemas de cadera y columna le obligaron a someterse a rehabilitación varios meses, cosa que hacía 'disciplinadamente', dijo Guillén.

También acudieron ayer representantes de la Real Academia Española (RAE). Víctor García de la Concha, su director, afirmó que la obra de Cela 'trascenderá las anécdotas y hará que se escuche su voz imprescindible'. De la Concha habló con el escritor el pasado domingo y lo notó bajo de fuerzas. El hecho de que le pidiera que saludara de su parte a todos los académicos le hizo temer lo peor. También se acercaron Carmen Iglesias y Margarita Salas, recién elegida en la RAE. Dijo sentirse 'muy entristecida' por no haber tenido la oportunidad de compartir con él un sitio en la institución. 'De todas formas, nos teníamos mucho aprecio y sé que mandó su voto para mi elección por correo', recordó la científica.

La de Cela, en fin, ha sido una despedida discreta, sin ruidos, serena, como si quisiera ahuyentar las polémicas que provocó en su vida y dejara limpio un espacio único para ser recordado sólo por sus obras. Así fue, por lo menos, ayer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de enero de 2002