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Arturo Pérez-Reverte devuelve las llaves de la ciudad de Breda

El escritor presenta la traducción al holandés del 'tercer Alatriste'

En 1625, tras varios meses de asedio, el gobernador de la localidad holandesa de Breda, Justino de Nassau, sucumbió a la fortaleza española y tuvo que hacer entrega de la llave de la ciudad al general Spínola, un momento histórico que Velázquez inmortalizó en Las lanzas. Casi cuatro siglos después, el escritor Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ha devuelto simbólicamente aquella llave en la presentación de la traducción al holandés de su novela El sol de Breda, en la que relata con gran fidelidad la caída de la ciudad.

"Las llaves vuelven al lugar al que pertenecen", anunció Nicolas van Os, alcalde en funciones de Breda, al recoger, ceremonioso, el objeto que le entregó el escritor español. Bajo una excelente réplica del cuadro de Velázquez que cuelga en el Ayuntamiento de la ciudad, Pérez-Reverte no se inclinó como hizo el holandés derrotado años atrás."Los huesos de los españoles de entonces se revolverían en sus tumbas, así que me limitaré a darle un abrazo", dijo, arrancando carcajadas a un auditorio entre el que se encontraban representantes de ambas partes: desde el obispo Muskens y el gobernador de la Real Academia Militar, el general Rozendaal, hasta miembros de la Embajada española y del Instituto Cervantes.

La cubierta de la versión holandesa del tercer volumen de la serie de las aventuras del capitán Alatriste es una imagen del cuadro de Velázquez reproducido a la inversa, como reflejado en un espejo. "Es la otra cara de la historia; lo que ha visto el escritor no es lo mismo que lo que vio el pintor", explicó el editor Wim Hazeu, responsable de las traducciones de otros cuatro libros de Pérez-Reverte: La tabla de Flandes, El Club Dumas, La piel del tambor y Territorio comanche.

El sol de Breda se sitúa en el Flandes del primer cuarto del siglo XVII y narra el asedio de la ciudad a través de Íñigo de Balboa, ayudante del capitán Alatriste, cuyas vivencias servirán a su amigo Velázquez, el pintor preferido de la corte de Felipe IV, para recrear el orgullo de los conquistadores en el cuadro de Las lanzas. El testigo no ahorra escenas sangrientas y la crueldad de una guerra que no queda plasmada en el lienzo de Velázquez.

Buen conocedor de los enfrentamientos bélicos, sobre los que informó como reportero durante más de una veintena de años, Pérez-Reverte pretendía con este capítulo de las aventuras del capitán Alatriste "contar la verdad que hay tras ese cuadro", que, más que ningún otro, simboliza el honor, la caballerosidad, la dignidad del soldado español. "Es una mentira, la guerra no es así; es crueldad, arrogancia y salvajismo, es ese paisaje de muerte y dolor que hay detrás de los orgullosos protagonistas de la obra de Velázquez", agregó.

A pesar de la fidelidad con la que Pérez-Reverte recrea los paisajes, el clima, la vegetación y el ambiente de los alrededores de la ciudad de Breda, ésta era la primera ocasión en la que el autor visitaba la región. "Ha sido una decisión premeditada, no quería que las imágenes que había ido dibujando durante mi investigación se desfiguraran por la arquitectura moderna", explicó.

El autor cartagenero pasó un año inmerso en mapas, memorias de los militares que lucharon en los tercios de Flandes y libros de historia que buscó en bibliotecas y anticuarios. "El resto, la sangre, el barro, la lluvia, la suciedad..., son conocimientos personales; todas las guerras son iguales". Las citas en holandés y otros detalles son la aportación de Jean Schalekamp, traductor y amigo personal de Pérez-Reverte, "el maldito hereje" al que dedicó la obra. Jean Schalekamp, afincado desde hace 40 años en Mallorca, asesoró al escritor en algunas cuestiones culturales.

El autor, que está dando los últimos retoques al nuevo capítulo de las aventuras de Alatriste, El oro del rey, que se desarrolla entre Sevilla y Cádiz, ha rechazado hasta ahora todas las ofertas que ha recibido para llevar la serie al cine y a la televisión. Próximamente se publicarán otros dos títulos que narran las andanzas de Alatriste ya de vuelta en España. El capitán cuya vida narra Pérez-Reverte a través de los ojos de Íñigo Balboa se ha convertido en una parte importante de su vida: "Tiene que ser un proyecto que realmente valga la pena; uno no cede sus amigos a cualquiera".

Recuperar un símbolo

Años después de que los españoles conquistaran Breda, en 1637, un holandés, Federico Enrique, recuperó de nuevo la ciudad. Sin embargo, las llaves nunca se encontraron. "Desaparecieron entre las tropas españolas", dijo el alcalde en funciones, Nicolas van Os. "Teníamos la ciudad, pero el símbolo del poder sobre ella nos faltaba".Pérez-Reverte le entregó ayer una magnífica llave de hierro del siglo XVII -muy semejante a la que pintó Velázquez- que encontró cuando merodeaba por los anticuarios en la búsqueda de documentación. "La reconocí inmediatamente", dijo el escritor.

"Imaginé el recorrido que había hecho durante todos estos años: de las manos de Ambrosio Spinoza, a las del rey; de las del rey, a un arcón de palacio..., y mucho tiempo después, seguramente en los años de la República, vendida a bajo precio en cualquier lado".

El autor compró la llave, "por la que me pidieron una fortuna", convencido de que había encontrado la "auténtica" llave.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de septiembre de 2000

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