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Vargas Llosa conmociona la Feria del Libro con los horrores de Trujillo

Había por lo menos 700 personas dentro y 100 fuera; unos seguían la presentación de La fiesta del Chivo en directo; los otros, a través de una pantalla gigante de vídeo. El periodista Pepe Eliaschev hacía preguntas cortas, y Mario Vargas Llosa iba respondiendo pulcramente, con su castellano perfecto, desgranando poco a poco todo el horror que contiene su novela, las abundantes tropelías que Leónidas Trujillo cometió en sus 31 años de mandato de hierro en la República Dominicana.La gente, un 70% de mujeres, muchas de ellas maduras, pero también jóvenes, estudiantes y señores muy elegantes, había hecho una hora y media de cola para entrar a la Sala Leopoldo Lugones, de la Feria del Libro, y seguía impresionada los relatos, aplaudía, levantaba ¡oooohs! de conmoción. "Escribir la novela fue muy difícil", dijo Vargas Llosa, "tenía una enorme inseguridad. Jamás en mi vida me encontré con un material tan fértil literariamente. Hasta el punto de que muchas de las cosas reales que tenía entre manos eran tan atroces, tan increíbles, que resultaba casi imposible verterlas a la ficción. Durante la escritura, pensé que, finalmente, sabía lo que es esa cosa tan difícil de definir y que llamamos el mal". Vargas Llosa fue contando algunas de las tremebundas historias que contiene su novela, pero la que más impresionó al auditorio fue la de cómo el hijo mayor de Trujillo, Ramfis, que fue coronel a los siete años de edad y general a los 11, obligó a un traidor a comerse a su hijo. "Primero lo metieron en la cárcel y lo asediaron por hambre, hasta que finalmente le dieron un guiso, que devoró completamente. Luego llegó Ramfis y le dijo que su execelencia estaba muy descontento con él: ¿cómo era posible que se hubiera comido a su hijo? El traidor no se lo creía, insultó a Ramfis, se indignó. Por fin, le trajeron la cabeza del muchacho, que había sido cortada del cuerpo. La impresión del padre fue tan grande que murió de un ataque al corazón en los brazos de su compañero de celda: él fue quien nos dejó el testimonio de lo que pasó".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de mayo de 2000