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Una técnica perseguida por la polémica

Algunos investigadores estadounidenses han eludido en los últimos meses su obligación de informar de resultados adversos de sus ensayos en terapia genética a los Institutos Nacionales de Salud (NIH).El escándalo más reciente, aireado esta semana, se ha producido porque unos investigadores de la Universidad de Tufts no notificaron el fallecimiento, el año pasado, de dos de sus pacientes que estaban siendo sometidos a este tipo de tratamiento (véase EL PAÍS de ayer). El ensayo ha sido suspendido por el organismo que regula estas pruebas.

Es una más de las múltiples faltas cometidas por algunos científicos estadounidenses a la hora de informar de sus investigaciones.

La directora de la Oficina de Política Científica de EE UU comunicó el miércoles pasado que en 1999 se produjeron 1.070 sucesos adversos en los ensayos, de los cuales sólo se notificaron 39 al NIH.

La falta de transparencia de algunos científicos está empañando el desarrollo de una prometedora vía terapéutica que obtuvo su primer resultado parcial en 1990, cuando científicos norteamericanos trataron a una niña burbuja de su deficiencia inmunológica.

Desde entonces hay constantemente nuevos avances, aunque ninguna de las pruebas ha dado aún resultados inequívocamente positivos. De momento, en el mundo hay tres ensayos en fase III, el último requisito para un medicamento antes de ser comercializado. Esta semana se comunicó un éxito preliminar en el tratamiento de dos pacientes afectados de hemofilia, una enfermedad genética.

En España, el primer ensayo se realizó en 1994, sobre glioblastoma multiforme, un cáncer de cerebro muy severo. En los últimos seis años se han logrado grandes avances en este área, según Marta Izquierdo, directora de aquella investigación. Izquierdo asegura que ahora "hay mucha mayor seguridad en los ensayos".

Sin embargo, todavía queda mucho por hacer. "Habrá que encontrar cuál es el vector [el vehículo utilizado para introducir los genes en las células] más idóneo en cada caso y determinar los efectos secundarios que se presenten, pero los beneficios pueden ser muchos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 4 de marzo de 2000