Esperanzas y miedos

En los últimos años, (...) los combates entre las guerrillas izquierdistas, las Fuerzas Armadas y los paramilitares derechistas se han extendido a lo largo del territorio colombiano. Sólo el año pasado se cobraron 3.500 vidas. Han obligado a cerca de un millón de personas a abandonar sus hogares y han socavado la confianza en una economía que hasta hace poco era una de las más florecientes de América Latina. (...) Desde su elección, el año pasado, el principal objetivo del presidente Andrés Pastrana ha sido lograr el inicio de las conversaciones de paz. Después de muchos retrasos y retrocesos, se supone que las FARC, el principal grupo guerrillero, iniciarán contactos formales con cinco representantes del Gobierno el 19 de julio. (. . .) Pastrana ha dado pasos arriesgados. Las conversaciones tendrán lugar en el actual territorio de hecho de las FARC y el Gobierno tiene que retirar sus tropas de un área del tamaño de Suiza. La agenda incluye 48 puntos, que van desde la reforma agraria a la política del petróleo, pasando por la deuda exterior. (...) Con retraso, Pastrana ha expulsado a varios oficiales veteranos acusados de connivencia con el terrorismo paramilitar. (...) Pero hace falta mucho más. El Gobierno debe demostrar a la guerrilla que es imposible que gane la guerra al Ejército. (...)También debe persuadir a las guerrillas de que, una vez desmovilizadas, podrán participar en la política democrática. (...) Incluso aunque esté preparada para lo peor, Colombia tiene el derecho de esperar que hablando se consigan más cosas que luchando., 17 de julio

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 18 de julio de 1999.

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