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CUMBRE DE LA UE / Dos nuevos líderes para Europa

La UE se volcará en el crecimiento y el empleo

Los Quince plantean rebajar los tipos de interés para estimular la reactivación económica

El espíritu de Jacques Delors resucitó ayer. Los quince líderes de la Unión Europea, reunidos en un encuentro informal en el sur de Austria, dieron ayer el espaldarazo a un nuevo sesgo para la política económica europea. Sin desandar el camino del rigor presupuestario y la convergencia para el euro, acordaron que ahora debe ponerse el acento en el crecimiento económico y la creación de empleo, para lo que se se planteó el objetivo de rebajar los tipos de interés. En la primera cumbre de mayoría socialista se estrenaron los nuevos líderes alemán, Gerhard Schröder, e italiano, Massimo D'Alema.

"Europa debe constituirse ante las crisis" tanto bélicas como económicas. Con este frontispicio, el canciller austriaco y presidente de turno, Víktor Klima, abrió la cumbre, tras el retraso que supuso el encuentro con Yásir Arafat. "Constituirse" ante crisis económicas significa, sobre todo, convertir a la unión monetaria en un verdadero poder económico, con una representación eficaz en el exterior (Fondo Monetario Internacional y Grupo de los Siete) y una mayor coordinación de las políticas económicas nacionales, a lo que sólo se había negado la Alemania de Helmut Kohl y de su ministro de Hacienda Theo Waigel. Así lo propuso el ponente de este asunto, el holandés Wim Kok.

Una representación eficaz del euro significa también, como cuestión previa, y ahí está el nudo del cambio, la articulación de una verdadera política económica, y no sólo monetaria, común. Por eso, la ausencia de impugnaciones -en el Consejo de ministros de Economía y Finanzas sólo se había opuesto a estas ideas la Alemania del canciller Helmut Kohl- equivale a la apertura de una nueva era, más integracionista, en la Unión. "Queremos más coordinación en política económica, financiera y social", se estrenó Schröder.

La intervención de Kok; junto con el potente protagonismo de los líderes socialistas como tal grupo; y con la primera presencia de Schröder y D"Alema, marcan oficialmente a nivel de Consejo Europeo el punto de ebullición de una revolución silenciosa, aunque de largo alcance, que comenzó con el acceso de los socialistas franceses al Gobierno, pero que ahora, desaparecidos Kohl y Waigel, se ha generalizado.

Cambio

Se trata de un cambio global en el énfasis de la política económica europea, desde la escueta y monolítica apelación al rigor presupuestario hacia un mayor impulso a las políticas de crecimiento económico y fomento del empleo. Algo que junta el hambre con las ganas de comer, pues la coyuntura de la UE renquea, aún dentro de la solidez, a causa de la crisis internacional. La fronda se fraguó al mediodía en la cumbre previa de los once líderes socialistas, con el francés Lionel Jospin de punta de lanza, al quedar en esto reforzado, ante Blair, por Schröder y D'Alema, constelación que además le ayuda a ensombrecer la figura del presidente Jacques Chirac. La resumió el presidente del PS europeo y próximo ministro alemán de Defensa, Rudolf Sharping: "Tras la unión monetaria debemos hacer más, colocar la lucha contra el paro como primera prioridad y la única manera de hacerlo es establecer una política económica orientada hacia el crecimiento económico y la estabilidad".

Eso no significa abjurar de la convergencia y el rigor presupuestario, sino combinar estos objetivos con los de una estrategia expansiva de la demanda. "No habrá cambios en el Pacto de estabilidad, los criterios están claros y no deseamos modificarlos", sentenció Sharping para los mercados.

Para el nuevo enfoque -que reedita la mezcla de liberalismo y suave keynesianismo del Libro blanco de Jacques Delors- hay otros instrumentos, como inversiones en infraestructuras (propugnadas por Francia e Italia) o una rebaja del tipo de interés del euro, que estimule la demanda. Esta es la fórmula más acariciada por el inminente Gobierno alemán: "Una acción común para conseguir tipos más bajos". Pero eso supone influenciar al Banco Central Europeo (BCE), celoso de su independencia, mediante "un diálogo" institucional con los Gobiernos.

Bajar los tipos

"El Bundesbank, como todos los bancos centrales, es independiente, pero el artículo 1 de su Estatuto le encarga el apoyo a la política económica del Gobierno", se defendió Scharping. Lo mismo sucede con el Tratado de Maastricht y la Unión Europea. Más rotundo aún estuvo el primer ministro socialista portugués Antonio Guterres: "Todos estamos de acuerdo en las condiciones para una bajada significativa de tipos de interés y en acompañarla de políticas activas a nivel comunitario en pro del crecimiento y el empleo", manifestó. Y llegó a sugerir un horizonte concreto para el tipo de interés del euro: un tipo del 2,75%, en vez del 3,3% que pretende el BCE.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de octubre de 1998