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46º FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN

Una vieja caja de resonancias para los ecos del cine español

Además de las dos películas españolas, Barrio y Frontera Sur, dirigidas respectivamente por Fernando León y Gerardo Herrero, que compiten en la sección oficial a concurso, hay en San Sebastián abundante cine de Pirineos abajo.Además de la parte que nos toca de dos coproducciones también en la sección oficial, hay quíntuple presencia española en la Zona Abierta: los cortometrajes Por un infante difunto, de Tinieblas González, El lanzador de martillo; de Pedro Mari Santos, y Pase negro, de Patxi Barco; y los largometrajes Pecata minuta, de Ramón Barea, y Yerma, de Pilar Távora.

Pero, además de esta propuesta de novedades, el festival lleva a cabo su recuento anual de lo que sus organizadores consideran lo más solvente de la producción española entre un septiembre y el siguiente. Su selección comprende este año 25 títulos, que dan base para hacerse una idea de por dónde va el conjunto de la producción española. Lo más vivo y representativo de esta producción está aquí, e incluso alguna película de este conjunto se ha salido de él y forma parte del cogollo de las sesiones de cine espectáculo que tendrán lugar en el velódromo de Anoeta. Es el caso de Tango, coproducción hispano argentina realizada por Carlos Saura.

Moda del optimismo

"Está de moda", afirma Diego Galán, "hablar con optimismo del cine español actual. Es verdad que las cosas han cambiado últimamente en los enfoques de muchas películas realizadas por gente nueva y en los gustos de los receptores que estas películas buscan, y en algunos casos encuentran masivamente. Lo respeto, pero comparto sólo a medias este optimismo".Es cierto", añade Galán, "que hay películas que aportan maneras nuevas de mirar, pero son pocas las que están hechas con solvencia. Y me preocupa, me parece incluso alarmante que mucha gente nueva haga cine de espaldas a la vida cotidiana de aquí. Y me alarma también que no funcionen como se merecen obras de la calidad de Sus ojos se cerraron y En la puta calle, porque no se atienen a esa moda o ésta las desplaza. No lo sé con exactitud, pero hay zonas de este optimismo cuyo sentido no veo claro".

"En una selección retrospectiva hemos recogido este año la apasionante vigencia que, después de décadas, mantiene la comedia neorrealista italiana de los años cincuenta, películas que nos permiten gozar ahora de uno de esos secretos callados de la historia del cine. Y aquellos cineastas italianos nos contaban cosas importantes mirando cara a cara a la calle, sin darle la espalda".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 17 de septiembre de 1998