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Clara Janés gana el Premio Nacional de Traducción por el conjunto de su obra

Antonio Melero, galardonado por verter al castellano a los sofistas

La poetisa, novelista, ensayista y traductora Clara Janés (Barcelona, 1940) ganó ayer el Premio Nacional de Traducción por el conjunto de su obra. El catedrático de la Universidad de Valencia Antonio Melero Bellido fue galardonado también por su traducción del griego al castellano de la obra de los sofistas (Sofistas. testimonios y fragmentos, Gredos). Ambos premios están dotados con 2,5 millones de pesetas. Clara Janés se mostró ayer muy sorprendida y a la vez ilusionada por la concesión de este premio, que no esperaba.

Janés aseguró que recibir un premio siempre ayuda: "Dadas las dificultades económicas por las que pasamos los traductores, que a veces te llevan a pensar que te has equivocado al haber elegido lo que estás haciendo, un galardón siempre levanta la moral".Clara Janés, que confiesa que a veces ha realizado traducciones por motivos puramente de subsistencia y que se ha negado a firmar, cuenta en su haber con traducciones al castellano del catalán, el francés, el inglés, el italiano, el checo, el persa y el turco. "En muchas ocasiones me he interesado por un idioma después de haber conocido la obra de un autor. Eso me pasó con la obra del checo Vladímir Holan y con varios autores turcos. En cambio, llegué al persa, idioma que he estudiado durante dos años, a través de la música. Me entusiasmé tanto oyendo música persa actual que pensé que debía de haber una poesía contemporánea magnífica y no paré hasta encontrar traducciones al francés, estudiar el idioma y traducir al castellano esa poesía", explica

A pesar de haber traducido por motivos económicos, Clara Janés asegura que si además de escribir se ha dedicado a la traducción, no es por motivos económicos, sino por su interés por ampliar horizontes. "Me enriquece personalmente conocer en su propio idioma obras de autores magníficos. Aunque se dice que en el fondo el traductor es un traidor, yo siempre he intentado ser fiel al autor". En traducciones del turco y el persa, Janés siempre busca, al Final de su trabajo, el, asesoramiento de alguien que domine perfectamente el idioma para garantizar que la traducción no traiciona al autor.

Clara Janés, que actualente traduce al castellano L'home atlantique, de Marguerite Duras, de quien ya ha traducido otras cuatro obras, asegura que a pesar el poder de convocatoria del cine y la televisión, la gente sigue siendo especialmente sensible a la poesía. "Yo voy a menudo a leer poesía a los institutos; siempre ha sido una experiencia estimulante y las preguntas de los alumnos han sido inteligentísimas. Estoy convencida de que a pesar de todo la gente no ha perdido la sensibilidad y reacciona y vibra con la buena poesía".

Entre las traduciones de Clara Janés destacan las de los autores checos Vladímir Holan y Jaroslav Seifert, las francesas Marguerite Duras y Natalie Serraut, y la obras de la catalana Mercé Rodoreda Viatges i flors y Semblava de seda.

Antonio Melero Bellido (Casarabonela, Málaga, 1945), catedrático de Filología Griega en la Universidad de Valencia, ha resultado ganador del premio a la mejor traducción por Sofistas. Testimonios y fragmentos, publicada por Gredos en su prestigiosa colección de clásicos.

En su libro, de cerca de 500 páginas, Melero recoge todo el corpus de los sofistas -lo que se conserva de sus escritos y de lo escrito en la antigüedad sobre ellos- con un estudio previo y abundantes notas explicativas.

El especialista señaló ayer a este diario que incluso ha podido aumentar el corpus al introducir en él varios fragmentos dispersos, como uno sobre los relativismos de Protágoras. "Tradicionalmente, los sofistas no han tenido buena prensa ni gran presencia", reflexionó Melero. "Se les ha visto como pensadores sospechosos, peligrosos. La misma palabra sofista ha adquirido un cariz descalificatorio, en el sentido de individuos capaces de dialogar con el único objetivo de vencer en un debate oratorio. Eso no es así, eso es lo que Platón, que no era un demócrata, dijo de ellos. Todo se debe a que ofrecían una mercancía muy peligrosa: una educación para que todos los ciudadanos, y no sólo los aristócratas, pudieran participar en la política". "Los sofistas", recuerda Melero, "no fueron recuperados hasta Hegel".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de noviembre de 1997