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El tesoro de Troya se expone en el Museo Pushkin tras permanecer oculto 50 años

El retorno de los botines culturales de guerra sigue enfrentando a Moscú y Bonn

El tesoro de la legendaria Troya, que fue descubierto por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann en el siglo pasado y que las autoridades soviéticas trasladaron a la URSS como "trofeo de guerra" al término de la II Guerra Mundial, puede ser contemplado por el público, por primera vez desde aquella contienda, en una exposición que se inaugura hoy en el Museo Pushkin de Moscú. El tesoro, una de las colecciones artísticas objeto de litigio entre Moscú y Bonn, ha estado oculto, durante más de cincuenta años, entre los fondos artísticos que Rusia considera como una compensación parcial por los daños sufridos por su propio patrimonio cultural durante la ocupación nazi.

El embajador de Alemania en Moscú, Ernst-Jorg von Studnitz, que asistió ayer a la conferencia de Prensa previa a la inauguración, dijo estar "descontento" con la preparación del evento, porque en su proceso no se había contado con la colaboración de las instituciones alemanas. El embajador, sin embargo, valoró positivamente que la colección fuera abierta al público.Los "difíciles problemas de la restitución de los valores culturales alemanes" sólo pueden resolverse en un espíritu de comprensión mutua, señala una nota de Prensa emitida por la representación diplomática de Bonn en Moscú. Según la nota, en 1994 Rusia y Alemania habían acordado celebrar conjuntamente la exposición Moscú, por otra parte, no ha tenido en cuenta la posibilidad que le brindaban las autoridades alemanas de utilizar los objetos de la colección de Schliemann que se guardan en Berlín señala la nota.

Alemania considera que el tratado de buena vecindad firmado por la URSS y la RFA en 1990 constituye una base legal para el retorno de los botines culturales de la guerra. Sin embargo, las autoridades rusas han ido endureciendo paulatinamente su posición a este respecto al tiempo que han abierto al público las colecciones cuya existencia era un secreto celosamente guardado hasta la desintegración de la URSS.

Ley de restitución

"El tesoro pertenece a todo el mundo y su destino se decidirá cuando se apruebe la ley de restitución", señaló ayer el ministro de cultura de Rusia, Evgueni Sídorov. El ministro, en el cargo desde 1992, excluyó la posibilidad de trasladar la colección al extranjero en tanto no se resuelvan los problemas legales de su propiedad. Anunció también que el ministerio está preparando un catálogo con la lista de más de 40.000 objetos artísticos que fueron destruidos o se perdieron en Rusia a causa de la II Guerra Mundial.En el momento de firmarse el tratado entre Alemania y la URSS existía un clima de "euforia" y no todos comprendieron cuál es la situación legal de los trofeos de guerra, señaló Sídorov. La ley de restitución de trofeos de guerra no ha sido debatida aún por el Parlamento ruso.

La muestra que exhibe el museo Puslikin recoge todos los 259 objetos de la colección tutelada por el museo desde 1945. Otros 414 objetos de bronce y cerámica están custodiados en en el museo del Ermitage en San Petersburgo. La exposición estará abierta durante un año y ocupa un total de 19 vitrinas.

Tanto los representantes culturales como la prensa rusa ha dedicado gran atención al periodo ruso de la biografía de Heinrich Schliemann (18221890), un personaje polifacético que residió desde 1846 en San Petersburgo y allí hizo una fortuna como representante de comercio, beneficiándose especialmente de la guerra de Crimea. Tras disolver su empresa en 1863 y abandonar a su esposa rusa y a sus tres hijos, Scliliemann se dedicó a la arqueología y, en la primavera de 1873, descubrió las ruinas consideradas como los restos de la antigua Troya en Hissarlik, en la costa noroccidental de Turquia. El arquéologo encontró un conjunto de casi 9.000 objetos de diversos metales, incluidos metales preciosos, que bautizó como "el tesoro de Priamo", suponiendo que el hallazgo era la Troya descrita por Homero en La Iliada. Schliemann, que había intentado inútilmente vender su colección a varios museos de Europa, entre ellos el Louvre y el Museo Británico, acabó regalándosela a la ciudad de Berlín y a cambio fue reconocido como miembro honorario de la Sociedad de Antropología de Alemania.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de abril de 1996