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LA SOMBRA DE LOS PIONEROS DEL CINE

Estrella en blanco y negro

Los pocos actores españoles vivos de los inicios del séptimo viven tan olvidados como sus filmes

A su manera, siguen siendo un poco divos. Conchita Montenegro dejó el cine en 1940 para casarse con un diplomático y desde entonces se ha negado a reaparecer en público. "¿Quién se puede acordar de mí?", se pregunta la actriz. A los 95 años, José Crespo tampoco tiene ganas de hablar, aunque conserve toda la elegancia que le dió fama en Hollywood. Y sólo un puñado de amigos acudió al entierro de La Romerito el pasado diciembre. Los pocos actores que quedan vivos de los inicios del cine español viven en el olvido; algunos ni siquiera aparecen en las enciclopedias. Solo un 10% del cine mudo que se realizó en España se conserva.

Los inicios del cine español son, en gran medida, una incógnita pese los esfuerzos de las filmotecas por recuperar el pasado. El primer tomo catalogado por los historiadores corresponde a los años veinte. Películas Míticas realizadas entonces, como La verbena de la Paloma, Doloretes, Rosario la cortijera o La reina mora, se han perdido. De entonces se, conservan algunos clásicos, como La casa de la Troya y Carceleras.Todo el cine que se hizo anteriormente está sin investigar. En la actualidad se trabaja en las películas que se hicieron en los años cuarenta, cincuenta y sesenta. Los datos de la Filmoteca Española son demoledores. "La mayor parte del cine mudo se perdió por la desidia de los productores", aseguró uno de los emplea dos al referirse a las dos grandes oleadas de destrucción del cine español. Entre los años 1806 y", 1918 se realizaron 650 títulos en tre cortos y largometrajes de ficción. Del trabajo realizado en esos 22 años se conservan 48 títulos completos y 34 fragmentados. Los datos de los años posteriores no son más halagüeños. Entre 1919 y 1928 se rodaron 315 títulos, de los que se consevan 54 completos y 34 fragmentados. 'El olvido de sus películas es el mismo en el que han caído sus protagonistas. En su barrio muy pocos saben quiénes son. Sólo los porteros de las fincas donde viven, algún cinéfilo empedernido y los empleados de las filinotecas los recuerdan. El caso de Conchita Montenegro (San Sebastián, 1911) es una excepción. Su anonimato es voluntario. La actriz, que compartió car telera con Buster Keaton, vive en Madrid desde que se quedó viuda, hace 23 años. Nunca ha querido reapareren público o conceder entrevistas. "Hace muchos años que dejé atrás mi pasado", repite incansable. Apenas sale a la calle si no es para pasear o para encargar fruta en un comer cio próximo a su., vivienda. No ha tenido hijos y sus familiares más próximos son su hermana y unos sobrinos.

No quiere acordarse de cuando rodó en Francia, allá por 1928, La mujer y el pelele, de Jacques de` Baroncelli. Aquella interpretación le valió un contrato de la Metro-Goldwyn-Mayer para ir a Hollywwod y protagonizar versiones habladas en castellano de películas norteamericanas. Fue una de las pocas actrices que intervino también en versiones originales. Su debú en los estudios de la Metro no pudo ser más glorioso. Ganó sin dificultad el papel para Nunca las almas gemelas se encuentran. Con ella se presentó, pero sin fortuna, un joven actor del que todos dijeron que tenía las orejas demasiado salientes: Clark Gable.

"Cuando llegué a Hollywood es como si acabara de salir del' cascarón. Todo me parecía novísimo. Recuerdo que una noche llamaron al timbre de mi apartamento y allí estaba Charles Chaplin, que venía con Edgard Neville para invitarme a cenar". Fue una etapa plagada de glamour, de sesiones fotográficas, de clases diarias de inglés y de mucha natación. "Los de la Metro le guiaban a uno la vida.", asegura Montenegro. De aquella época recuerda especialmente cuando conoció a Greta Garbo. "Era una mujer sencillísima y muy naturall".

En los años treinta volvió a Francia y luego a Italia para rodar nuevas películas, pero el día que conocio a su marido, un diplomático español, decidió dejarlo todo. "A él no le apetecía que siguiera en el cine", dice. "Yo dude entre el sí y el no, pero nunca me he arrepentido de aquella decisión". Montenegro no entiende muy bien a los compañeros que todavía siguen en la brecha. "Es triste verlos envejecer y engordar. Supongo que muchos lo hacen por no olvidar la etapa en la que fueron mimados por el público".

Las grandes perdedoras de los años veinte son La Romerito (Elisa Ruiz Romero), con más de treinta películas en su haber, y Carmen Viance. Fueron las más famosas de la época, pero álgunas enciclopedias del cine ni las citan. En esa época, los, actores cobraban muy poco. Carmen Viance compatibilizaba su empleo en las Cortes como taquígrafa (sacó la plaza por oposición) con su trabajo en el cine. Nunca dejó su empleo de taquígrafa. No es el caso de La Romerito, quien vivía de su pensión en un piso próximo a la calle del Almirante de Madrid. Compartía la. vivienda con su hermana menor, Aurora, también, actriz. En los últimos años, La Romerito apenas salia. El director de fotografía José F. Aguayo, que la conoció tras la guerra civil durante el roda e de Morena Clara, de Florián Rey, asegura que "a las mujeres cuando se hacen mayores no les gustan que las retraten y yo lo entiendo".

Tampoco ha existido para algunas de las enciclopedias del cine José Crespo, otro de los cerca de. cien actores españoles que fueron fichados por la Metro Goldwyn-Mayer para, realizar las dobles versiones de las películas. El actor, que ha cumplido los 94 años, vive solo en Murcia. La persona que le cuida aseguró telefónicamente que "ve poco, oye mal y hace Una vida totalmente sedentaria". Su casa está decorada con fotos de la mejor época de su vida. El galán luce ahora gafas gruesas y un sonotone. A veces, cuando su cuidadora le tiene que. ayudar a moverse para dar un paseo, se le escucha decir con tristeza: "Con lo que yo he sido".

Imperio Argentina y Concha Piquer saltaron a la fama al final de la década de los veinte. Imperio empezó en el mudo, pero la mayor parte de su carrera la desarrolló en el sonoro. Vive en Benalmádena y sigue trabajando. Es el mismo caso de Aurora Redondo. La actriz, de 96 años, empezó su carrera con Mancha que limpia, rodada en 1924, y todavía sigue en activo, Por primera vez en mucho tiempo, el inició del año no la ha pillado, como a ella le gusta, subida a un escenario. Un fuerte catarro tuvo la culpa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de enero de 1996

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