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Entrevista:

"Planeta hace catalanismo en castellano"

José Manuel Lara (1946) es el hijo mayor del fundador de Editorial Planeta. Hace un par de meses, un accidente de coche acabó con la vida de su hermano Fernando. Esa muerte le ha dejado solo en la cúpula de la editorial y solo ante el futuro.

Pregunta. ¿Cómo ha cambiado su vida?Respuesta. Ha habido que hacer un esfuerzo, claro. Con Fernando teníamos dividido el trabajo atendiendo a dos áreas. El Este y el Oeste, podríamos decir. Esa división era posible por las circunstancias familiares que nos unían. Ya nadie podría ocuparse del lado que yo desatendiera. Así que ahora yo me ocupo de todo el Norte y delego mucho el Sur.

P. Me refería al impacto de la muerte de su hermano en términos más íntimos.

R. Mi hermano era para mí como un frontón donde impactaban las decisiones estratégicas. Un frontón utilísimo de consulta, de evaluación. Eso se acabó y ahora estoy más solo.

P. Usted llegó a Planeta porque su padre hubo de afrontar una depresión. Ahora debe ocuparse del conjunto de la empresa porque su hermano ha muerto.

R. Sí, es verdad. Pero las circunstancias son diferentes. Lo de mi padre sucedió en 1969: yo tenía 23 años. Y quería ser urbanista. Recuerdo que me llevaba mucho trabajo a casa: tuve que aprender muy rápidamente.

P. La literatura necrológica escrita sobre su hermano apuntaba que él era el intelectual y que usted se ocupaba de asuntos algo más rudos, cuadrar balances y todo eso.

R. No, la verdad es que años antes yo me había ocupado del área de librerías, del contacto con los autores, como mi hermano se ocupó luego. Él era más introvertido que yo y más partidario que yo de la literatura que podríamos llamar informativa. Para entendernos: él era más lector de Temas de Hoy y yo lo soy más de Seix Barral.

P. Durante los actos del último Planeta su padre presentaba una apariencia muy gastada.

R. Mi padre está bien. El problema es que tiene dificultades para moverse. Pero es un gran luchador y combate contra eso; la gente ve la lucha y, claro, en algún momento puede parecer una lucha patética. Pero tiene la cabeza.clara. Por lo demás, todo el mundo sabe en la casa y en la ciudad que cuando mi padre caiga, caerá en medio de un premio.

P. ¿Decide?

R. Sanciona. Sanciona todo lo importante. Siempre ha sido igual. Mi padre siempre ha preferido equivocarse que contrariar la opinión de sus colaboradores.

P. Estará usted al corriente de la literatura que examina las relaciones entre padres e hijos...

R. Me interesa ese asunto. Yo estoy devorado por la admiración hacia mi padre y sería estúpido negarlo. Le obedezco porque es mi padre, porque es mi jefe, pero sobre todo porque lo admiro. En las empresas donde hay un padre y hay un hijo nada es posible sin admiración.

P. Usted preside el Instituto de la Empresa Familiar. También hay mucha literatura, y muy crepuscular, sobre esas empresas y su capacidad para resistir los embates generacionales.

R. A veces doy conferencias convocadas por el instituto y hablo sobre eso. La empresa ha pasado por tres etapas. Hasta los cincuenta la creencia era que el ojo del amo engordaba al caballo. No eran posibles las empresas sin dueño. Hasta los ochenta se aplicó el criterio contrario: cuanto más lejos de la gestión estuviera el accionista mucho mejor para todos. Hoy hemos vuelto en parte al punto de partida. Para gestionar bien, probablemente no sea necesario ser el dueño. Pero no hay duda de que uno ha de sentirse el dueño. Por eso, aquí hay un planeta central y multitud de satélites que desarrollan cada uno su propia estrategia y defienden con uñas y dientes sus posiciones dentro del grupo. Para que esa estructura tan atomizada funcione sólo es precisa una condición: que entre los diferentes responsables y la cúpula haya absoluta confianza.

P. ¿Por eso ya no está en la editorial Rafael Borrás, el anterior director literario?

R. No era el hombre para este momento: lo sabía él y lo sabíamos nosotros. Pero las relaciones personales siguen intactas.

P. ¿Ha pensado que la compra constante de editoriales comporta el riesgo de que el grupo acabe haciéndose antipático?

R. Sí, deberemos explicar mejor nuestras compras para evitar esa antipatía que desata la su puesta voracidad. Ahí está lo de Tusquets. Hemos comprado la mitad de las acciones. Va a ser bueno para los dos confío en que el tiempo acabará demos trándolo. Y confío en que los dos socios trabajen para divulgar la buena filosofía del asunto. No vamos a hacer de Tusquets, sino que vamos a garantizar la riqueza y la diversidad de Tusquets. De hecho, mis ideas no coinciden siempre con la dirección de las editoriales en las que participamos. Por ejemplo, creo que el catálogo de Seix Barral se ha desamericanizado en exceso. O creo que la política que lleva Destino con el Premio Nadal es una política errónea: desde que compramos parte del accionariado, los responsables de Destino, por aquello del qué dirán, supongo, decidieron alejar todavía más su premio del Planeta. Bien, me parece que están equivocándose y creo que la lealtad consiste en respetar su decisión, pero haciéndoselo saber.

P. La lengua y la cultura son señas de identidad para el catalanismo. Usted es el hijo de un hombre que de alguna manera ha representado a la burguesía establecida con Franco. Y está al mando del principal grupo editor en lengua castellana del mundo. Todo eso debe de dar, a ratos, una mezcla incómoda.

R. Por lo que a mí respecta, soy también el hijo de mi madre, que lleva un montón de apellidos catalanes detrás. Bien: tengo un sentido muy poco excluyente de lo que es ser catalán. Que creo que es el mismo del presidente Pujol, o al menos del Pujol que una vez me dijo: "Mire, Lara, a mí me interesa que usted haga enciclopedias, aunque sea en castellano. Porque una enciclopedia en castellano, hecha en Cataluña, siempre pondrá que fue Narcís Monturiol, y no Isaac Peral, el inventor del submarino". Pienso lo mismo: nosotros, el catalanismo lo hacemos, sobre todo, en castellano.

P. Sobre el debate lingüístico, cíclicamente presente en Cataluña y en España, ¿tiene alguna opinión confesable?

R. El auténtico debate no se hizo cuando debía hacerse, y no se hizo por las circunstancias que fuesen, la transición y todo eso, y ahora me temo que la única política que puede ya hacerse es la que se lleva a cabo. Nadie nos explicó con claridad cuál era el precio que teníamos que pagar por esta política. Nadie nos previno sobre la práctica expulsión del estudiante latinoamericano de las universidades barcelonesas, especialmente de la Facultad de Medicina. Hemos dado por buenas muchas supuestas verdades muy discutibles. Eso de la lengua materna, por ejemplo... Yo..., lengua materna, tengo dos y hay muchos como yo.

P. ¿Qué opina en concreto sobre la propuesta del Partido Popular para que los padres de los escolares puedan elegir la lengua de enseñanza?

R. Ese debate, comparado con el que debería hacerse, me parece pequeño, casi enano. Algo hay que reconocer a Pujol y es que su política lingüística ha causado muchos menos problemas de los que ha originado en Bélgica, donde el problema se ha vivido de manera mucho más virulenta. En cuanto a la propuesta del PP, no sé; eso es por ejemplo lo que hacen en la escuela Aula y funciona, pero Aula es una escuela de élite, donde se paga mucho. Yo no sé si un sistema así funcionaría en toda Barcelona y mucho menos si funcionaría en toda Cataluña.

P. ¿El giro catalanista del PP le inspira confianza?

R. Poca, la verdad. Han intentado arreglar las cosas con el fichaje de Trias de Bes, pero eso no basta: el PP todavía no convence en Cataluña. Hay un abismo de sensibilidad catalanista entre el PP y Convergència. Falta tiempo. Hasta que del interior del partido no emerja una conciencia clara que obligue a la dirección a cambiar su postura, a contribuir a ese asunto tan difícil de explicar en España, qué es Cataluña, pues, en fin, hasta que eso no pase es difícil que el PP se transforme. Pero es también cierto que no hay nada que produzca mayor sensibilidad que la necesidad de tener la y es probable, que eso le pase pronto al PP.

P. Tendrá usted alguna hipótesis para explicar la corrupción política y empresarial española de los últimos años.

R. La falta de trato con el poder. Cuando se ha ejercido el poder durante algún tiempo se acaba aprendiendo que no conviene llevarse el poder a casa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de octubre de 1995

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