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BIOLOGIA

Champú genético contra la calvicie

Hasta hace poco, los remedios contra la calvicie llevaban la etiqueta elixir mágico y una garantía que duraba sólo hasta que el vendedor conseguía salir del pueblo. Incluso los tratamientos modernos sólo producen un crecimiento de pelo significativo en un pequeño porcentaje de calvos y deben bien poco a la ciencia. "No ha habido ningún planteamiento racional para entender la calvicie", dice Stuart Yuspa, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos. Los científicos no saben muy bien qué hace que salga pelo y qué hace que se caiga. Pero dos avances recientes en el estudio de la calvicie pueden ser el anuncio de ungüentos milagrosos que funcionen de verdad.

Robert Hoffman y Lingria Li, de la empresa Anticancer Incorporated de San Diego (EE UU), han encontrado un método para introducir genes en los folículos pilosos mediante una crema que puede aplicarse sobre la piel. Hasta ahora, como han publicado en la revista Nature Medicine (julio, 1995), el champú genético ha tenido un resultado esperanzador: ha coloreado el pelo de unos ratones desde la raíz.

Esto puede ser sólo el principio. "Pensamos que este sistema de introducción abre la posibilidad de la terapia genética a todo el campo de la pérdida de cabello", afirma. En otro, avance, Yuspa ha empezado a acercarse al escurridizo factor del crecimiento de pelo, la señal bioquímica que ordena a las células cutáneas normales que formen folículos pilosos y crezca pelo. Una vez aislado, este factor podría ser el primer paso hacia la reactivación de los folículos pilosos de los calvos.

Hallazgo en dos fases

Interesados en ayudar a pacientes de cáncer a los que la quimioterapia hace perder el cabello, Hoffman y sus colegas desarrollaron hace unos años un sistema de laboratorio para producir células humanas de cuero cabelludo sobre esponjas empapadas en geles nutritivos. Si se trasplantan folículos enteros a las esponjas, les crece pelo. El hallazgo de Hoffman y Li se produjo en dos fases. En la primera, cargaron de melanina (un pigmento cutáneo), partículas microscópicas de grasa denominadas liposomas. Estos liposomas depositaron con exactitud y eficacia su carga en los folículos polosos trasplantados a esponjas y oscurecieron los cabellos que crecían en ellas. Más adelante, trabajando ya con ratones, se logró que la melanina les tiñera el pelo de negro -antes era blanco- desde la raíz, efecto que duró varias semanas.Todavía quedan muchas preguntas sin responder acerca de la nueva técnica. Por ejemplo, dice Dan Yarosh, de Applied Genetics (Nueva York), los liposomas que usaron Hoffman y Li no resultan favorables para las moléculas de ADN y tuvieron que utilizar una gran cantidad para hacer que los genes se expresaran. Además, agrega, se expresaron muy poco tiempo en las células receptoras, lo que significa que cualquier tratamiento genético podría tener que repetirse una vez a la semana o más.

Hoffman reconoce que queda trabajo por hacer hasta diseñar liposomas óptimos, pero predice que se salvarán estas dificultades y que en cinco años se harán pruebas en seres humanos de tratamientos genéticos contra la calvicie.

Pero tratar la calvicie será más difícil que colorear el cabello. Todavía se desconocen los genes que hacen que el pelo crezca. Ahí es donde entran en juego los factores del crecimiento de pelo. El trabajo de Yuspa avanza en este camino. Se basa en décadas de investigación que demuestran que un cierto grupo de células, las papilares, situadas en la parte profunda de la piel, ordenan a otras células cutáneas que formen folículos pilosos y que crezca pelo. Yuspa y su colega Ulrike Lichti demostraron que mezclando células papilares con cutáneas normales en un injerto de piel podían hacer crecer pelo en ratones que no lo tenían.

Ahora, Yuspa y Lichti han dado un paso más en la identificación del factor que exudan las células papilares para hacer que los folículos pilosos produzcan pelo al lograr que las células se reproduzcan en un cultivo. Tomaron 19 células papilares distintas y las usaron como semillas de 19 linajes. Luego comprobaron en el cultivo la capacidad de cada linaje para estimular el crecimiento a partir de folículos. Resultado: algunos eran mejores que otros para hacer crecer el pelo. Encontrar la señal que propicia el crecimiento puede muy bien llevar a los investigadores a un gen o genes específicos, que podrían combinarse con los liposomas usados por Hoffman para obtener una pomada utilizable en el tratamiento de las calvicies.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 13 de septiembre de 1995

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